2_1_Focus_SantangeloPara calificar el tiempo presente, se recurre al término globalización, que indica un proceso intrínsecamente complejo y para nada fácil de examinar; en particular, por el acelerado dinamismo de estas cuestiones y por la urgencia de los cambios que plantean coloca a los diversos niveles de la vida del hombre en sociedad con el “riesgo (…) que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano”1.

El debate interdisciplinario sobre el tema de la globalización ha sido en los últimos decenios muy vivaz; la literatura sobre el tema ha llegado a dimensiones considerables; han sido múltiples los estudios que han dado origen a diversas aproximaciones científicas al fenómeno en cuestión, a cada uno de los cuales también corresponde una diversa concepción y configuración2. Entre estos, por la seriedad de la competencia científica y por la riqueza del análisis que han encontrado nuevos caminos hacia los cuales guiar la comprensión y la valoración de aspectos relevantes del vivir humano, se señala la obra del economista de la India, Amartya Kumar Sen; sobre su contribución quisiéramos detenernos con este artículo. En particular, son dos los elementos sobre los que queremos concentrarnos:

a) presentar el pensamiento del autor y su concepción de globalización (no entraremos en el análisis de las capabilities/capacidades y functionings/funcionamientos a los cuales es intrínsecamente ligado el nombre de Sen);

b) nos preguntaremos si es posible, y sobre todo en qué modo, rastrear convergencias y divergencias entre la concepción seniana y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI): más que hacer un rodeo, confrontando el catálogo entero de los documentos de la DSI y la producción bibliográfica de Sen, utilizaremos dos oportunas llaves interpretativas, una de naturaleza general (una síntesis de la concepción de globalización en los escritos del autor y del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia), y la segunda de naturaleza específica y pertinente, en particular del contexto actual de globalización (un texto seniano y la Encíclica Caritas in veritate, de Benedicto XVI).

En el trasfondo de la presentación articulada, quisiéramos que quede clara la pertinencia teológica-moral de la interrogación legítima sobre la globalización: una interrogación que la teología moral y la DSI rellenan de contenido ético, releyendo, interpretando y orientando desde su interior, con los instrumentos y las categorías hermenéuticas propias, y los datos ofrecidos por las ciencias sociales3.

1. Amartya K. Sen: un economista ético

2_2_reconocimientos

¿Quién es Amartya K. Sen?4 A. K. Sen nació en la India (el nombre Amartya en hindú significa “aquel que es imposible de matar”), en 1933 en Santiniketan (conocida también como “casa de la paz”), en el oeste de Bengala. No solo se mantiene orgulloso de ser ciudadano de la India, sino también ha absorbido el método pragmático de análisis de los problemas y de las matrices culturales. Se formó en la escuela de Tagore (Premio Nobel de la Poesía en 1913), y se licenció en Economía en Cambridge (Gran Bretaña). Del contexto anglófono, desarrolló el rigor analítico que ha implementado en el camino que lo condujo a través de algunas de las más famosas universidades del mundo (también desde este punto de vista, su contribución se sitúa bien en el contexto de la globalización): desde la London School of Economics a la Delhi University, de Oxford a Berkeley, de Standford a la Cornell University, del M.I.T. de Cambridge (USA) a Harvard (donde ha vuelto a enseñar Economía y Filosofía después de haber sido rector en el Trinity College de Cambridge). Entre los reconocimientos y premios internacionales recibidos, cabe señalar el Premio Nobel de Economía en 1998, en la que su motivación, de interés para la presente, se hace notar en la ayuda que Sen ha ofrecido para explicar con una relevancia ética los mecanismos económicos subyacentes al tema del hambre, la desigualdad y la pobreza5, agregando a estas razones el hecho de que el Prof. Sen «ha restaurado una dimensión ética en la discusión vital de problemas económicos»6.

Un economista ético, donde la unión de los dos términos economista y ético entendidos (a menudo de manera extrínseca) se presta bien al ser encuadrada en su pensamiento, que sabe comprender más allá de la economía, la filosofía, la política y la ética7. Sin lugar a duda es difícil sintetizar la extensa producción científica de Sen para hacerla recorrer un mismo hilo conductor; creemos que se puede individualizar a nivel de contenidos como metodológico: De un lado, el interés por los temas del “bien estar”, del desarrollo, de la desigualdad y de la pobreza, constituyen el hilo ideal que liga las diversas contribuciones de Sen, en las cuales no deja de sostener la necesidad que los mecanismos del libre mercado sean analizados conjuntamente con los problemas éticos de la justicia distributiva. A nivel formal, aquello que nos parece que emerge con claridad en la lectura de la obra seniana (donde se encuentran entre ello, planos de análisis, llaves de lectura, instrumentos y lenguajes diversos y complementarios entre ellos; incluso es frecuente el recurso a pensadores del pasado como Aristóteles, Confucio, Adam Smith, J. S. Mill y el mismo Santo Tomás de Aquino), es también la comparación con otros pensadores y la inclusión de su pensamiento, y esto, según quien escribe, lo vuelve interesante y actual, precisamente en el estudio de los problemas globales: Sen no es creyente, se pone entonces en una óptica extra-religiosa y aconfesional, pero al mismo tiempo abierto al debate con el mundo religioso8. Con respecto a esto, creemos que quizá su concreta atención al hombre, considerado en su intrínseca y compleja identidad, además de su substancial diversidad (para características personales y circunstancias externas), puede consentir la individualización del hilo conductor que podría se explicitado y puesto en debate en la dimensión ética fundamental, con la cual se retoma a los principales valores de la libertad individual y de la justicia global, en el respeto de la pluralidad de las identidades culturales de cada uno o cualquier grupo social al cual se pertenece9.

Esta caracterización de la contribución seniana, emerge y puede aplicarse bien al alcance de la investigación realizada por el autor al tema de la globalización, del cual vamos a tratar de mostrar su aproximación original y su personal mérito científico.

2. La globalización según el autor

2_3_globalizaciona. Nivel general

Desde un análisis cruzado de los textos del autor se comprende claramente que hablar de globalización es, en otros términos, estudiar la cuestión del desarrollo y de la conexión con el subdesarrollo, tema que le importaba mucho a Sen: esta cuestión del desarrollo necesariamente “global” para las relaciones poliédricas envueltas en ella misma, de tipo económico, político, institucional, social y ético, limitadas no solo al contexto geográfico de pertenencia, sino extendidas a nivel mundial. Aquí se da una aproximación integrada en el estudio de los fenómenos sociales estudiados donde se puede captar la pluralidad y la interrelación entre los diversos niveles y aspectos analíticos y propositivos. En este sentido, ejemplar y característica de la concepción seniana, es la convicción de que la economía global tendría mucho que ganar si prestase más atención a los temas de carácter ético, así como la ética progresaría como una disciplina si considerase mayormente los presupuestos económicos que están a la base de las decisiones humanas.

Al hablar de globalización, entendida como una creciente integración e interdependencia, el autor nos ofrece una valoración positiva, en cuanto a la oportunidad de desarrollo, “porque favorece un movimiento mayor de bienes y de personas, de tecnología y de conocimiento”10, precisando que aquello que se necesita es “una visión más nítida de la globalización que no es un mal absoluto ni un ideal sin riesgos”11. De buen economista, la globalización para Sen, para que sea parte de una aproximación coherente a las cuestiones del desarrollo global, debe afrontar y clarificar en qué medida las empresas y los negocios deben ser guiados por la búsqueda de utilidades y desde un fuerte crecimiento económico, teniendo en cuenta la redistribución de los beneficios y la equidad; de la redistribución al interior de una nación, de una economía, y de la redistribución entre las naciones y del alcance que debe tener esta.

b. Nivel específico

El volumen Globalización y libertad12 es un recuento de ensayos e intervenciones sobre la globalización que Amartya Sen ha escrito y difundido por el mundo entre 1995 y 2001, conteniendo en sí temas de evidente espesor ético, como la libertad, identidad, justicia social, valores, derechos humanos. En modo particular, los primeros dos capítulos son dedicados a los aspectos éticos substanciales de la globalización13, mientras que en los sucesivos se tratan aspectos más específicos, dedicados al estudio de la relación entre desarrollo global y libertad.

2_4_cita1La globalización puede ser definida de muchas maneras. No parece que el autor la defina explícitamente y, consecuentemente, en el texto utiliza diversos términos para referirse a ella14: en cada caso, es un proceso constituido por la amplificación de los contactos, especialmente culturales y económicos, que derivan del imponente aumento del flujo de información. En particular, el autor evidencia que la «globalización en sí no es un hecho nuevo y no puede ser reducida a una occidentalización»15, además, “la globalización no es una locura”16, o un fenómeno solo negativo, al contrario, es un fenómeno racional muy complejo, con múltiples aspectos, algunos positivos, otros negativos. “El tema central, directamente o indirectamente, es la desigualdad”17, las desigualdades inter/intra-nacionales de riqueza, las notables asimetrías del poder político, social y económico, y por lo tanto la división de los potenciales beneficios de la globalización entre países ricos y pobres, y entre los diversos grupos al interior de un mismo país. Al respecto, son llamadas las instituciones políticas, económicas, sociales y jurídicas para facilitar el justo y equo uso de los recursos: esto podría necesitar una profunda reforma institucional para asumir la defensa de la globalización; se garantizaría así el deseado desarrollo humano a través de la ampliación de las diversas libertades humanas implicadas: económicas, políticas, sociales, culturales.

3. La globalización en la DSI

a. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia18

Releemos, interrogando la contribución seniana sobre la globalización, a través de una comprensión ético-teológica del mismo que se avala en un primer nivel del documento magisterial que presenta las «líneas fundamentales del “corpus” doctrinal de la enseñanza social católica»19, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), cuyo sentido último es de “reproponer la entera Doctrina Social de la Iglesia como ‘corpus’, como anuncio unitariamente articulado —o articuladamente unitario— valorizándose el contenido de verdad iluminante en la práctica social y política»20.

Refiriéndonos a aquella parte del CDSI en la cual se recorre explícitamente el término “globalización”21, se verifica que este se encuentra utilizado de manera profunda en los sectores “de las finanzas, de la economía, del comercio y del trabajo”22. Entendida la globalización como un desafío (n. 16), se inicia a hablar de ella en modo más explicito en el capítulo dedicado al “trabajo humano”, en las sesiones cuarta (nn. 299-300), sexta (nn. 308-309) y séptima (nn. 310, 312, 314, 321, 322)23. Se trata de la misma manera de la globalización en el capítulo dedicado a la vida económica, otorgándole de forma explícita un párrafo, pero retomando aspectos de la cuestión en toda la sesión quinta, dedicada a las res novae in economia (nn. 361-376).

En el párrafo titulado “La globalización: las oportunidades y los riesgos”24 inicia el mismo con una explicación general del fenómeno, se prospectan “nuevas esperanzas, pero (…) también grandes interrogantes”25, y al final de “asegurar una globalización (…) sin dejar a nadie al margen”26 se retoman: a) “los criterios éticos que deberían orientar las relaciones económicas internacionales: la persecución del bien común y el destino universal de los bienes; la equidad en las relaciones comerciales; la atención a los derechos y a las necesidades de los más pobres en las políticas comerciales y de cooperación internacional”27; b) el deber de cuidar “todos los derechos fundamentales”28. Tal tarea a cargo de toda una comunidad global necesitará una oportuna “revisión de las organizaciones internacionales”29 y la invitación a los “estudiosos de la ciencia económica, los trabajadores del sector y los responsables políticos”30 a repensar la economía porque “las legítimas exigencias de la eficiencia económica deben armonizarse mejor con las de la participación política y de la justicia social”31.

b. La encíclica Caritas in veritate de Benedicto XVI32

2_5_pabloVI-1De todo lo que hemos visto hasta ahora, podríamos afirmar sin dudas que la concepción de globalización surgida desde la presentación del pensamiento del Prof. Amartya Sen es, al menos implícitamente, convergente con el análisis ofrecido por el CDSI. Sin agotar la riqueza de la contribución, más allá de aquello que podría ofrecerse en mérito a las posibles diferencias y similitudes entre la posición seniana y aquella de la DSI, hemos tratado en esta última parte de nuestro trabajo de evidenciar mayormente las líneas éticas mínimas de convergencia y divergencia entre las dos aproximaciones. En este sentido, después de una rigurosa verificación, nos ha parecido que el último documento pontificio de doctrina social, la encíclica Caritas in veritate, puede bien constituir para la actual “sociedad en vías de globalización”33 un oportuno encuentro de debate y juicio del pensamiento seniano34.

En lo específico, en comparación a Sen (solicitado también por la feliz comunión del tema objeto de la encíclica, el desarrollo humano integral), quisiéramos mostrar dos referencias densas de significado que revelan la estrecha relación y convergencia entre las dos propuestas, antes de evidenciar al menos un límite importante que caracteriza la concepción seniana, releída a la luz de la DSI.

Aquí las dos llamadas de la Caritas in veritate:

a) Refiriéndose a la libertad necesaria para conseguir el desarrollo, en el n. 17 se lee:

“La vocación es una llamada que requiere una respuesta libre y responsable. El desarrollo humano integral supone la libertad responsable de la persona y los pueblos: ninguna estructura puede garantizar dicho desarrollo desde fuera y por encima de la responsabilidad humana”.

Enseguida agrega “(…) los pueblos hambrientos interpelan hoy, con acento dramático, a los pueblos opulentos”35, y continúa en el n. 17:

“También esto es vocación, en cuanto llamada de hombres libres a hombres libres para asumir una responsabilidad común. Pablo VI percibía netamente la importancia de las estructuras económicas y de las instituciones, pero se daba cuenta con igual claridad de que la naturaleza de estas era ser instrumentos de la libertad humana. Solo si es libre, el desarrollo puede ser integralmente humano; solo en un régimen de libertad responsable se puede crecer de manera adecuada”.

b) La otra referencia, desde la cual emerge una intensa convergencia con el economista hindú, es en el n. 21, donde se afirma:

“Pablo VI [como Sen, nos permitimos agregar] tenía una visión articulada del desarrollo. Con el término ‘desarrollo’ quiso indicar ante todo el objetivo de que los pueblos salieran del hambre, la miseria, las enfermedades endémicas y el analfabetismo. Desde el punto de vista económico, eso significaba su participación activa y en condiciones de igualdad en el proceso económico internacional; desde el punto de vista social, su evolución hacia sociedades solidarias y con buen nivel de formación; desde el punto de vista político, la consolidación de regímenes democráticos capaces de asegurar libertad y paz”.

2_6_pabloVI-2Después de haber notado estas convergencias, quisiéramos referirnos, por lo menos, a una brecha existente en la concepción del profesor de Harvard, que emerge, por ejemplo, de la lectura de Caritas in veritate en el n. 18, cuando, además del punto débil, se evidencia también la posible solución, precisando que: “Además de la libertad, el desarrollo humano integral como vocación exige también que se respete la verdad. La vocación al progreso impulsa a los hombres a ‘hacer, conocer y tener más para ser más’. Pero la cuestión es: ¿qué significa ‘ser más’? A esta pregunta, Pablo VI responde indicando lo que comporta esencialmente el ‘auténtico desarrollo’: ‘debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre’. (…) La fe cristiana se ocupa (…) solo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocación auténtica al desarrollo humano integral. El Evangelio es un elemento fundamental del desarrollo porque, en él, Cristo, ‘en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre’. Con las enseñanzas de su Señor, la Iglesia escruta los signos de los tiempos, los interpreta y ofrece al mundo ‘lo que ella posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad’. Precisamente porque Dios pronuncia el ‘sí’ más grande al hombre, el hombre no puede dejar de abrirse a la vocación divina para realizar el propio desarrollo. La verdad del desarrollo consiste en su totalidad: si no es de todo el hombre y de todos los hombres, no es verdadero desarrollo. Este es el mensaje central de la Populorum progressio, válido hoy y siempre. El desarrollo humano integral en el plano natural, al ser respuesta a una vocación de Dios creador, requiere su autentificación en ‘un humanismo trascendente, que da [al hombre] su mayor plenitud; esta es la finalidad suprema del desarrollo personal’. Por tanto, la vocación cristiana a dicho desarrollo abarca tanto el plano natural como el sobrenatural; este es el motivo por el que, ‘cuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el ‘bien’, empieza a disiparse’”.

En Sen, falta esta referencia a una plena integralidad del humanum y de su bien objetivo, aquella verdad que no es solo del hombre sino también de Dios, reitera en el n. 79 de la Caritas in veritate, cuando aún nota que el desarrollo: “ (…) es del hombre, porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez es de Dios, porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: ‘el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios’ (1 Cor 3, 22-23)”.

Además, en el n. 76 se lee “No hay desarrollo pleno ni un bien común universal sin el bien espiritual y moral de las personas, consideradas en su totalidad de alma y cuerpo”.

Entonces, en este sentido, Amartya Sen es un “economista ético” que por su enfoque ético pareciera mayormente atento a tomar y explicar aquellos que son los tratados socio-psicológicos-culturales recurrentes en el comportamiento de los hombres, más que lograr analizar en modo pleno y completo las características esenciales del humanum.

En conclusión, la aproximación aquí presentada, más allá de ser una concepción laica que se muestra abierta a la contribución de las religiones, en realidad desconfía de cada enfoque que tenga en sí una orientación de tipo metafísico y ontológico, deja poco espacio al Trascendente, verdadero y auténtico principio y telos último de significado36 (y en efecto, Sen, como no creyente, si no lo excluye a priori, tampoco lo admite de manera explícita). No obstante ello, el pensamiento del profesor hindú amerita ser conocido por su apreciado y meritorio esfuerzo de reflexión cultural finalizado, sobre todo, a un discernimiento que ha favorecido en los últimos decenios una propuesta de repensamiento de los mismos modelos actuales y categorías de desarrollo económico y social, además del mismo significado de economía y de sus fines.

——————————————————————————————

1 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 9.
2 Entre las mejores contribuciones, esencialmente, ver Danilo Zolo, Globalizzazione. Una mappa dei problemi, Laterza, Roma-Bari 2004; David Held y Anthony McGrew, Globalismo e antiglobalismo, Il Mulino, Bolonia 2010.
3 Sobre la necesidad de una propuesta de maduración, en este sentido, por la teología moral en contexto de globalización, ver Domenico Santangelo, La globalizzazione: un “segno dei tempi” per il terzo millennio? Un tentativo di analisi ético-teologico, en Revista “Studia Moralia”, Roma, junio 2004, vol. 42, pp. 225-235.
4 Al no existir textos físicos que se detienen con la misma precisión, recomendamos la profundización de la autobiografía preparada por el mismo autor que está disponible en la siguiente dirección: http://www.nobelprize.org/economics/laureates/1998/sen-autobio.html

Este artículo debe citarse, según el formato APA, de la siguiente manera:Santangelo, Domenico (2011): “Amartya K. Sen y la globalización: análisis ético y comparación con la Doctrina Social de la Iglesia”. En Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, año 7, n° 3, pp. 77-85. Arequipa, Perú: Centro de Pensamiento Social Católico de la Universidad Católica San Pablo y Observatorio Internacional Card. Van Thuân. Disponible en el sitio web: