Sendero Luminoso
FUENTE: www.proceso.com

El profesor Manuel Ugarte Cornejo, director del Centro de Pensamiento Social Católico, explicó que el error de fondo del marxismo-comunismo, es un error antropológico, porque esta ideología termina sacrificando el valor de la persona humana, en aras de un sistema totalitario que lo instrumentaliza y deshumaniza.

Manuel Ugarte hizo estas declaraciones en una entrevista realizada por el periódico Encuentro (Año 9. Edición 184. 7-20 octubre, 2016. p 4), para analizar las diversas noticias nacionales que en días pasados mostraron a un grupo de jóvenes realizando, en la ciudad de Lima, una marcha en homenaje a los terroristas de Sendero Luminoso muertos en los penales de El Frontón, Lurigancho y Callao en 1986.

Durante la entrevista el director del CPSC recordó la reflexión que sobre el marxismo realizó el Papa Juan Pablo II en la encíclica Centesimus annus afirmando que “el error fundamental del socialismo es de carácter antropológico” ya que “considera a todo hombre como un simple elemento y una molécula del organismo social, de manera que el bien del individuo se subordina al funcionamiento del mecanismo económico-social”. (Centesimus annus, 13) Además esta ideología reduce la sociedad a una serie de relaciones económicas, al tiempo que anula la libertad y la iniciativa humana. Ante esto desaparece la concepción de persona “como sujeto autónomo de decisión moral”.

Muy diferente es la idea cristiana sobre la persona que desarrolla la doctrina social de la Iglesia. Ella considera que “la socialidad del hombre no se agota en el Estado, sino que se realiza en diversos grupos intermedios, comenzando por la familia y siguiendo por los grupos económicos, sociales, políticos y culturales, los cuales, como provienen de la misma naturaleza humana, tienen su propia autonomía, sin salirse del ámbito del bien común”, (Centesimus annus, 13).

El profesor Ugarte también señaló que  “no resulta extraño que una ideología radical y utópica cautive a los jóvenes, esto se debe –entre otros factores– a que la sociedad ha excluido de la vida cotidiana la dimensión de trascendencia, aquello que va más allá de lo material; lo que le da sentido a la vida, se ha sacado del aspecto social, público y familiar, y ante el vacío se han inventado fórmulas materialistas que no colman las expectativas. Lo trascendente ha sido reducido a lo material, o lo tecnológico, o lo sociológico, y eso convierte a nuestros jóvenes en vulnerables”.

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