Fuente: IESE Business School

En el mundo empresarial, ante la presión por los resultados, el prestigio y la excelencia, parece bastante difícil dar paso a la caridad y la comprensión del otro. Bajo esa premisa, ¿cómo no traicionar nuestro ser cristiano? O como bien plantea el especialista en Economía y Ética Empresarial, Antonio Argandoña: ¿hay una manera cristiana de dirigir empresas?

Antonio Argandoña (Gestión)
Antonio Argandoña (Gestión)

El docente español  recuerda que, entre las muchas maneras de dirigir una empresa se encuentran las que parten de la concepción de verse “como una comunidad de personas. Porque esto es lo más coherente con la dignidad humana. Y porque es lo más realista, lo que mejor describe qué es una empresa”.

Para el también Doctor en Ciencias Económicas, “donde hay personas hay aprendizajes: de conocimientos, de capacidades, de actitudes, de virtudes… Por tanto, hay ética…”. Así, nos dice, que las mejores y peores maneras de dirigir dependen también del “desarrollo de las capacidades del equipo humano que es la empresa…”.

Sin embargo, enfatiza el sentido cristiano al dirigir una empresa: es el encuentro del ser humano con el Dios hecho hombre. ¿Cuál es el aporte de  la religión? Se pregunta, pues “una manera más amplia de entender el ser-que-dirige, que tiene su historia, su cultura, su formación, sus inquietudes, su entorno… y su conexión con Dios y con los demás”, responde. “El cristianismo en cuanto que se remite al ser humano, no añade nada nuevo: dirigir cristianamente es dirigir bien”.

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