Magíster Rodolfo José Castro Salinas[1]

Introducción

Es en nuestra época en la que más se ha cuestionado la existencia del matrimonio y la familia como instituciones necesarias e importantes para las sociedades actuales. No pocas veces han sido tergiversados sus verdaderos significados surgiendo, como consecuencia, diversas «formas familiares» sustitutas que argumentan que el matrimonio y la familia son instituciones obsoletas. Toda esta situación genera dudas en el común de las personas y lleva a preguntarnos sobre si la familia es una institución que en el pasado fue importante, pero que hoy ha dejado de serlo, sobre cuáles son estas tendencias socio demográficas de las sociedades del III milenio y las repercusiones de ésta ola de transformaciones sociales, si acaso existirá alguna estructura familiar capaz de generar mejores indicadores de bienestar para la persona y la sociedad, o si tendrá algo que ver la familia y la natalidad con la economía. Frente a estas interrogantes, las ciencias sociales vienen aportando innumerables investigaciones con alto rigor científico que demuestran categóricamente, no sólo la importancia, sino la necesidad vital de la institución familiar para el verdadero desarrollo de las naciones.

En 1948 la Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en su artículo 16, inciso 3 se afirma: «La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado»[2]. Llama la atención que únicamente la institución familiar sea referida como objeto de protección de derecho[3], entonces ¿Cuál es la importancia de la familia y en qué radica su carácter insustituible? ¿Qué la hace tan necesaria que pese al cambio de época sigue siendo una institución indispensable? Según la Encuesta Mundial de Valores 2008[4], —la de mayor reconocimiento académico— concluye que la familia es el referente de valor más apreciado y significativo para los ciudadanos, el 89.7% de los 56 países estudiados considera a la familia como el tema más importante de sus vidas.

Actualmente nos encontramos con sociedades marcadas por una creciente pluralidad y complejidad en estructuras familiares. Algunos autores a inicios del siglo XX han propuesto la pérdida de la importancia de la familia y amparándose en premisas evolucionistas, la han calificado como institución del pasado, pues para que el proceso de modernización se afirme, la familia necesita ser reducida y estar limitada a la esfera privada siendo la Ley de la contracción de Durkheim un reflejo de esta perspectiva[5]. En esta misma línea el profesor Donati, durante su intervención en el VII Encuentro Mundial de las Familias, se preguntaba si la familia es todavía un recurso para la persona y la sociedad[6] o si se trata más bien de una institución que fue muy importante en el pasado pero que se ha convertido incluso en un obstáculo porque impide la emancipación de los individuos en el advenimiento de una sociedad cada vez más libre, inclusiva, igualitaria y democrática. Existen otros representantes más radicales, como Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, quienes se oponen frontalmente a la institución familiar y hablan de la «necesaria» desestabilidad familiar porque así los niños estarán «preparados» para enfrentar las dificultades de una sociedad moderna y cada vez más compleja[7].

Se puede apreciar cómo en las sociedades del siglo XXI se vienen incrementado arreglos sociales cada vez más comunes, con mayor aceptación y con un fuerte impacto —por cierto, nada positivo— para la vida de las personas y el bienestar de las sociedades; estamos hablando, por ejemplo, de parejas que cohabitan sin ningún tipo de compromiso y de modo privado sin reconocimiento jurídico, familias desintegradas por el divorcio donde la propia separación genera distancia y el progresivo abandono de la responsabilidad paterna (situación que se agrava con las nuevas nupcias de los padres), nuevas uniones donde uno o ambos miembros ya vienen con hijos de matrimonios o uniones previas, familias con un solo padre biológico o matrimonios que desde sus inicios se han negado a toda posibilidad procreadora, entre otras situaciones que forman parte del variado menú social que nos muestra la sociedad del III Milenio[8].

El panorama descrito, ha convertido a la institución familiar en un objeto muy interesante de estudio, pues no pocos nos hemos preguntado si la familia es realmente tan importante como parece. Ya son numerosas las investigaciones académicas[9] que vienen demostrando los efectos de esta nueva ola de tendencias socio-demográficas que ha generado estilos de vida y patrones de comportamiento con un enorme impacto cultural, lo cierto es que la desestructuración de la familia no ha mejorado para nada las condiciones y bienestar de la persona humana sino, todo lo contrario, las han empeorado significativamente, y las repercusiones en los diversos ámbitos de la sociedad son, hoy en día, parte de una compleja realidad. Las ciencias sociales han aportado innumerables estudios al respecto, hay una fuerte evidencia científica, resultado de serias investigaciones, que demuestran que los niños tienen más posibilidades de desarrollarse cuando son educados por ambos padres biológicos y son capaces de mantener un compromiso estable en el tiempo. Uno de los estudios publicado por The Child Trends concluyó: «las investigaciones demuestran claramente que los niños dan importancia a la estructura familiar, y la estructura familiar que más ayuda a los niños es una familia encabezada por ambos padres biológicos.»[10] Los hijos necesitan una estructura estable, se sabe, por ejemplo, que su rendimiento académico está muy correlacionado con la estructura familiar y esto es fundamental para el desarrollo del niño y la adquisición del capital humano del cual se beneficia toda la sociedad.

Una de las ciencias sociales que mucho ha investigado los efectos de la desestructuración familiar y las repercusiones de los actuales niveles de natalidad: es la economía, ciencia que esencialmente se dedica a establecer modelos, normas y teorías de producción y distribución de bienes para satisfacer de manera correcta las necesidades y deseos del ser humano. La labor y actividad económica debe desarrollarse dentro de la esfera del orden moral según la justicia social, considerando sus límites, métodos específicos y, debe estar orientada siempre al servicio de las personas posibilitando que los bienes y servicios sean accesibles a todos de una manera justa y responsable. En tal sentido, el corazón del desarrollo social radica en el reconocimiento y promoción de la dignidad del ser humano y, la obtención de bienes tiene como objeto “servir para algo” y no puede ser un fin en sí mismo: «El ser humano es el autor, el centro y fin de la vida económica»[11]. Uno de los servicios de la economía es la búsqueda de la reducción de los niveles actuales de pobreza en el mundo y se sabe que hay una fuerte correlación entre los niveles de pobreza e inversión en capital humano[12]. El Premio Nobel de economía Gary Becker afirmó precisamente que «la familia es el fundamento del capital humano y de la economía»[13], centró su estudio en la necesidad que tiene toda persona de cubrir sus necesidades fundamentales para poder sobrevivir, al hacerlo consigue un nivel de beneficio y ello posibilita la generación de riqueza; pero como los recursos son escasos y limitados, a diferencia de las necesidades, el ser humano debe ser inteligente, creativo y eficiente para obtener mayores niveles de utilidad en situaciones adversas. En tal sentido, el capital humano comprende todas las destrezas, talentos y capacidades que la persona tiene al momento de su nacimiento y que las va atesorando durante el desarrollo de su vida, generando eficiencia y posibilidad de una mayor productividad. Se estima que el capital humano en un país desarrollado bordea el 80% de su riqueza. Entonces la familia aporta de manera exclusiva recursos importantes para el capital humano y éste es fundamental para el desarrollo económico de las naciones.

Considerando los trabajos de G. Becker, algunos investigadores han estudiado la causa del comportamiento económico de más de cien países en los años cincuenta, llegando a plantearse inicialmente una serie de preguntas: ¿Por qué países como Taiwán pasaron de tener una economía pobre a ser considerados hoy en día como un «estado rico»? ¿Por qué países como Nigeria han permanecido en el mismo y lamentable estado de pobreza? y ¿Por qué países como Argentina han visto descender su economía considerablemente en menos de cinco décadas? Casi todos los estudios concluyeron que la administración de la educación y la salud son factores decisivos para el desarrollo de las naciones, aunque con esto no se afirma que sean los únicos factores a considerar. El siguiente grupo de preguntas estuvieron dirigidas a conocer la naturaleza del capital humano: ¿De dónde proviene el capital humano? ¿Cuál es la fuente de este importante factor de desarrollo? ¿Qué institución ha brindado de manera desinteresada y permanente en el tiempo, en la historia y en las civilizaciones este tan necesario recurso? La respuesta fue contundente: la familia. De los resultados obtenidos de estos estudios, se puede concluir particularmente dos cosas: Primero: la educación, es un importante factor para la obtención de capital humano y, segundo: la familia es el fundamento de una sociedad sana y en ella radica el éxito de la economía de las naciones[14].

Bajo esta perspectiva podemos afirmar que la economía, la familia y la persona son realidades que se encuentran e influyen, de modo que, si la economía busca la maximización de la productividad, la familia se encuentra en la capacidad de generar mejores y mayores niveles de eficiencia en las personas y esto permite, a su vez, incrementar considerablemente la riqueza de las naciones. La familia brinda un gran aporte en la formación del capital humano, de esta forma, el trabajo y dedicación de los padres por sus hijos se traduce en una desmedida atención por su bienestar físico, afectivo, emocional y espiritual, siendo factores que no los aporta ni el Estado, ni institución civil alguna, sino principalmente los padres de familia: primeros interesados en ofrecerle a sus hijos mejores estándares de vida. Por lo afirmado, la familia es importante no sólo para la sociedad en general, sino que además ocupa un papel crucial en la vida económica de los Estados, y es un auténtico motor que impulsa la vivencia de la responsabilidad, solidaridad y servicio entre sus miembros.

Una sociedad desintegrada familiarmente es una sociedad enferma y débil. Desde una mirada económica las consecuencias de esta realidad pueden ser analizadas a partir de cuatro tendencias socio demográficas, todas ellas, estrechamente relacionadas: la disminución del matrimonio y el incremento de uniones libres, las secuelas del divorcio en los cónyuges e hijos, la baja tasa de natalidad y el aumento de hogares monoparentales.

Diversas investigaciones demuestran, de manera concluyente, que la ruptura matrimonial y los nacimientos fuera del compromiso esponsal tienen serios efectos en el entorno económico de los hijos y de los progenitores, los estudios muestran una importante relación significativa y positiva entre composición familiar y niveles de riqueza[15], en el mismo sentido Thomas y Sawhill atribuyen como causa de la pobreza infantil el incremento de la monoparentalidad[16] advirtiendo que cuando los hijos provienen de estructuras familiares constituidas por padres que viven en unión libre o convivencia, tienen mayor probabilidad de vivir escenarios de pobreza en algún período de sus vidas. La otra cara de la moneda la rige el comportamiento de los matrimonios estables, ya que, en general la estructura familiar cimentada en compromisos permanentes acumula mayor ingreso en comparación a otro tipo de arreglos sociales[17]. Wilcox y Cavallé después de haber analizado y comparado información de diecinueve países, concluyeron: los hombres casados son más productivos, trabajan mejor, por lo general son más responsables, buscan estabilidad laboral y consiguen mayormente mejores niveles salariales[18]. Información semejante fue publicada por el Population and Development Review, Nro. 29 que recogió información de diecisiete países, las conclusiones fueron muy parecidas: los hombres casados obtienen en promedio 23% mejores ingresos que sus pares solteros[19], la razón última de esta tendencia —según los estudiosos— se explicaría principalmente por el dinamismo propio de la relación esponsal que estaría generando un comportamiento más estable, responsable, sano y productivo.

Las consecuencias que se derivan por los beneficios del matrimonio se reflejan en diversos espacios, para Lerman la situación económica de las mujeres de escasos recursos mejora significativamente después del matrimonio. Los resultados señalan que en general las personas casadas tienden a compartir más sus logros y beneficios, llevando un estilo de vida más consensuado y responsable; sin embargo este comportamiento no se aplicaría en aquellas estructuras donde el primer hijo nace antes del vínculo esponsal. Según Pat Fagan «contar con la seguridad del matrimonio para la crianza de los niños, es vital para reducir la dependencia en los programas de bienestar público del gobierno, los cuales tienen un costo para el contribuyente en por lo menos $112 billones USD anualmente.»[20]. El matrimonio posibilita un comportamiento económico y financiero prudente, e incrementa considerablemente los niveles de inversión de la pareja. Sharpe indica —en la misma línea — los efectos de la activación económica cuando hombres y mujeres se casan y tienen hijos.

Las secuelas de la ruptura esponsal han sido un fenómeno muy bien desarrollado por las ciencias sociales. La evidencia empírica muestras los efectos negativos en cuanto al desarrollo de los hijos se refiere; se conoce que el divorcio de los padres está muy correlacionado con al bajo rendimiento académico de los hijos en la etapa escolar, situación muy asociada a la pertenencia de pandillas y verse involucrados en comportamiento delictivo y adicción de sustancias tóxicas. Estos resultados son compatibles con los hallazgos de Schnitzer[21] quién después de haber realizado un estudio comparativo entre hijos de padres divorciados e hijos provenientes de hogares donde un progenitor había fallecido concluyó que el rendimiento académico de los segundos es significativamente mayor en comparación de los primeros. Brian M. D’onofrio desarrolló extensamente cómo los efectos de la separación de los padres afecta en general la formación y constitución de la identidad de los hijos[22].

Las consecuencias negativas de la separación de los esposos no sólo afectan a los hijos, también estaría afligiendo la productividad y el desempeño laboral de los padres, ello sin considerar los enormes costos sociales que acarrea. Fagan, por ejemplo, hace notar cómo el matrimonio es un importante factor generador de desarrollo económico, y el divorcio atenúa considerablemente este agente ocasionando trabajadores más insatisfechos y menos productivos. En tal sentido, el estado civil de los trabajadores es un aspecto a considerar al momento de evaluar el desempeño laboral, y el matrimonio está en la capacidad de aportar un componente afectivo estabilizador que influye en su labor y el bienestar de la organización. Es fundamental conciliar, armonizar e integrar la vida familiar y el entorno laboral.

La riqueza de las países depende en buena parte de la salud de las familias, éste ha sido uno de los más importantes hallazgos del Sustainable Demographic Dividend después de contrastar la situación económica mundial con las actuales tendencias socio demográficas, manifestando que existe una considerable reducción en las poblaciones económicamente activas como consecuencia de los bajos niveles de natalidad y el incremento significativo de ancianos dependientes, a ello se suma el aumento de niños nacidos fuera del matrimonio. Este informe multi-país se basa en la firme relación que tiene el matrimonio y la fertilidad con la economía de las naciones, confrontando además las ideas neomaltusianas que atribuyen al crecimiento poblacional la causa de la pobreza en el mundo. Lamentablemente, muchos países vienen atravesando un persistente descenso en sus niveles de natalidad, llegando por debajo de los niveles que garantiza el recambio generacional. Según la información brindada por el DDS, la media de la mujer de un país desarrollado tiene en promedio 1.66 hijos a lo largo de su vida, esta tendencia se ha extendido en las naciones denominadas en «vías de desarrollo» y el número de nacimientos por mujer en la última década decayó considerablemente de 6 a 2 hijos en promedio[23].

Los estudios señalan que países que han experimentado un importante descenso en sus niveles de natalidad en las últimas décadas, han cursado un sustancial auge económico en un primer periodo, situación explicada por el incremento del consumo, mayor posibilidad de inversión económica por hijo, menor cantidad de hijos que mantener y más pronta reinserción de la mujer en el mundo laboral; fenómeno que activó cuantiosamente la economía y diversificó distintos mercados permitiendo invertir más recursos, tiempo y dinero por niño, situación que posibilitó mejorar sustancialmente el nivel educativo, estándares de salud y posibilidad de acceso a empleos mejor remunerados. Sin embargo, un análisis económico a largo plazo, como el desarrollado por Dr. David Bloom, permite comprender cómo el ciclo económico debe ser analizado en un horizonte temporal adecuado para evaluar las reales y enteras consecuencias del descenso de la natalidad; para Bloom el llamado «milagro económico» no es para nada beneficioso, principalmente por la desventaja demográfica ocasionada; es decir, bajos niveles de mano de obra que se requieren para garantizar los niveles de producción alcanzados; este sinceramiento del ciclo económico viene ocurriendo en el este asiático en la última década y son una muestra fehaciente de las consecuencias del comportamiento demográfico y su influjo en el desarrollo económico de las naciones.

Si este es el panorama de muchas de las sociedades actuales, ¿Por qué entonces no se actúa en consecuencia haciendo frente a lo que la evidencia claramente muestra? Muchos países como los ya estudiados, con vigentes escenarios adversos a la institución familiar y con actuales niveles de natalidad por debajo de la tasa de reposición, se verían beneficiados con el fortalecimiento de la familia: institución pilar en la estructura educativa y calidad de vida de sus miembros. Años atrás, la familia era una institución consolidada, estadísticamente fuerte, económicamente importante y socialmente relevante para las naciones; las funciones de la llamada célula fundamental de la sociedad eran vitales para la sobrevivencia de la estructura social. Hoy, los conceptos de matrimonio y familia han sido desvalorados y tergiversados por gran parte de la sociedad, los matrimonios ya no son para siempre, son quebrantables, los hijos pasaron de ser frutos del amor a solamente una opción por conveniencia, las parejas prefieren uniones libres sin compromiso y, como consecuencia directa, los niños crecen cada vez más en hogares monoparentales o desintegrados. La evidencia empírica es contundente, los efectos de estas tendencias socio-demográficas son lamentables para la persona, el matrimonio, la familia y la sociedad. Muchos estudios demuestran contundentemente que la familia ha sido, es y seguirá siendo el corazón de la cultura y la única posibilidad de lograr una verdadera civilización del amor, cuando el corazón está enfermo, el cuerpo en su totalidad se resiente, cae y enferma inevitablemente. La importancia de la familia no radica en su utilidad porque sus miembros no son objetos, sino personas; la familia es por tanto un bien en sí misma y sólo cuando sea comprendida, valorada y atendida por lo que es, cosecharemos los buenos y abundantes frutos que todos esperamos.

Referencias bibliográficas

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[1] Magíster en Ciencias para el Matrimonio y la Familia por el Pontificio Instituto Juan Pablo II de la Universidad Lateranense de Roma. Director del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la Universidad Católica San Pablo.
[2] Naciones Unidas, “Declaración Universal de los Derechos Humanos”.
[3] Fernando Pliego, Familias y bienestar en sociedades democráticas: El debate cultural del siglo XXI (México: Miguel Angel Porrúa, 2012), 25.
[4] The World Values Survey, “Encuesta Mundial de Valores”, http://www.worldvaluessurvey.org/.
[5] Juan Manuel Burgos, Diagnóstico sobre la Familia (Madrid: Palabra, 2004), 50-62.
[6] Pierpaolo Donati, “La famiglia risorsa della societa”, Familia et Vita, Nro 2-3 (2012): 35.
[7] Bradford Wilcox, El matrimonio importa: veintiséis conclusiones de las ciencias sociales (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2006), 5.
[8] Rodolfo J. Castro Salinas y Walter Arias, “Integración familiar y variables socio-económicas”, Revista de Investigación de la Universidad San Pablo, Nro. 4 (2013): 35-66.
[9] Ver por ejemplo: Fernando Pliego, Familias y bienestar en sociedades democráticas: El debate cultural del siglo XXI (México: Miguel Angel Porrúa, 2012), 25. Bradford Wilcox, El matrimonio importa: veintiséis conclusiones de las ciencias sociales (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2006). Bradford Wilcow y Carlos Cavallé, El Dividendo Demográfico Sostenible ¿Qué tiene que ver el matrimonio y la fecundidad con la Economía? (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2011).
[10] Kristin Anderson, Susan Jekielek y Carol Emig, Marriage from a Child’s Perspective, Research Brief, June (2002):6.
[11] Concilio Vaticano II, Const. past Gaudium et spes, 63.
[12] Gary Becker, “Capital humano y pobreza”, en Lexicón: términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, por Consejo Pontificio para la Familia. (Madrid: Palabra, 2004), 87-92.
[13] Gary Becker, Tratado sobre la familia (Estados Unidos: Alianza Editorial, 1987).
[14] Gary Becker, Capital humano y pobreza, en Lexicón: términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, por Consejo Pontificio para la Familia. (Madrid: Palabra, 2004), 87-92.
[15] Wendy Manning y Pamela Smock, First comes cohabitation, then comes marriage? Journal of Family Issues, Nro. 23 (2002): 1065- 1087.
[16] Adam Thomas e Isabel Sawhill, “For richer of for poorer: marriage as an antipoverty strategy”, Journal of policy analysis and management, Nro. 21(2002): 587-599.
[17] Larry Bumpass y Hsien-Hen Lu, “Trends in cohabitation and implications for children’s family contexts in the United States”, Population Studies, Nro. 54 (2000): 59-41.
[18] Bradford Wilcox y Carlos Cavallé, El Dividendo Demográfico Sostenible ¿Qué tiene que ver el matrimonio y la fecundidad con la Economía? (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2011).
[19] Patrick Heuveline, Jeffry Timberlake y Frank Furstenberg, “Shifting childrearing to single mothers: results from 17 western countries”, Population and development review, Nro. 29 (2003): 47-71.
[20] NOTIFAM, Estudio: El matrimonio disminuye la pobreza entre los niños en dos terceras partes. http://notifam.com/2011/el-matrimonio-disminuye-la-pobreza-entre-los-ninos-en-dos-terceras-partes-estudio/
[21] Patricia Schnitzer y Bernard Ewigman, “Child deaths resulting from inflicted injuries: household risk factors and perpetrator characteristics”, Pediatrics, Nro. 116(2005): 687-693.
[22] Brian M. D’Onofrio, “A genetically informed study of the processes underlying the association between parental marital instability and offspring life course patterns”, Developmental psychology (2005). Este estudio es muy relevante porque eliminó sesgos de origen y factores genéticos que podría alterar los resultados del estudio.
[23] Bradford Wilcox y Carlos Cavallé, El Dividendo Demográfico Sostenible ¿Qué tiene que ver el matrimonio y la fecundidad con la Economía?, Estados Unidos: Social Trends Institute, 2011.

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Este artículo debe citarse, según el formato APA, de la siguiente manera: Castro, Rodolfo (2017): “La familia y su contribución al desarrollo económico: una aproximación desde las actuales tendencias socio demográficas”. En Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, año 10, n° 20, pp. 24-30. Arequipa, Perú: Centro de Pensamiento Social Católico de la Universidad Católica San Pablo y Observatorio Internacional Card. Van Thuân. Disponible en el sitio web: http://ucsp.edu.pe/cpsc/la-familia-y-su-contribucion-al-desarrollo-economico/