1. E. Mons. Giampaolo Crepaldi

El Observatorio Cardenal Van Thuân está muy comprometido en defender la posibilidad de lacross-2276772_640 Doctrina Social de la Iglesia. Digo “defender la posibilidad” porque las teorías filosóficas y teológicas que la niegan, teorías que algunos tal vez consideraban superadas por el nuevo impulso que Juan Pablo II dio a la Doctrina Social de la Iglesia, están hoy más difundidas de lo que lo estaban entonces. Por este motivo estamos comprometidos en confirmar sus presupuestos y fundamentos. En este ámbito de interés del Observatorio, uno de los primeros lugares está ocupado por la relación entre la Doctrina Social de la Iglesia y la filosofía, que es la clave para hacer teología y también teología moral que, como es sabido, es la formalidad disciplinaria de la Doctrina Social de la Iglesia, al menos según el párrafo 41 de la Sollicitudo rei socialis. De aquí la idea de este Congreso que, tanto en contenido -de hecho, se examina el tema del bien común-, como en método, en cuanto se aclara qué filosofía y qué método son adecuados para la Doctrina Social de la Iglesia, no quiere sofocarla sino permitir su adecuado desarrollo.

Hoy se considera que el pluralismo teológico y el pluralismo filosófico no son sólo una situación de hecho, sino que son también un bien en sí. Pero quien se ocupa de Doctrina Social de la Iglesia –por limitarnos a este ámbito– sabe bien que sus enseñanzas y su misma naturaleza no pueden ir de acuerdo con cada uno de los planteamientos teológicos y filosóficos. Hay que considerar la situación de pluralismo como una situación imperfecta y, en muchos aspectos, trágica, debido a nuestra situación caída y a nuestra culpa; de ningún modo puede ser erigida en ideal o, incluso, como lugar teológico. Heródoto documentaba las diversas costumbres de los pueblos, pero lo hacía para valorarlas a la luz de principios superiores. Ciertamente, las culturas tienen también aspectos positivos, pero son caminos que conducen a la naturaleza humana, que es igual en todos los hombres. La verdad no es pluralista. Aceptar el pluralismo como situación ideal significa poner al mismo nivel la verdad y el error. En este sentido el pluralismo aceptado e idealizado coincide con el relativismo.

Me refiero aquí al pluralismo de los contenidos, pero también de los métodos. La pregunta principal es si hay un método “natural” de hacer filosofía. Natural quiere decir cónsono con la naturaleza humana y, por lo tanto, espontáneo porque propio de cada persona. No sólo un método universal, por lo tanto –Descartes o Kant tenían la ambición de haber encontrado un método universal, propio de toda inteligencia humana–, sino un método realista, expresión de todo lo que el hombre, ontológicamente, es. Si admitimos el pluralismo metodológico, entonces negamos que exista un método naturalmente verdadero y correcto. También en este caso la admisión del pluralismo se convierte automáticamente en la admisión del relativismo, en este caso metodológico. No pretendo decir con esto que debemos plantearnos aquí el problema del método, como ha hecho la filosofía moderna en sus albores. De hecho, plantearse el problema del método es abrir el camino al pluralismo metodológico: se empieza con la duda de Descartes y se acaba con la anarquía metodológica de Fayerabend, o incluso más alla. Plantearse el problema del método es negar la existencia de un método natural de hacer filosofía, expresión de nuestro ser e inmediatamente revelador del ser.

Para la Doctrina Social de la Iglesia la cuestión es de vital importancia. Pero lo es, en última instancia, para la propia fe, que sin el vínculo con un método verdaderamente realista acaba por debilitar y, después, romper la relación con la razón precluyéndose, por lo tanto, la posibilidad de tener un discurso público y en público. Si los métodos son opinables y se acepta un pluralismo metodológico y filosófico, la fe cristiana ya no consigue expresar su papel histórico, social y público, y sus verdades son reducidas a opiniones, como todas las otras. Si la Doctrina Social de la Iglesia es la fe católica que habla al mundo de su verdad, el pluralismo aceptado hoy como providencial impide un lenguaje entre la Iglesia y el mundo. Si el mundo abandona el concepto de verdad, la Iglesia ya no consigue hablar con él, a no ser que renuncie también ella al concepto de verdad y lo sustituya con otros conceptos aparentemente más practicables, pero sin duda alguna más confusos y problemáticos.

Cuando digo que hoy el pluralismo filosófico y teológico es teorizado como providencial, me refiero a corrientes concretas de la teología contemporánea y a pensadores concretos. Se trata de corrientes y autores que rechazan el realismo metafísico y que, diciendo tal vez que se inspiran en Santo Tomás, cambian el pensamiento de éste no sólo en los contenidos sino, sobre todo, en el método. Si Dios se revela en el interior de nuestra experiencia transcendental en sentido existencialista, entonces la situación de pluralismo filosófico y teológico es el camino ordinario de la revelación y Dios será más una pregunta que una respuesta. La Iglesia estará en el mundo como una parte de éste y ya no podrá pretender tener un papel único en la salvación. Deberá dejar de “manipular” al mundo partiendo de las propias verdades, porque cualquier pretensión doctrinal será una pretensión ideológica. Aparentemente, el problema de la filosofía y de su método parece estar muy lejos de los temas de la fe, la salvación, la evangelización y la naturaleza de la Iglesia. Y parece estar lejos, también, de la Doctrina Social de la Iglesia que, se dice hoy, debe atesorar el pluralismo democrático. Pero no es así. Por esta razón, el argumento de la filosofía del ser, tanto en sus aspectos de contenido como en los metodológicos, tiene una importancia particular.

Esto se ha podido verificar también respecto al tema específico de este Congreso, a saber: el bien común. No quiero entrar aquí en el mérito de la cuestión, que dejo con gusto a los relatores; quiero sólo hacer observar que hoy hay también un pluralismo de visiones respecto al bien común. Si este pluralismo es considerado como un ideal, la consecuencia es que el bien común ya no tiene razones, como dice en cambio el título de nuestro Congreso. De aquí el empobrecimiento en el contenido del bien común, hoy, en ámbito católico. Como sucede con otros temas como la paz o la ecología, también el bien común corre el riesgo de un debilitamiento del contenido realista, racional y religioso, algo a lo que seguramente reaccionaran los relatores de este congreso. Un bien común sin razones es una contradicción en sus términos. Tanto el concepto de “bien” como el de “común” derivan efectivamente sólo de la razón y no emergen de datos empíricos. Pero, ¿de qué razón? De la que proporciona mayores garantías de ser la razón “natural”, porque sólo en este caso estará abierta originariamente, y no por artificio nuestro, al “bien” y al “común”… al bien común, pues.

Concluyo recordando que en el origen de la Doctrina Social de la Iglesia moderna está la encíclica Aeteni Patris (1879) de León XIII, papel que para la Doctrina Social de la Iglesia actual lo desarrolla la Fides et ratio (1988) de Juan Pablo II. Ambas hacen referencia explícitamente a la filosofía del ser. En la Aeterni Patris la referencia a Santo Tomás es más explícita, pero también en la Fides et ratio, aunque se nombren otros filósofos atendibles, el planteamiento de contenido en su conjunto es claramente expresivo de la filosofía del ser. El punto firme decisivo está indicado por Augusto Del Noce: en la fe católica hay implícita una metafísica, y la razón no tiene necesidad de salir de la fe para conocerla y desarrollarla. Este Congreso se moverá en esta dirección.

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Este artículo corresponde a la ponencia ofrecida por Mons. Giampaolo Crepaldi en el Congreso sobre las “Razones del bien común” organizado en el Seminario del Instituto del Verbo Encarnado de Montefiascone (Italia), el 7 de noviembre de 2016.

Este artículo es reproducido por el Centro de Pensamiento Social Católico en el marco del convenio de colaboración institucional entre la Universidad Católica San Pablo y el Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân sobre la Doctrina Social de la Iglesia.