S.E. Mons. Giampaolo Crepaldi
Presidente del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuân

Este número del Boletín está dedicado a la relación entre nueva evangelización y Doctrina Social de la Iglesia. Pensamos de esta manera aportar con nuestra contribución a una de las cuestiones más urgentes en la Iglesia. En cierto sentido, sin embargo, hemos visto conveniente invertir los términos usuales de la cuestión. Frecuentemente se pregunta ¿qué es lo que puede aportar la Doctrina Social de la Iglesia a la nueva evangelización? Es una pregunta legítima y seria. Pero es más interesante preguntarse ¿qué es lo que puede hacer la nueva evangelización por la Doctrina Social de la Iglesia? Las exigencias de la nueva evangelización, subrayadas infinidad de veces por los últimos pontífices, confrontan a la Doctrina Social de la Iglesia y la obligan a mirarse a sí misma en profundidad. La nueva evangelización, con sus exigencias evangélicas antes que pastorales, invoca a cuantos se ocupan de la Doctrina Social de la Iglesia y les pide un examen de conciencia. La nueva evangelización arroja luces sobre nuestra comprensión de la Doctrina Social de la Iglesia y le exige una mayor coherencia respecto de su auténtico estatuto. Este es el espíritu con el que hemos redactado este número de nuestro Boletín.

¿Cómo debemos afrontar el problema? Diría que desde dos puntos de vista. Algunos artículos ilustran el tema de la nueva evangelización y profundizan en sus vínculos con la Doctrina Social de la Iglesia, buscando ir al fondo del problema.

Omar Ebrahime explica la historia de la expresión, que se remonta a Pablo VI, e incluso antes, y luego reseña los principales discursos de Benedicto XVI sobre la nueva evangelización, especialmente los relacionados con la institución del Pontificio Consejo dedicado a ella. Son artículos que brindan una información valiosa y nos introducen al tema.

Mons. Giampaolo Crepaldi y Stefano Fontana forman parte de este panorama de fondo y profundizan teóricamente en la relación entre nueva evangelización y Doctrina Social de la Iglesia. Los dos artículos están estrechamente conectados y se complementan entre sí. En el primero se muestra cómo el plano antropológico es, por sí mismo, insuficiente para dar al mundo la salvación, hacia la que tanto la Nueva Evangelización como la misma Doctrina Social de la Iglesia están orientadas. Al insistir demasiado y únicamente en la antropología se corre el riesgo de llegar demasiado tarde, dado que la ideología de género y el nuevo ecologismo ya han superado el concepto de naturaleza humana y, por tanto, de antropología. No se crea que el cristianismo deba reducirse a antropología para salvar el mundo. Tiene, por sobre todo, que mostrar a la antropología la nueva creación, es decir, una antropología renovada: el hombre nuevo, la nueva creatura y el hombre viejo salvado. Salvado de sí mismo ante todo, de la cerrazón en sus propios límites soberbios y salvado de la presunción de salvarse por sí mismo. Estas indicaciones son de mucha importancia para la Doctrina Social de la Iglesia, dado que existe una fuerte tendencia a reducirla a antropología o ética.

Stefano Fontana muestra cómo hoy, en la Iglesia, existen dos aproximaciones muy diferentes al tema de la nueva evangelización. Existen nudos teológicos y filosóficos que si no se desenredan retardan o incluso impiden la nueva evangelización. Uno de estos nudos está representado por el enjuiciamiento que corresponde dar al proceso de secularización, que ya ha alcanzado un nivel radical de negación de lo humano tal, que requiere de un nuevo anuncio del mensaje cristiano para recuperar incluso lo humano. Sobre la secularización, sin embargo, existen muchas ilusiones entre los católicos. Es, por tanto, necesario aclarar la relación entre la Iglesia y el mundo para ver si la Doctrina Social de la Iglesia puede contribuir a la nueva evangelización.

Dije al principio que: es la nueva evangelización la que impulsa a la Doctrina Social de la Iglesia y que esta última podrá dar su propia contribución a la nueva evangelización en la medida en que se deje impulsar por ella. De hecho, la nueva evangelización remite a la Doctrina Social de la Iglesia a su verdadera misión, que es la de anunciar a Cristo en las realidades temporales y de abrir un lugar para Dios en el mundo. Se ocupará adecuadamente de todo lo demás si no pierde la vista de su misión prioritaria. Debo decir que esta conciencia no ha estado siempre presente entre quienes se ocupan de la Doctrina Social de la Iglesia y se hace consistir la tarea de los laicos cada vez menos en, como dice el Concilio, ordenar hacia Dios las cosas temporales, sino a organizar la vida social según criterios de justicia. Frecuentemente se le orienta al bien común. Lo que es correcto, sin embargo, no se debe olvidar que la vida espiritual y religiosa cristiana forma parte del bien común y que, en otras palabras, no es verdadero bien común el que Dios sea apartado de la plaza pública. Ordenar hacia Dios las cosas temporales implica que Dios esté presente en las cosas temporales. Ordenar hacia Dios las cosas temporales significa construir la sociedad según el proyecto de Dios. Sin esta conciencia, la Doctrina Social de la Iglesia no tiene nada que ver con la nueva evangelización.

Es necesario entonces recuperar la referencia a Dios Creador y a Cristo Redentor en la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia y superar una visión demasiado antropocéntrica. La construcción de la sociedad cae dentro del plan de Dios Creador, porque la ley moral natural que preside las relaciones humanas es fruto también de esa creación. Pero la creación ha sido recreada, después del pecado original, por Cristo muerto y resucitado. Y así se inició la historia de la nueva creación, que asume y purifica a la creación. La Doctrina Social de la Iglesia está dentro de esta dinámica de salvación y su relación con el mundo le exige tanto no renunciar a la naturaleza —incluidos los principios de la ley moral natural— como a la sobre-naturaleza, cosa que ocurre inevitablemente cuando los operadores de la Doctrina Social de la Iglesia la ven solo como un servicio al hombre. Cierto, es un servicio al hombre, porque el hombre es el camino de la Iglesia, pero el servicio consiste en el anuncio del hombre salvado en Cristo. Esto es lo que cambia las relaciones sociales y permite también el mantenimiento del orden natural. Nada se puede mantener si no es también purificado.

Surge de aquí la importancia de que la Doctrina Social de la Iglesia utilice la razón para poder referirse a la creación. Razón que se expresa no solo en las ciencias humanas, como hoy se suele decir, sino principalmente en la metafísica, sin la cual la Doctrina Social de la Iglesia no aborda la realidad, sino se reduce a seguir los diversos fenómenos sociales. La relación con Dios Creador requiere que la razón —también fruto de la creación— exprese toda su fuerza investigando lo creado y, en particular, la ecología humana. Luego, sin embargo, está la relación con Cristo Salvador. Esto requiere que la Doctrina Social de la Iglesia esté siempre centrada en el misterio de Cristo en la vida de la Iglesia. Estas dos perspectivas tienen que encontrarse. Sin la referencia a la razón y a la creación, la Doctrina Social de la Iglesia no tocará a la sociedad concreta. Sin la referencia a la vida en Cristo, se reduce a humanismo genérico. Debe encontrarse con el hombre concreto, que es siempre justo y pecador al mismo tiempo. En cuanto justo sabrá usar la razón, pero como pecador tiene necesidad también de que la razón sea salvada.

Hay que reconocer que estamos todavía bastante lejos de este planteamiento. La crisis de la razón ha embestido también a los cristianos, a los teólogos y a los mismos sacerdotes. La crisis de la Doctrina en aras de la simple pastoral estimula el encuentro con el otro y sus problemas, pero limitándose a un testimonio personal. La crisis de la razón nos ha hecho perder de vista la idea de un orden social fruto de la creación. La vida personal se traduce trabajosamente en un compromiso por la construcción de la sociedad. Los laicos se comprometen dentro de la Iglesia, pero fuera de ella su identidad se difumina. Cuando están involucrados en instituciones públicas piensan en ejercer una acción neutra respecto a su fe y la llaman laicidad. Muchos fieles ya no entienden por qué el Magisterio interviene en problemas de ética social y política y lo consideran una interferencia indebida. Todos estos síntomas nos hablan sobre la dificultad de esta empresa. Espero que los artículos de este número del Boletín puedan señalar indicaciones de caminos factibles y motivadores.

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Este artículo debe citarse, según el formato APA, de la siguiente manera: Crepaldi, Giampaolo (2017): “La nueva evangelización y la Doctrina Social de la Iglesia”. En Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, año 10, n° 20, pp. 3-4. Arequipa, Perú: Centro de Pensamiento Social Católico de la Universidad Católica San Pablo y Observatorio Internacional Card. Van Thuân. Disponible en el sitio web: http://ucsp.edu.pe/cpsc/la-nueva-evangelizacion-y-la-doctrina-social-de-la-iglesia/