Simona Beretta
Universidad Católica de Milán
2.1.Focus-SantangeloEl momento de profunda crisis que estamos atravesando desde hace algunos años amerita ser considerado como una privilegiada ocasión de juicio (¿qué crisis sería sin un juicio de la misma?), capaz de transformar y madurar, sea la práctica de las finanzas y de sus operadores, sea el modo en el que se le enseña y en el cual se habla cotidianamente. Pero un juicio correcto requiere de una mirada renovada de la naturaleza de las finanzas, dispuesta a tomar en cuenta todas las dimensiones.

Hablar de la ética de las finanzas; de la responsabilidad social de las instituciones financieras; de la regulación de la finanza por parte de las autoridades a cargo, sin tocar la raíz, la naturaleza del objeto del cual se esté tratando, condenaría las mejores intenciones de renovación ética a quedarse en puras intenciones; serían, por sí solas, escasamente eficaces en el tener bajo control la grave e insuficiente situación de empujar en la dirección de una “buena” reforma de la política financiera.

Comprender el potencial de cambio inherente a la crisis comienza por la decisión de hacia dónde orientar la mirada en estos momentos difíciles: hacia la defensa de los propios interesados, legítimos, pero siempre particulares, esperando regresar lo antes posible al business as usual; o más bien, al menos como intento, hacia la construcción de una “buena actividad financiera”, comprometiendo toda nuestra razón y pasión por el bien común.

1. No cualquier ética

actividadfinanciera_1La Doctrina Social de la Iglesia no provee de buenos pensamientos tranquilizadores, es más bien una rama que incide en la profundidad: juzga, purifica y se lanza al riesgo de la construcción. “La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona. (…) Conviene esforzarse —la observación aquí es esencial— no solo para que surjan sectores o segmentos ‘éticos’ de la economía o de las finanzas, sino para que toda la economía y las finanzas sean éticas y lo sean no por una etiqueta externa, sino por el respeto de exigencias intrínsecas de su propia naturaleza”1

El buen sentido común basta por sí mismo para condenar los excesos de la especulación, los comportamientos egoístas de aquellos operadores que logran procurarse ganancias sustanciales propias de la fase de inestabilidad, la iniquidad de las tendencias financieras que golpean negativamente los ahorros de las familias y llegan a evitar las probabilidades de supervivencia de los más pobres. Pero se deben conocer “las exigencias intrínsecas” de la finanza para pasar de la denuncia, que encuentra especial atención cuando saca a la luz la culpa de los “demás”, de los notorios especuladores, a la construcción. Razón y amor son llamados que nos ayudan a construir relaciones e instituciones financieras más justas y más estables para “el bien de ese ‘todos nosotros’, formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social”2.

Pasar de la denuncia a la construcción exige entonces un trabajo cultural para coger las “exigencias intrínsecas” de la naturaleza de las finanzas. Debemos recuperar la dimensión antropológica de cada acción económica, real o financiera, la cual –como sabemos bien por nuestra propia experiencia– se desenreda en el tiempo y en la incertidumbre, dentro de relaciones de interdependencia local o global. La entera economía y la entera actividad financiera, así como la entera acción política, son fruto no de mecanismos sino de decisiones libres, acciones y relaciones humanas. Es cierto que, mirando los libros y los artículos que hablan de ello, está claro que aún queda mucho por hacer para llegar a una aproximación interdisciplinaria de las finanzas, a la altura del desafío ético que tenemos delante. La Doctrina Social de la Iglesia nos coloca en ese camino. Una ética “amiga de la persona”, basada en la conciencia de nuestra original dependencia y de nuestra grandeza, «que se funda en la creación del hombre “a imagen de Dios” (Gén 1, 27), algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales»3.

actividadfinanciera_2La economía y la finanza son instrumentos, siempre imperfectos, para mejorar las condiciones de la vida humana. Todos los seres humanos tienen en común la tensión hacia el desarrollo, a “hacer, conocer y tener más, para ser más”4. La naturaleza humana también está “herida”: quisiera el bien, pero cede fácilmente al mal. “Ignorar que el hombre posee una naturaleza herida, inclinada al mal, da lugar a graves errores en el dominio de la educación, de la política, de la acción social y de las costumbres”5. La convicción de ser autosuficiente y de lograr eliminar el mal presente en la historia solo con la propia acción, ha inducido al hombre a hacer coincidir la felicidad y la salvación con formas inmanentes de bienestar material y de acción social. A la larga, estas convicciones nos han conducido a sistemas económicos, sociales y políticos que no han estado en grado de asegurar la justicia que prometían6. Sería entonces en vano ilusionarse con nuevas formas de regulación financiera que puedan bastar para asegurar la buena conducta, realizando aquella justicia a la cual aspiramos, por otro lado, ni el más intenso esfuerzo ético podría asegurar justicia estable; la presunción de estar a la altura de nuestros deseos de bienes, en realidad, terminaría por traicionarnos. Una actividad financiera “amiga de la persona” es el éxito de un sujeto humano siempre en camino. “La esperanza sostiene a la razón y le da fuerza para orientar la voluntad”7.

2. La naturaleza de la finanza: una cuestión de razón en su totalidad

La finanza es una forma particular de comercio, un intercambio intertemporal de poder de adquisición real (préstamo hoy, restitución mañana). Produciendo sus efectos en el tiempo, necesita de acuerdos sobre cómo gestionar la consecuencia de la inevitable incertidumbre del futuro, repartiendo costos y beneficios entre las partes. La distinción entre “economía real” y “actividad financiera”, cuando se separan o se colocan en contraposición, impiden el entendimiento de la naturaleza de la finanza: cada pacto financiero es una interacción económica que produce efectos reales; una relación compleja, aunque en realidad es simple, empastada de cooperación y de conflicto en cada fase (negociación, definición de los términos contractuales, desenvolvimiento, conclusión natural del contrato… o crisis).

Para llegar a un pacto financiero, debe haber confianza entre las partes: una confianza verdadera, “consistente”, entre personas comprometidas en una relación durable; o también una confianza sustituta, obtenida a través de algún mecanismo institucional. ¡Pero los sustitutos de la confianza son muy peligrosos! La crisis actual ejemplifica bien las consecuencias negativas del recurso a formar mecanicistas de confianza. Los ahorradores habían delegado sus decisiones de portafolio a los inversores institucionales, “confiándose” de manera automática de su capacidad de juicio, y prestando atención, sustancialmente, solo al perfil de rendimiento. Las remuneraciones de los mánager eran proporcionales a los resultados financieros obtenidos sobre la “confianza” de que estos fueran sostenibles en el tiempo. Tales resultados eran calculados con el market to market, es decir sobre la “confianza” de que los mercados financieros fueran capaces de atribuir el precio correcto a las actividades financieras. En ausencia de una trama de relaciones de confianza directas, se “confiaba” de las agencias de rating, que antes habían contribuido con la difusión de un injustificado sentido de seguridad y ahora multiplican los sentimientos de desconfianza.

Además de exigir confianza, la naturaleza de la finanza es intrínsecamente interdependiente. Cuando una red de relaciones objetivas de débito y crédito es construida sobre la “desconexión relacional” erigida en un sistema y en sus formas mecanicistas de confianza, tal red no puede más que ser terriblemente frágil. La gran distancia entre el punto de origen de una relación financiera y los titulares finales de costos y beneficios inciertos por naturaleza, puede dar la ilusión de ser independiente de aquella que sucede en otro lugar, pero solo se trata de ilusiones. La distancia geográfica, pero sobre todo la distancia “relacional”, vuelve las crisis dificilísimas de gestionar. La realidad no se niega: al final, se muestra por aquello que es. También la naturaleza de las finanzas, en la crisis, se ha mostrado más claramente por aquello que es: un espacio interdependiente cuya calidad depende de la calidad y del espesor de las relaciones que la habitan. La crisis financiera ha documentado la fragilidad de todo un sistema de relaciones “sutiles”, que detrás del anonimato de los mercados y de sus sustitutos de la confianza esconde una interdependencia objetiva que liga inextricablemente “mercado” y “estado”. Quizá se puede decir que la raíz antropológica de la crisis se encuentra propiamente en la determinación, tanto difundida como perversa, por censurar la cuestión de la verdad de qué son las finanzas y por descuidar la importancia de las virtudes, que expresan la calidad sustancial de las relaciones.

actividadfinanciera_3Censurar el problema sustancial de la virtud es pensar que la ética en las finanzas sea, ante todo, un problema de buenas prácticas (refiriéndose a la adopción de regulación prudencial, de códigos éticos de comportamiento por parte de los operadores financieros, de fijación de techos máximos a las remuneraciones de los mánager, de destinación de las cuotas de las utilidades para iniciativas benéficas, de otras formas de responsabilidad social de las empresas financieras…), lo que significa ilusionarse. Ninguna decisión financiera se agota en una cuestión práctica-procesal: decidir en condiciones de interdependencia, sobre la base de evaluaciones fiduciarias, requiere el compromiso de la razón en su totalidad y de la libertad de adherirse al bien. Cuando un agente financiero decide limitarse a usar la razón instrumental, “de calcular”, para perseguir un objetivo simplificado (por ejemplo, maximizar el valor corriente de un portafolio dado, utilizando, directamente o por medio de un intermediario, un sistema experto), está decidiendo —provisionalmente— asemejarse a una computadora. Pero cuando este modo de accionar se convierte en un procedimiento normal, como si la rutina fuera no solo necesaria sino también suficiente para alcanzar una buena decisión, las crisis financieras se vuelven inevitables.

El primer desafío de la ética para una buena finanza es que la “razón práctica” tome las distancias desde sus formas mutiladas, restringidas, banalizadas, dominadas por la técnica y por los procedimientos; se debe recuperar el horizonte pleno de la “razón económica” hecha por una inteligente pasión por la realidad. Además, se debe recuperar el respiro pleno de la “razón política”, que arriesga de quedarse en la realpolitik de brevísimo periodo, reduciendo a una cuestión jurídica procesal la gestión de la crisis financiera. Es típico, especialmente en Europa, contar de modo mecanicístico sobre el reforzamiento de la regulación financiera, como si fuese un remedio suficiente para prevenir la crisis8. Es ciertamente necesario actualizar periódicamente el sistema de la regulación al desarrollo de la realidad (nuevos actores, nuevos instrumentos, nuevos contextos geo-políticos…), ¡pero lamentablemente no es suficiente!

Aquí, la tarea, tanto para los que forman a los operadores de la economía y de la finanza, como para el que escribe o habla al público de ello a través de los medios de comunicación en masa, es muy difícil. Hablando y leyendo de finanza, estamos acostumbrados al horizonte estrecho del corto plazo (como van las bolsas del mundo y las subastas públicas gubernamentales…), a sofisticados modelos de diseño contractual o de regulación prudencial, a la gestión técnica de los riesgos de las instituciones y de los sistemas financieros (con los resultados decepcionantes que conocemos). ¡En cambio, por buena calidad en la evolución de la finanza cotidiana, cuenta su calidad de mediano y largo plazo!

actividadfinanciera_4Cuando el management prudente de una empresa se endeuda para sostener un proyecto que la hace crecer, en dimensión y calidad, la empresa misma, es decir, el bien de “todos nosotros” que participamos de la vida de ella (los stakeholders), la empresa continúa viviendo en la incertidumbre, pero el endeudamiento no contribuye a generar incertidumbre e inestabilidad en los mercados financieros. En cambio, sí contribuye aquel manager que, independientemente de la esfera productiva de su empresa, se endeuda para asumir riesgos puramente financieros a muy corto plazo, en vista de posibles beneficios potenciales, mientras se ejecuta el riesgo de lograr pérdidas (poco probable, pero como hemos visto, lejos de ser imposible).

Incluso en materia de finanzas públicas cuenta el mediano y largo plazo. La deuda pública no se vuelve insostenible, creando inestabilidad sistémica, solamente cuando es muy grande, sino sobre todo cuando el gasto que la ha causado no tenía como fin una inversión para el bien de “todos nosotros” y no ha fortalecido las bases reales para el progreso del país –progreso indispensable para repagar la deuda en el futuro. La cuestión de “buenas” finanzas públicas es entonces un problema ético del todo relevante, que tiene que ver con la calidad del gasto y con la calidad de los impuestos. Por ejemplo, una deuda pública emitida para financiar gastos de consumo (gasto corriente), favoreciendo exclusivamente a las generaciones presentes, sigue siendo una deuda incobrable, tanto desde el punto de vista económico como del punto de vista ético, aun cuando fuese de un monto modesto.

3. Finanzas y desarrollo: por una actividad actividad financiera verdaderamente “amiga de la persona”

actividadfinanciera_5No toda la actividad financiera es “verdadero” intercambio intertemporal: basta con observar la enorme “brecha” entre el andar de la actividad de producción y de inversión, y aquello que son las actividades financieras. Pero todas las finanzas, también la más “creativa” y aparentemente autoreferencial, depende en último análisis de la solidez de esta finanza real, orientada al desarrollo: dar crédito para que quien lo reciba lo invierta, obtenga sus frutos y restituya el monto al acreedor. Actividad financiera y desarrollo no son entonces dos términos que se conjugan con esfuerzo: están inextricablemente conectados. No existe desarrollo sin decisiones intertemporales de ahorro e inversión y no existe estabilidad financiera sin desarrollo.

La actividad financiera es “amiga de la persona” cuando sostiene y promueve el desarrollo humano. Ciertamente, no basta la finanza para este objetivo, pero esta debe, al menos, ¡no hacer ningún daño! Aunque sabemos que lo puede hacer: por ejemplo, con la práctica de recorrer los mercados futuros de productos agrícolas por motivaciones no ligadas al buen funcionamiento de adquisiciones y suministros, sino solo para tener un instrumento adicional de gestión del riesgo y del rendimiento de un portafolio financiero. Esta práctica ha contribuido en modo determinante a la elevada variabilidad de los precios de los alimentos9, variabilidad que lamentablemente no deja de cosechar víctimas.

¿Cómo realizar entonces una finanza “amiga de la persona”? “La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan. Pensándolo bien, esto es también una exigencia de la ‘razón económica’”10.

Las respuestas detalladas pueden ser dadas de manera concreta del vivir común de un “todos nosotros” en tiempo y espacio, queridos con inteligencia. Pero la respuesta sintética es muy simple. Se trata de sostener el trabajo: el trabajo de los pobres, de los jóvenes, de quien quiera emprender una idea innovadora, de quien sirve y protege a las nuevas generaciones.

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1 Benedicto XVI, Caritas in veritate, 45.
2 Allí mismo, 7.
3 Allí mismo, 45.
4 Pablo VI, Populorum progressio, 6.
5 Benedicto XVI, ob. cit., 34.
6 Ver Lug. cit.
7 Lug. cit. Para mayor profundización, con aplicaciones al financiamiento de la cooperación al desarrollo y al sistema financiero italiano, ver Simona Beretta y Lorenzo Caprio, Per una finanza amica della persona: sviluppo locale e globale, Centro di Ateneo per la dottrina sociale della Chiesa, Universitá Cattolica del Sacro Cuore, Mimeo 2011.
8 Ver P. De Grauwe, Improving the Governance of the Eurosystem, en Beretta S., Zoboli R., Global Governance in a Plural World, Vita e Pensiero, Milán 2010.
9 En el periodo de euforia financiera, el total de contratos future sobre los productos agrícolas ha aumentado significativamente; en particular el porcentaje de contratos firmados por operadores no comerciales sobre mercados agrícolas future se duplicó entre febrero del 2005 y febrero del 2008. Para mayores datos, ver OECD-FAO Agricultural Outlook 2008-2017, 2008.
10 Benedicto XVI, ob. cit., 32.

Este artículo debe citarse, según el formato APA, de la siguiente manera:Beretta, Simona (2011): “Por una actividad financiera ‘amiga de la persona’”. En Boletín de Doctrina Social de la Iglesia, año 7, n° 3, pp. 91-98. Arequipa, Perú: Centro de Pensamiento Social Católico de la Universidad Católica San Pablo y Observatorio Internacional Card. Van Thuân. Disponible en el sitio web: