Fuente: ACI Prensa

Una empresa podría pagarles muy bien a sus trabajadores (como lo hizo Henry Ford con su revolucionario salario de 5 dólares al día), e incluso podría ofrecer a sus empleados participación en la compañía, pero si sus condiciones de trabajo o sus políticas de operación son un insulto a la humanidad misma de sus empleados, difícilmente los beneficios monetarios podrían ser considerados una compensación justa. La pérdida o frustración de bienes excelentes no puede restituirse en la moneda de bienes básicos (Michael Naughton).

Cuando instrumentalizamos directamente a otros con quienes trabajamos a diario, asignándoles labores que los harán, como decía Adam Smith, “tan estúpidos cómo es posible que una criatura humana se vuelva”, se hace mucho más fácil pagarles salarios injustos o negarles cualquier participación en la propiedad de la compañía. (Adam Smith, padre de la Economía).

En su encíclica Mater et magistra, Juan XXIII escribió. “Si toda la estructura y organización de un sistema económico es tal que compromete a la dignidad humana, disminuye el sentido de responsabilidad de un hombre o le roba la oportunidad de ejercer iniciativa personal, entonces tal sistema… es del todo injusto, sin importar cuánta riqueza produce o que tan justa y equitativamente se distribuye la riqueza”.

Por lo tanto, una empresa u organización auténticamente interesada en las personas podría o más bien debería:

• Asegurar que todas las prácticas son respetuosas de la dignidad de las personas.
• Aumentar el sentido de responsabilidad del personal.
• Promover la participación del personal y otros grupos de interés para que la empresa u organización sea más eficiente y productiva.

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