abuelos

Queridos abuelos de la humanidad

Queridos abuelos de la humanidad

abuelos

 

Es un asunto de humanidad. Ayer leía una noticia en el diario de Navarra que relataba las vicisitudes de salud de tres hermanos que vivían juntos y que contaban años entre los tres para llegar a los 300. Desafortunadamente dos de ellos murieron a causa del coronavirus.

El periodista que consignó la noticia recordaba que estas personas nacieron en contextos de guerra en los años cuarenta a los que sobrevivieron y hoy se van dejando espacio para que otros más jóvenes puedan vivir.

Escribo para ellos, queriendo agradecer sus esfuerzos, y para nosotros, queriendo recordar nuestras deudas con el pasado y responsabilidades con el futuro.

Para bien o para mal, la generación de nuestros abuelos creció en medio de contextos muy difíciles que se prolongaron por muchos años.

Sabían perfectamente lo que era un estado de emergencia, así que probablemente este solo fue el cierre de un film que comenzó en medio de un gran nudo. Nacieron en tiempos de una guerra mundial y murieron en medio de una enfermedad con la misma dimensión.

Queridos abuelos de la humanidad. Quisiera agradecerles por el mundo que nos han heredados. No es el peor, tampoco es el mejor. Tenemos una deuda con sus esfuerzos y entendemos que tenemos una responsabilidad con el futuro de las nuevas generaciones.

Sabemos que serán ellos quienes juzgarán lo que hoy nosotros hicimos bien o mal. Personalmente me he forjado con el conocimiento y los grandes pensamientos de muchos de ustedes. He heredado sus pasiones y también cargo con algunas de sus pésimas elecciones a las que colaboro con mi inconciencia, mi burguesía y mi poca capacidad de sacrificio.

Sin embargo, no me quejo de ello porque es mi tarea ser mejor y más bien quisiera decirles que gracias al honor que hicieron a su humanidad, hoy seguimos teniendo mucho por hacer, pues, ya ven, no se trata de construir un mundo sin dolores ni sufrimientos sino más bien uno que aprenda a vivirlos con humildad frente a Dios, con solidaridad frente a la humanidad y con amor frente a los propios amigos y familiares.

Muchos de ustedes soñaron la paz. Otros reivindicaron la libertad por caminos rectos y otros por caminos no tan rectos. Sufrieron la guerra de la economía y probablemente alcanzaron a reírse intentando usar tabletas y Smartphones para mantenerse conectados con sus familiares. Muchos de ustedes han sido gente ejemplar, grandes esposos, grandes padres de muchos hijos. Personas que con virtud y sacrificio han permitido que el mundo en el que hoy vivimos sea posible. Las bases culturales de nuestra generación han sido puestas por ustedes, la experiencia fundamental de ser personas es un legado impagable que entregaremos a las próximas generaciones recordando el ejemplo de ustedes.

Un corto hashtag, que es lo que ahora utilizamos para promover ideas, nos ha recordado que los respetamos, que los queremos y que aún hay cosas con las que podemos alegrarlos. Gracias queridos abuelos de la humanidad.

Quisiéramos aprender de sus aciertos y sus yerros, ojalá podamos. Hoy ya no es posible ir al cementerio y mirar un montón de cruces anónimas, pues, todos los que allí se encuentran son nuestro propio pasado. Es la última enseñanza que muchos de ustedes nos han querido dejar antes de irse. Seguro, Dios se encargará de darles la medalla que muchos de ustedes no recibieron en vida al ser simplemente soldados, médicos, madres y padres anónimos para el mundo.

Magister en Filosofía por la Universidad Católica San Antonio de Murcia, España. Filósofo y Teólogo por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Actualmente realiza su tesis de doctorado en Filosofía en la Universidad de Navarra en el pensamiento del filósofo francés Paul Ricoeur. Es profesor de Antropología Filosófica y encargado de investigación en el Departamento de Humanidades de la Universidad Católica San Pablo.