Depresión y familia: una aproximación al rol de los padres

Depresión y familia: una aproximación al rol de los padres

Depresion y familia

La depresión es un trastorno mental que en los últimos años ha tomado un preocupante aumento de prevalencia en la población mundial, siendo la afección mental más común y, que en su forma más severa, puede llevar al suicidio. Este trastorno del estado de ánimo significa una de las principales causas de discapacidad y deterioro de la calidad de vida a nivel mundial. No sólo para la persona que lo sufre sino también para su entorno más cercano. Uno de los principales grupos afectados es la familia, núcleo de la socialización y primera base para el desarrollo de la salud mental. Considerando esta premisa, todo abordaje de la depresión y sus consecuencias necesita, de manera indudable, tener en cuenta cómo la familia influye tanto en la configuración del trastorno como en la recuperación de la persona que lo sufre.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión afecta a más de 350 millones de personas en el mundo, alrededor el 3% de la población general. Con una edad de inicio promedio en la adultez temprana; es decir, a partir de los 18 años (Kessler & Bromet, 2013). Existen diversas discusiones sobre las causas; sin embargo, es un consenso la influencia directa de factores biológicos, genéticos y psicosociales en el surgimiento de la depresión. Este panorama otorga a la familia, entorno en el que se presentan los tres factores mencionados, mayor protagonismo al momento de entender esta enfermedad.

Numerosas investigaciones evidencian de manera clara que el ambiente familiar tiene una significativa intervención en la aparición de sintomatología depresiva en los hijos. Se conoce, por ejemplo, que 1 de cada 10 niños experimenta durante la infancia al menos una situación adversa cada año (Gilbert et al. 2009). Estas experiencias, -que incluyen desde abuso sexual, emocional, físico, negligencia física y emocional, hasta problemas en el hogar, padres separados o divorciados-, muestran relación directamente proporcional con problemas de salud mental como el consumo de drogas y alcohol, intentos de suicidio, depresión, entre otros (Gibb et al., 2007; Gilbert et al., 2009; Spinhoven et al., 2010; Merrick et al., 2017).

Por otro lado, los síntomas depresivos de los padres afectan de manera directa e indirecta a sus hijos. Ya desde la gestación, la depresión influye en el desarrollo del feto. Al comparar imágenes de resonancia magnética entre bebés de madres con síntomas depresivos y bebés con madres sin estos síntomas, un grupo de investigadores encontraron que aquellos bebés de madres con historia de depresión durante el embarazo tenían mayores alteraciones en la materia blanca, una estructura involucrada con el proceso de comunicación entre las diferentes regiones del cerebro (Dean et al., 2018). Evidencia previa sobre la relación entre la depresión maternal y el desarrollo infantil demuestra que los bebés de madres con síntomas depresivos tienden a sufrir de bajo peso y suelen necesitar de cuidado intensivo después del nacimiento. También encontró que las mujeres embarazadas con depresión que no reciben tratamiento, faltan con mayor frecuencia a las revisiones médicas post parto. De acuerdo con Biaggi et al. (2016), entre 7% y 20% de mujeres sufren de problemas de ansiedad o depresión durante y después de la gestación, afectando a los hijos, no porque se transmita como una enfermedad contagiosa, sino porque la madre con sintomatología depresiva manifiesta poca capacidad de darle a su hijo la estimulación y el cuidado que necesita. Así mismo, las madres con mayores síntomas depresivos ofrecen menor apoyo emocional y menos material de aprendizaje a sus hijos en distintas edades, lo que repercute en el rendimiento académico a corto y largo plazo (Wu et al., 2018).

Otra variable del entorno familiar que es, especialmente necesaria a tomar en cuenta, es el estilo de crianza como factor que tiene impacto a largo plazo en la salud mental de los hijos. El estilo autoritativo, en el que existen altos niveles de exigencia, normas y castigos excesivos, bajos niveles de afecto y poca cercanía en las relaciones entre los miembros; así como el estilo permisivo, en el que la disciplina y las normas están ausentes, promueven un entorno en el que los hijos tienen mayor probabilidad de desencadenar síntomas depresivos. Por el contrario, un estilo de crianza democrático ha evidenciado, entre otros beneficios, brindar a los hijos mejores recursos de protección para prevenir y enfrentar los síntomas de la depresión (Ebrahimi et al., 2017; Piko & Balázs, 2012; Richaud, 2005).

Resulta evidente, entonces, considerar que la salud mental de los hijos está estrechamente relacionada, aunque no determinada, por la salud mental de los padres. Hoy en día se ve una gran inversión de esfuerzo, tiempo y dinero en prevenir enfermedades mentales en los hijos; sin embargo, con mucha frecuencia se descuida la salud mental y bienestar de los padres así como la armonía de la dinámica familiar, elementos que son la base para la educación y formación de los hijos. Padres con salud mental tienen mayor probabilidad y recursos para fomentar un entorno adaptativo y protector que les permita educar hijos que sean capaces de desarrollarse plenamente.

Tomar en cuenta el entorno familiar y la salud de cada uno de los padres permite tener un vista más amplia al momento de prevenir e intervenir en casos de depresión. Es necesario entender la depresión en contexto y promover la búsqueda de tratamientos eficaces que aborden a la persona afectada y su entorno más cercano de manera integral.

 

Bibliografía:

Biaggi, A. Conroy, S. Pawlby, S. Pariante C. (2016). Identifying the women at risk of antenatal anxiety and depression: a systematic review. Journal of Affective Disorders, 191(1), 62-77.

Dean, D. Planalp, E. Wooten, W., et al. (2018). Association of Prenatal Maternal Depression and Anxiety Symptoms With Infant White Matter Microstructure. JAMA Pediatrics. Published online August 27, 2018.

Ebrahimi, L. Amiri, M. & Mohamadlou, M. & Rezapur, R. (2017). Attachment Styles, Parenting Styles, and Depression. International Journal of Mental Health and Addiction. 15(3), 1-5. DOI: 10.1007/s11469-017-9770-y.

Gibb, B.E., Chelminski, I. & Zimmerman, M. (2007). Childhood emotional, physical, and sexual abuse, and diagnoses of depressive and anxiety disorders in adult psychiatric outpatients. Depression and Anxiety, 24, 256-263.

Gilbert, R., Widom, C.S., Browne, K., Fergusson, D., Webb, E. & Janson, S. (2009). Burden and consequences of child maltreatment in high-income countries. The Lancet, 373, 68-81. DOI: 10.1016/S0140- 6736(08)61706-7

Kessler, R. Bromet, E. (2013). The epidemiology of depression across cultures. Annual Review of Public Health, 34, 119–138.

Merricka, M.   Ports, K. Forda, D. Afifib, T. Gershoff, E. Grogan-Kaylo, A. (2017). Unpacking the impact of adverse childhood experiences on adult mental health. Child Abuse & Neglect, 69, 10–19.

Moussavi, S. Chatterji, S. Verdes, E. Tandon, A. Patel, V Bedirham, T. (2007). Depressión, Chronic Diseases, and Decrements in Health: Results From the World Health Surveys. The Lancet, 370(9590), 851-858.

Piko, B. & Balázs, M. (2012). Control or involvement? Relationship between parenting style and adolescent depressive symptomatology. European Child & Adolescent Psychiatry, 21(3), 149-155.

Richaud, M. (2005). Parental styles and copying strategies in children. Revista Latinoamericana de Psicología, 37(1), 47-58.

Spinhoven, P., Elzinga, B.M., Hovens, J.G.F.M., Roelofs, K., Zitman, F.G., van Oppen, P. & Penninx, B.W.J.H. (2010). The specificity of childhood adversities and negative life events across the life span to anxiety and depressive disorders. Journal of Affective Disorders, 126(1-2), 103-12. DOI: 10.1016/j.jad.2010.02.132

Wu, V. East, P. Delker, E. Blanco, E. Caballero, G. Delva, J. Lozoff, B. Gahagan, S. (2018). Associations Among Mothers’ Depression, Emotional and Learning?Material Support to Their Child, and Children’s Cognitive Functioning: A 16?Year Longitudinal Study. Child Development. 1-17 DOI: 10.1111/cdev.13071.

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