El diablo, Lumumba y los cocineros

El diablo, Lumumba y los cocineros

 

Alejandro Neyra, amenísimo narrador nacional y exministro de cultura, en una conferencia que dio en nuestra Universidad sobre la presencia de peruanos en la ficción, contó que en una ocasión revisando un libro de historia de la gastronomía se dio con la sorpresa de que el desavisado autor atribuía la invención del rocoto relleno a un tal Manuel de Masías.

Quien conozca la obra del excepcional escritor arequipeño Carlos Herrera sabrá que Manuel de Masías es el personaje de uno de sus más famosos cuentos titulado Historia de Manuel de Masías, el hombre que creó el rocoto relleno y cocinó para el diablo. En este cuento, Manuel de Masías es un cocinero arequipeño que, hacia fines del siglo XVIII, cosechó fama en el Perú y en Europa, inventó el rocoto relleno y, ante la muerte de su hija, desciende a los infiernos y pacta con Lucifer: si es capaz de cocinar una cena que lo satisfaga podrá recuperar el alma de su adorada hija Delphine, lo que termina por lograr. Neyra comentaba que no era la primera vez que encontraba referencias a un personaje de ficción en una obra que no lo es, pero, una obra en la que además aparecía el Demonio, ya era un exceso.

Me acordé de esta anécdota y de este cocinero arequipeño ficticio cuando, revisando periódicos de los años sesenta para mi investigación doctoral, me encontré con un sugerente titular que relataba la historia de otro cocinero arequipeño, esta vez real. El titular reza: Un arequipeño hizo el último banquete de Patricio Lumumba. El texto que acompaña al titular nos da a conocer a Héctor Limay (que, en ese entonces, 1962, tenía treinta y nueve años), un cocinero arequipeño que estudió nueve años en Estados Unidos, se desempeñó como el cocinero de Palacio en el gobierno de Manuel Prado, cocinó para Richard Nixon y encandiló a Patrice Lumumba a punta de anticuchos y ceviche de corvina.

Para los lectores que no sepan quien fue Patrice Lumumba les cuento que fue un líder anticolonialista congolés que después de lograr la independencia de su país (que había sido sometido por Bélgica por más de setenta y cinco años) fue nombrado primer ministro. Lumumba se pronunció a favor del socialismo, lo que conllevó fuertes reparos por parte de las potencias occidentales. Esto, sumado a su panafricanismo radical, condujo a que Kasavubu, presidente del Congo, lo apresara y lo entregara a los rebeldes quienes lo torturaron, lo asesinaron y disolvieron su cuerpo en ácidos minerales.

Desestabilizado el régimen congoleño cayó presa de uno de los dictadores más sangrientos de la historia africana: Mobutu Sese Seko. Mobutu, que adoptó una postura anticomunista y se audodenominó todo poderoso guerrero invencible, gobernó el Congo de 1965 a 1997 y es considerado el mandatario más corrupto de África; de hecho, el término cleptocracia (sistema de gobierno en el que prima el interés por el enriquecimiento propio a costa de los bienes públicos) fue acuñado pensando en su régimen. Además, llevó a cabo una política de represión durísima y fue cómplice de los hutus ruandeses en el genocidio que acabó con cerca de un millón de tutsis.

Pero Mobutu no fue un caso aislado, luego del proceso de descolonización de África, los nuevos estados africanos cayeron presas de oscuros personajes megalómanos que cometieron las más delirantes y bestiales arbitrariedades para complacer sus enfermas ansias de poder. Así tenemos, por ejemplo, el caso de Jean-Bédel Bokassa, líder de la República Centroafricana y delirante admirador de Napoleón, que gastó veinticinco millones de dólares de un país pobrísimo para costear una coronación en la que se autoproclamó emperador. A esta coronación, realizada en un polideportivo fue invitado al Papa Juan Pablo II. Luego de que el Pontífice rechazara la invitación, el líder centroafricano, en venganza, se convirtió al islam. Bokassa era un autócrata extremadamente sanguinario: practicaba la antropofagia (tenía carne humana congelada en su refrigeradora), mataba a algunos de sus rivales con sus propias manos, tuvo cincuenta hijos en diecinueve mujeres distintas y obligó a los escolares de su atribulado país a llevar su retrato bordado en sus uniformes.

Otro excéntrico y cruel dictador africano fue el ugandés Idi Amin Dada, conocido por la película El último rey de Escocia. Él se hizo nombrar conquistador del imperio británico luego de expulsar a los diplomáticos ingleses de su país, fue un acérrimo admirador de Hitler y su régimen acabó con cerca de medio millón de personas de las maneras más salvajes posibles.

Luego de la descolonización impulsada por la ONU, el África negra se vio ante una encrucijada harto complicada: por un lado, la cultura africana era poco compatible con la mitología política moderna (estado, democracia, nación) que más bien sirvió para legitimar un despotismo salvaje que hizo explotar rencillas interétnicas que habían sido adormecidas por la colonización; por otro lado, los nuevos países africanos se vieron jalonados en medio de la lucha por la hegemonía del mundo entre soviéticos y estadounidenses, quienes no repararon en el bienestar de los africanos para poder acrecentar su poder. Las ilusiones de independencia y de bienestar se vieron frustradas por la miseria, la guerra, la corrupción y las tiranías más sangrientas y demenciales.

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Ya lo sé, estimado lector, este artículo solo fue una vil excusa para difundir la obra de un excepcional escritor y un poco de historia de la descolonización de África, pero eso no quita que también podamos encontrar una enseñanza edificante: ahora, cuando quieran repetir el rocoto relleno o sientan que se excedieron con el americano y la culpa los embargue, acuérdense que tampoco el diablo ni un sesentero líder socialista congolés pudieron resistir a la sazón de un buen cocinero arequipeño.

Magister en Historia por la Universidad Católica San Pablo y abogado por la Universidad Católica de Santa María. Actualmente cursa el doctorado en Humanidades para el Mundo Contemporáneo de la Universidad Abad Oliva CEU de Barcelona, España. Es profesor a tiempo completo en la Universidad Católica San Pablo. Ha publicado dos novelas cortas: “El Síndrome de Nothing Hill” (2013) y “El Indignado” (2015). Han sido publicados textos suyos en revistas literarias nacionales. Ha ganado el segundo lugar en el concurso de dramaturgia “El canto del grillo” con la obra “Una mujer autónoma, espontánea y profunda” (2017).