Importancia de la familia en el desarrollo psicoafectivo del adolescente

Importancia de la familia en el desarrollo psicoafectivo del adolescente

importancia de la familia en el desarrollo psicoafectivo del adolescente

Cuando un hijo o hija ya no acepta el beso de despedida o se ruboriza enfrente de los amigos si les brindas una palabra o una expresión de amor, es el momento en que te das cuenta que tu hijo ya está inmerso en una de las etapas de grandes cambios fisiológicos y psicológicos, la adolescencia.

En este estadio de la vida tiene lugar un proceso de maduración gradual de la persona en tres planos: mental o cognitivo, afectivo y de la personalidad. El aspecto afectivo es en especial de suma importancia en esta etapa, pues en este plano, la maduración se concreta en el paso de las emociones confusas a los sentimientos diferenciados; de sentimientos apasionados muy variados y con gran fuerza operativa a convertirse en enérgicos motivos para actuar (Castillo, 2016). Estas son las características de la adolescencia: vivir en la novedad, vivir al tope de las emociones y los grandes ideales, experimentar por sí mismos los límites propuestos. La maduración afectiva por lo tanto abarcará el aprendizaje del autocontrol de las emociones, los sentimientos así como el desarrollo de la capacidad para expresarlos (Castillo, 2016).

Gran parte de estas manifestaciones se deben a los sorprendentes cambios en las estructuras cerebrales implicadas en las emociones, juicio, organización del comportamiento y autocontrol.  El cerebro adolescente todavía es un trabajo en progreso por lo que los adolescentes procesan información sobre las emociones de manera diferente a los adultos (Begley,2000). Al parecer los adolescentes tempranos (edades 11 a 13 años) utilizan predominantemente la amígdala cerebral, que tiene una fuerte participación en las reacciones emocionales e instintivas; mientras que los adolescentes mayores tenían una mayor probabilidad de utilizar los lóbulos frontales, que manejan la planificación, razonamiento, juicio, regulación emocional, control de impulsos y que, en consecuencia, permiten juicios más precisos y razonados (Yurgelun-Todd, 2002). Esto explicaría en parte, porque algunos adolescentes jóvenes toman decisiones poco prudentes como el abuso de sustancias o conductas sexuales de riesgo.  El cerebro inmaduro dificulta que la razón supere al sentimiento, que las advertencias lógicas de los adultos sean persuasivas (Yurgelon-Todd, 2002) y que el enfocarse en metas a largo plazo resulte más difícil para los adolescentes (Chambers, Taylor y Potenza, 2003).

Por ello, el rol de la familia como educadora y guía es crucial. En la familia es donde se aprende a querer; donde se forman alianzas, donde se aprenden hábitos y conductas. Para una buena educación de la afectividad se debe incluir la “conación”. Es decir, que se involucre la cabeza, el conocimiento y el corazón. Esta formación afectiva debe ser una tarea diaria y adecuada a la edad, madurez y sexo de los hijos, que será mucho más efectiva en los adolescentes si se ha iniciado a temprana edad. Esta formación requerirá crear espacios de confianza y diálogo abierto, fomentar momentos para alfabetizar los sentimientos, capacitar en la distinción de lo que sienten y en la comunicación de ello de una manera correcta.

Puede pensarse que este es un momento del ciclo familiar donde hay un mayor tiempo de riñas con los padres y los hermanos, pero no hay que olvidar que cambios representan una gran oportunidad de cercanía. Es un momento donde los padres deben más que nunca acompañar para dar las pautas para un buen desarrollo integral. Si bien los adolescentes requieren un parámetro de comportamiento, este no debe ser coercitivo. El adolescente debe sentirse escuchado y comprendido, para que escuche y comprenda el punto de vista de sus padres; los cuales no pueden renunciar a orientarle, a hacerlo consciente y responsable de sus actos.

Es importante fortalecer el ambiente dentro de la familia para un buen desarrollo psicoactivo del adolescente. Entre más información y conciencia se tenga de esta etapa, se podrá sacar mayor partido a las oportunidades que esta etapa ofrece para poder conducir y acompañar de la mejor manera esta transición que permite al niño hacerse adulto, buscar la independencia y alcanzar su madurez.

 

Alejandro Santacruz Perales
Head of School of Cumbres International School Toluca

 

Bibliografía

Begley, Sharon. (February 28, 2000). Getting inside a teen brain. Newsweek, 135 (9), 58-59.
Castillo G. (2016). El adolescente y sus retos: Madrid: Ediciones Pirámide.

Chambers, R. A., Taylor, J. R., & Potenza, M. N. (2003). Developmental neurocircuitry of motivation in adolescence: a critical period of addiction vulnerability. American journal of psychiatry, 160(6), 1041-1052.

Sánchez, C. (2020). Una nueva perspectiva / Entrevistado por Jimmy Fallon. Revista Internacional de Pedagogía.

Yurgelun-Todd, D. (2002) Inside the Teen Brain: Frontline PBS.org. http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/teenbrain/interviews/todd.html