Navidad y pandemia

Navidad en pandemia y el milagro que salva al mundo

Navidad en pandemia y el milagro que salva al mundo

Navidad y pandemia

Foto: MARTIN DIVISEK EFE, web de El Mundo.

Dr. Jorge Martinez B.Por: Jorge Martínez, profesor de Filosofía y del Departamento de Humanidades de la Universidad Católica San Pablo.

Nos van a faltar los calificativos para describir el año que está terminando, pero si queremos encontrar los más apropiados, tal vez convenga hacer un repaso descriptivo de este 2020 que se nos va. Lo primero por señalar es que ha sido un año signado por la presencia aparentemente triunfal de la muerte. Uno diría que ha sido un año extraño también por el hecho de que hemos vivido con la tanatofobia (miedo a la muerte) a flor de piel, incluso suscribiendo cosas absurdas para sentirnos tácitamente invulnerables. ¿Vino a recordarnos esta pandemia nuestra fragilidad? ¿Ha servido esto para hacernos reflexionar en cosas que realmente importan? Creo que no.

Puede que muchos de nosotros individualmente nos hayamos hecho algunas preguntas insondables, pero si vamos al plano más social o político, vemos que nos han ganado el miedo, la preocupación y la perplejidad. Hemos convivido con el culto, a veces idolátrico, a los científicos; aun cuando hemos sorprendido a algunos de ellos opinando cosas diametralmente opuestas. Hemos convivido con las torpezas de los gobiernos, consumido toneladas de información tóxica (nunca hubo esta explosión de noticias falsas como la hubo este año).

Lo que esta pandemia ha venido a mostrarnos es que hemos desarrollado una preocupación paroxística por la “nuda vida”, empleando la expresión del italiano Giorgio Agamben. Es tal el miedo a morir que solamente unas sociedades que no creen en otra cosa más que la mera vida, han podido permitir el brutal sacrificio de las condiciones normales de una existencia verdaderamente humana y plena.

Junto con esta adoración de la vida biológica también nos hemos permitido la legalización de prácticas contrarias a la vida misma. En Argentina ya tiene media sanción la legislación que autoriza el aborto sin necesidad de invocar causales. En Chile se acaba de aprobar la iniciativa de legislar en favor de la eutanasia. Ambas decisiones han sido tomadas en tiempo de Adviento. Vemos así, por una parte, tanatofobia, exacerbada hasta los límites de poner en juego la dignidad misma de nuestras personas. Y, por otra parte, tanatofilia, disfrazada con el nombre de “derecho” y esgrimiendo como excusa el rostro infame de una falsificada compasión.

No hay que indagar mucho para advertir la proximidad de ambas actitudes, a tal punto que las dos tienen un origen común: el hecho de solamente creer en que la humanidad de nuestras personas comienza y termina en los límites de nuestros cuerpos. ¿Cómo romper esa circularidad a la larga mortífera? Y aquí, por curioso que parezca, pueden servirnos las palabras de una filósofa judía a quien le fue dado descubrir cuánto más hay de “mera vida” en un nacimiento.

Esa filósofa es Hannah Arendt, quien en su libro “The Human Condition” escribe: “El milagro que salva al mundo, al reino de los asuntos humanos de su ruina normal, ‘natural’, es en definitiva el hecho de la natalidad, en el cual se enraíza ontológicamente la capacidad de obrar. En otras palabras, se trata del nacimiento de nuevos hombres, de nuevos comienzos, se trata de la obra de la que son capaces por haber nacido (…). Esta fe y esta esperanza en el mundo encontraron tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras con las que el Evangelio anuncia la buena noticia: ‘un niño nos ha nacido’”

Se ha querido que la noche de su nacimiento, la noche más importante desde la creación del mundo, haya sido una noche de paz. Y parece que ahora, en la larga noche que ha sido este año, nos damos cuenta de que el haber nacido de noche nos está diciendo también otra cosa: por más oscuridad que haya, el Hijo del Hombre está ahí para alumbrar las tinieblas. El Hijo del Hombre nació de noche para recordarnos que la verdadera Luz es Él.

Y también nos dice que la “mera vida”, la vida biológica, lo rodea en las figuras del pesebre. Ellas ofrecen un marco de calor y proveen el contexto para que la genuina vida, la del alma, o la del cuerpo al servicio del alma, adquiera su carácter de renovado principio, de nuevo comienzo contenido en cada nacimiento. Es esto lo que nos permite preguntarnos, como nuestro Patrono San Pablo en su Primera Epístola a los Corintios, 15: 55-56: ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? Que esta sea nuestra oración de este año en la más maravillosa de las noches.

Ultimas Noticias

La San Pablo pone el hombro: estudiantes acuden e invitan a vacunarse

Los alumnos y el personal de la Universidad Católica San Pablo (UCSP) ponen el hombro en la lucha contra el COVID-19. Los primeros lo hacen acudiendo a vacunarse para protegerse ellos y a su entorno del virus, y los segundos, apoyando en la organización de las jornadas de inmunización que se desarrollan desde el domingo 12 hasta el miércoles 15 de setiembre en la sede de la UCSP.

“El sombrero ya no le es suficiente a Castillo para conservar su popularidad”

El uso del ‘sombrero chotano’ por parte del presidente Pedro Castillo, prenda con la que busca reflejar su origen cultural y su cercanía con la población rural del país ya empezó a perder utilidad política y solo le serviría de ‘refugio’, ante la falta de capacidad comunicativa para sostener su gestión presidencial, sostuvo el politógo, Carlos Timaná, director del CEGOB-UCSP. En esta nota analiza la situación del actual gobierno y gobernante.

Legado de Pedro Paulet: UCSP da movimiento al primer prototipo de nave espacial del mundo

El legado inventivo de Pedro Paulet Mostajo ha sido recuperado por la UCSP. Tras 8 meses de trabajo presentaron el autobólido que el ilustre arequipeño diseñó en 1902 en una maqueta a escala y animada, es decir, que tiene movimiento. Esto la convierte en la primera en su tipo en Arequipa y el país. El autobólido es el primer diseño de una nave espacial que hubo en el mundo.