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Investigación de la San Pablo a favor del medio ambiente gana Premio Nacional de la SNI

 

Proyecto que usa bacterias para limpiar aguas residuales de curtiembres obtuvo segundo lugar en “Premio a la Innovación 2022”

 

La Universidad Católica San Pablo, a través del grupo de Investigación de Ciencia y Tecnología Ambiental (CTA), logró el segundo lugar en la última versión del «Premio a la Innovación 2022», organizado por la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), cuya convocatoria fue a nivel nacional.

El galardón en la categoría académica, fue otorgado a la investigación denominada: Biorremediación bacteriológica, una tecnología eficaz para la remediación ambiental de las industrias del cuero. El grupo CTA-UCSP es parte del Departamento de Ingenierías de la Industria y el Ambiente.

Mediante este proyecto los investigadores de esta casa de estudios, lograron identificar bacterias nativas capaces de reducir la alta toxicidad del cromo hexavalente de aguas residuales provenientes de las curtiembres de Arequipa. El hallazgo permitirá aminorar el impacto de la contaminación provocada por estos líquidos, altamente lesivos para el medio ambiente y para la salud de las personas. Es que, la exposición continua al cromo provoca cáncer y otras enfermedades degenerativas.

PROYECTO INNOVADOR

El coordinador del grupo de investigación CTA-UCSP, Dr. Javier Montalvo Andia, explicó que el proyecto nació en 2019 y para su desarrollo, inicialmente concursaron y obtuvieron fondos del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Concytec) por aproximadamente 550 000 soles.

 

Dr. Montalvo en la ceremonia de premiación de la SNI en Lima.

 

El trabajo se centró en la conocida laguna de oxidación de Río Seco, ubicada en el parque industrial del cono norte de la ciudad. Allí alrededor de 400 empresas dedicadas a la industria del cuero y otras actividades —la mayoría informales—, desechan sus aguas con alto contenido de cromo y metales pesados, exponiendo a los residentes del lugar y contaminando la zona.

De esta manera, se tomaron muestras de los desechos de la laguna de oxidación con el fin de aislar y cultivar bacterias resistentes a metales pesados que viven en estas aguas. Posteriormente tras un minucioso trabajo de aislamiento, cultivo y pruebas de tolerancia, se enviaron las mejores cepas bacterianas al laboratorio Macrogen de Corea del Sur, para su identificación molecular, dónde determinaron que tres de estas bacterias eran reductoras de cromo VI (la variación más contaminante de este metal).

Estas fueron identificadas como P. mirabilisH. campaniense y B. pumilus, microorganismos que tienen la propiedad de reducir el cromo VI a cromo III, una forma 1 000 veces menos lesiva de este metal pesado y con el cual se puede dar tratamiento a estás aguas residuales. Este proceso es conocido como biorremediación bacteriológica.

El Dr. Montalvo, explica que la biorremediación bacteriológica, es una alternativa ecológica y eficaz para restaurar y remediar los sitios contaminados con cromo mediante cepas bacterianas. «Estos microorganismos juegan un papel vital en la disminución del cromo 6 al cromo 3, porque tienen capacidad de reducción y biosorción, por lo que es una opción confiable y factible para manejar aguas residuales contaminadas por cromo y otros metales. Las bacterias, además, mostraron resistencia a otros metales pesados, por lo que la tecnología podría usarse como alternativa de remediación en otras áreas, como la minería e industria en general”, resaltó.

El especialista explicó que, la implementación de la biorremediación bacteriológica, demanda costos bajos en comparación de otras tecnologías por lo que su aplicación es viable y una alternativa amigable para enfrentar los efectos contaminantes de los metales pesados.

 

 

Esta innovación fue reconocida por la SNI como un gran aporte para la ciencia en el país, pues representa el primer paso para empezar a remediar la contaminación de aguas residuales de las curtiembres. «De alguna manera hemos hallado la solución dentro de este problema», recuerda Montalvo.

En el desarrollo de esta investigación tuvo un papel relevante el biólogo, Cristofer Chambi Mamani, apoyado por la  ingeniera química, Patricia Pacheco Umpire, ambos miembros del equipo técnico del Proyecto 037, financiado por el Banco Mundial y el Concytec. Junto a ellos también trabajaron, el biotecnólogo Lalo Monzón y la ingeniera química, Rosa Atayupanqui.

 

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