Amistad, empresa y economía

Amistad, empresa y economía

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Gonzalo Flores-Castro Lingán

Por: Gonzalo Flores-Castro Lingán – Docente del Departamento de Humanidades de la Universidad Católica San Pablo (UCSP) 

Uno de esos bienes escasos de los cuales deberían hablar los economistas, o las personas dedicadas a la actividad económica, es la amistad. ¿No es acaso un bien? ¿No es acaso escaso? ¿No es algo para lo cual haya un “mercado”? Pues parece ser un bien muy alto, como diría Aristóteles, «es lo más necesario para la vida», a lo que añade, «sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes».

Quizás alguien podría decir que la amistad es algo que no puede venderse, y tendría razón. Una amistad en la cual haya un interés de por medio no parece ser la mejor de las amistades o incluso no parece ser amistad alguna. Por eso aconsejaba Séneca a Lucilio, haciendo eco a Aristóteles: «La amistad por interés no busca el bien del amigo, sino cierto beneficio. Estas amistades no son auténticas y son fáciles de disolver cuando el amigo deja de ser útil o agradable».

Se podría argüir que la amistad, si bien es algo valioso, no tiene precio y por tanto no puede ser un tema que ha de tratar alguien dedicado al mercado. Esta crítica también tendría razón, puesto que, como afirma C.S. Lewis, «la amistad es innecesaria, tal como la filosofía, como el arte. No tiene ningún valor de supervivencia; más bien es una de esas cosas que da valor a la supervivencia». Tiene un valor de fin más que de medio, estando el mercado al servicio de la amistad y no a la inversa.

Entonces, aunque siendo bien y escaso parece no ser del tipo de bienes con los cuales se pueda hacer negocio. Entonces, ¿por qué debería ser objeto de los hombres de empresa? Los motivos parecen ser distintos de los económicos y, al no caer dentro de ellos, parecen ser sencillamente ignorados. Este error es más común de lo que se cree, pues es frecuente pensar que, como las empresas y otras organizaciones tienen finalidades económicas, éstas pueden ser analizadas exclusivamente desde esas categorías. Como hace notar el profesor Pérez López:

«Que el resultado del actuar de las empresas tenga un sentido económico –generación de riqueza material-, es fuente también de otra confusión bastante extendida. Esa confusión consiste en pensar que, puesto que la ciencia económica es la que analiza los procesos de producción y distribución de la riqueza material, las empresas –actores en ese proceso- pueden ser entendidas utilizando tan sólo las categorías y conceptos de la ciencia económica. Ese error sería equivalente al error que podría cometer quien pensase que, dado que la obra musical de Beethoven se expresa a través de sonidos, el mejor modo de entenderla sería el estudio de esa parte de la Física que es la Acústica.»

La amistad, si bien no entra en el análisis económico habitual, permea toda actividad económica. De hecho, la supone, así como supone que las personas son relacionales por naturaleza. La amistad, a diferencia de otros bienes, parece subordinar el resto de bienes hacia sí misma. Lo hace notar Aristóteles «sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes», Séneca «la amistad por interés no busca el bien del amigo», es decir, la verdadera amistad no está subordinada al interés, y Lewis, «[la amistad] no tiene ningún valor de supervivencia; más bien es una de esas cosas que da valor a la supervivencia». Como señalamos, la amistad es un fin más que un medio, subordinando el resto de bienes mercantiles a su consecución.

Todo esto se debe a que la actividad económica está al servicio del bien común de una sociedad. Ese bien común consisten en el conjunto de condiciones que hacen posible a las personas el logro más pleno y más fácil de su perfección. Dicho de otra manera, la economía está al servicio de las personas y sus relaciones de amistad. Se busca, pues, que las personas consigan su perfección, y para hacerlo requieren de vínculos con otros, de amistad verdadera, dada su naturaleza relacional.

Es por eso que las personas dedicadas a la actividad económica deben de hablar no sólo de asuntos de riqueza material, sino de aquella riqueza que pueden facilitar a los miembros de su organización, a saber, la relación de amistad; subordinando sus esfuerzos económicos a que dichas relaciones se generen, crezcan y mantengan en el tiempo. Nos adherimos pues a lo que dice Nuria Chinchilla, profesora del IESE Business School:

«La misión específica de la empresa como institución es generar riqueza y repartirla de modo equitativo, pero no podemos olvidar que la misión genérica de cualquier organización humana es ayudar a crecer profesional y personalmente a las personas que allí trabajan, y facilitar que desarrollen entre sí relaciones de amistad».