Características de la juventud

Características de la juventud

45375
Compartir

Acabamos de celebrar el Día de la Juventud. Hace algún tiempo, con ocasión de esta misma celebración y a modo de motivación, pregunté en clase a alumnos de quinto de secundaria cuáles eran, a su criterio, las características más representativas de la juventud, aquello que la distingue. Las ideas fluyeron rápidamente y fueron plasmándose en un listado en la pizarra: vigor, creatividad, empeño, audacia, amabilidad, ingenio, practicidad, espíritu crítico, espíritu analítico, honestidad, vitalidad, sinceridad. Todo lo que me dijeron coincidía con una persona a quien, desde que la conocí, aprendí a valorarla. Si la pregunta hubiera sido, describan a Manuel Olivé, les aseguro que los que lo conocieron hubieran dicho lo mismo; la diferencia era que Manuel tenía, en ese entonces, cerca de 80 años. Mi deducción fue muy lógica. Si eso es lo que caracteriza a un joven, Manuel Olivé es un joven.

Ese día aprendí, gracias a los jóvenes, que la juventud no es un periodo de la vida sino un estado del espíritu humano. Se es joven mientras se tenga vigor, empeño, amistad, audacia, creatividad, esperanza, ilusión, tenga la edad que se tenga. En consecuencia, es propio decir que existen jóvenes que pierden su juventud y ancianos que conservan la lozanía de los años mozos. Es real y apropiado hablar en este sentido de ‘juventud acumulada’.

Quienes conocieron a Manuel Olivé saben que vino al Perú a los 75 años de edad a empezar una nueva misión. Creó una revista, construyó una escuela, trabajó incansablemente en muchas ciudades del Perú para que los jóvenes descubrieran su vocación y en todo su actuar demostró su juventud pues era vigoroso, creativo, empeñoso, audaz, amable, ingenioso, práctico, crítico, analítico, honesto, vital, sincero.

Entendí entonces que la vitalidad de la juventud les impele a ser laboriosos, a amar la acción, la actividad. Que la laboriosidad es propia de los jóvenes porque son tenaces, por eso no vacilan en dejarlo todo para cumplir con su labor poniendo lo mejor de sí en su tarea. En ese sentido son empeñosos.

Entendí también que la amistad en los jóvenes surge casi espontáneamente porque tienen la capacidad de conectarse con el otro. De esa capacidad de unión, surgen la comprensión más auténtica y el acompañamiento, características de una relación profunda. Ellos saben llegar a lo profundo del corazón del otro; es un logro invalorable que enriquece sus vidas. Los jóvenes descubren no sólo la necesidad de la amistad sino que valoran la felicidad que produce la amistad. Por eso son capaces de cantar junto a Roberto Carlos: ‘yo quiero tener un millón de amigos…’

La audacia y creatividad propia de la juventud, los lleva a tener iniciativa, a no esperar indicaciones para hacer lo que es necesario, por eso son atrevidos en el sentido de proponer lo que aún no se ha pensado. Este es el valor propio del líder. Esta audacia tiene que ver con la rapidez, la agilidad física y mental, lo cual genera ganas, disposición, entusiasmo, iniciativa.

Es señal de juventud la transparencia, característica que arrastran desde la niñez y por eso se vinculan con la verdad y la veracidad, con la honradez. Son limpios, no tiene nada que ocultar, por eso se les puede creer, no sólo dicen la verdad sino que sacan la cara por la verdad, no tienen doblez. Son rectos de corazón.

Finalmente, lo que caracteriza a los jóvenes es la ilusión, la esperanza. Ese estar siempre mirando al futuro. Para ellos el presente no es más que un paso hacia el futuro, hacia el más allá, hacia donde quieren llegar. Por eso inventan, inician, reinician sin miedo, se proyectan, sueñan. Viven para adelante, desarrollan optimismo, ganas de vivir, derrochan esperanza. Tienen innata la capacidad de proyectar, de prever. Esta esperanza es lo que renueva su entusiasmo, lo que les exige valentía, riesgo, coraje.

Ésta es la realidad de los jóvenes, éste es el dinamismo de su propia naturaleza que no admite vacíos. A este respecto Cuadro Moreno dirá: “Si no ejercita esos buenos valores, el sitio, el vacío que dejaría la ausencia de valores, sería ocupado por antivalores”. Si esto ocurriera ese ‘joven’ pierde el dinamismo de su juventud y se envejece, deja de ser nuevo, lozano, vital. Perdió la esencia de la juventud tiene otras características que ya no pertenecen a la categoría ‘juventud’. El secreto de la buena educación está en que empecemos a mirar las cosas de otra manera. Entender a los jóvenes desde esta perspectiva da pie para empezar a analizar dónde cómo y por qué muchos jóvenes pierden su juventud.

Finalmente, ¿por qué muchos jóvenes pierden su juventud?

Básicamente, por el mal uso de la libertad. Hasta aquí podría entenderse que la causa es el descuido familiar o la calle; podría parecer que la juventud se pierde por causas ajenas a los propios jóvenes, pero esa visión sería una visión reductiva. Porque quitaría responsabilidad al propio joven. Cada uno es dueño de su destino, y aquí entra en juego la propia libertad. Es decir la capacidad que todos tenemos de darnos cuenta qué es lo bueno y qué es lo malo y qué elijo para mí. Esta decisión es el famoso albedrío o libre albedrío, que, curiosamente, tiene dos acepciones contradictorias. La primera acepción que es a la que quiero referirme dice que el albedrío es la potestad de obrar por reflexión y elección. La otra acepción del término lo degrada: Se refiere a la voluntad no gobernada por la razón sino por el apetito, antojo o capricho. Pero cuando la voluntad humana no es gobernada por la razón eso no es libertad porque la persona actúa esclavizada por el capricho o el bajo apetito. Eduquemos entonces la capacidad en los jóvenes de obrar por reflexión y libre elección si queremos que tengan lozana su juventud.