Con las pilas nuevas

Con las pilas nuevas

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Foto: elcomercio.pe

Mg. Jorge Pacheco TejadaPor: Mg. Jorge Pacheco Tejada, decano de Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica San Pablo

Muchas instituciones educativas de nuestra región han iniciado un nuevo periodo escolar esta semana. En este contexto, el argot de la tecnología hace que digamos una frase muy común y que todos entienden, no sólo el sentido tecnológico sino también el sentido figurado: “Hay que ponerse las pilas”, mejor aún “empecemos el año escolar con las pilas nuevas”. Esto significa que debemos empezar con ánimo redoblado y no como quien funciona con las ‘pilas bajas’.

Empezar el año académico con las pilas nuevas, nos incluye a todos: alumnos, profesores, padres de familia… Empezar con buen ánimo, en el fondo, es sentirnos libres y autónomos, valorados en nuestros conocimientos, experiencias y motivaciones. Este tiene que ser un año mejor y distinto. Seguramente hemos tenido algunos errores el año pasado, ése es nuestro mejor aprendizaje, con esa experiencia este año tiene que ser mejor y distinto.

De lo que se trata es de impulsar la inteligencia colectiva que nos anime para crear y trabajar juntos, lo que implica: conocernos mutuamente, elaborar proyectos comunes, realizar acciones comunes, compartir lo que somos y tenemos. Sería muy bueno que nos preguntemos: ¿Cómo quisiéramos que sea, a partir de este año, nuestra institución educativa?

Hice esta pregunta a un grupo de profesores en una reunión con motivo del inicio del año escolar. Muchos coincidieron en señalar que aspiran a que sea abierta, apasionada, colaborativa, comprometida, divertida, innovadora y más humana.

Una institución educativa es abierta en la medida que incluya en lugar de excluir, que acoja, que brinde confianza. Esto no requiere de inversión, sólo de una disposición clara y de actitudes consecuentes.

Todos debemos asumir la tarea educativa con pasión, en el sentido de interés, deseo vehemente de hacer que el servicio educativo sea de calidad, que forme verdaderamente a la persona humana.

Para que la escuela sea colaborativa, debemos ser capaces de crear relaciones cordiales basadas en la actitud flexible, confiada, plural, que tome en cuenta a las personas, a cada integrante de la comunidad educativa. Dentro del aula, si tratamos cordialmente a nuestros alumnos, obtendremos de ellos el deseo de colaborar; y distribuyendo las responsabilidades entre todos, los haremos sentir útiles, tomados en cuenta.

Decimos a menudo y casi de memoria: la educación es tarea de todos. Para que esto sea verdad, debemos asumir que todos somos responsables de la calidad educativa. En otras palabras, la mejora en el servicio educativo debe ser un compromiso de todos. Esto incluye a alumnos, padres de familia, autoridades, profesores y trabajadores administrativos, cada quien desde su rol, comprometido para que las cosas sean siempre bien hechas.

Hoy se habla mucho de la escuela divertida. De la educación divertida ¡Cuidado!, el término tiene varias acepciones y puede llevarnos a un mal entendimiento. No se trata de educar distrayendo de las ocupaciones ordinarias, como es una de las acepciones de la Real Academia de la Lengua; sino educar con alegría, con buen humor. Sin el rigor absurdo que asusta y retrae, sino con la satisfacción de saber que aprendo para mi propio desarrollo.

La novedad está en nuestras actitudes. Antes pedíamos: obediencia, diligencia y conocimiento el resultado era el temor. Hoy lo que se pide es iniciativa, colaboración, creatividad y pasión; el resultado es el amor. Sobre esta base es que debemos reinventarnos. Me refiero a no sólo cambiar, sino transformar, replantear, una escuela entendida como organización que integra a líderes, docentes, alumnos, padres de familia.

La escuela es más humana cuando trata a las personas con respeto, cuando atiende a cada uno en sus necesidades y requerimientos, cuando actúa de cara a los alumnos. Ellos deben ser el centro de nuestras preocupaciones. Una escuela humana es vital, transformadora.

Si la institución educativa tiene todas esas características, el proyecto educativo no se lee en un documento sino que está inscrito en el aula, en la vida institucional, en las actividades que se realizan, en la actitud de todos, de cada uno de sus integrantes. Debemos preguntarnos con interés: ¿Qué queremos de la educación que brindamos?. ¿Que nos incluya al mercado o que nos haga a todos cada vez más personas?

La escuela tiene que ser lugar de encuentro y la comunidad educativa debe significar una experiencia de participación donde se tenga en cuenta los valores que están expresados en el Proyecto Educativo. Para ello se necesita recrear la escuela que está en crisis: crear consensos y entendimientos. Seamos creativos, asumamos este nuevo año académico con la decisión de cambiar la mentalidad, las costumbres y las estructuras.

Se comentaba en un congreso educativo reciente que nuestro modelo debe ser como el hospital de campaña, es decir una escuela nómada, en salida, no instalada en su esclerosis, que vaya donde está la gente herida que nos pide cercanía y atención. La escuela que ha entendido que educar es humanizar a la persona de sus alumnos, debe estar dispuesta a atenderlos de manera inmediata y urgente, para darles vida saludable.

Estamos en los primeros días de clases…dispongámonos a iniciar este  periodo académico con entusiasmo y actitud de esperanza. Somos instrumentos en las manos del Señor para moldear la persona de los alumnos que son los futuros ciudadanos que harán grande a nuestro Perú. Ánimo en esta tarea fascinante de educar.

Fuente: Radio San Martín – columna “Educar sin perder el rumbo”