Día de la juventud

Día de la juventud

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jorge-pacheco-1Mgtr. Jorge Pacheco Tejada Director del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo

El día domingo empieza la primavera y festejamos el día de la juventud.

Hablar de los jóvenes siempre es paradójico. Valoramos lo que significa ser joven pero también somos conscientes de que atraviesan una etapa difícil, pero  no por culpa de ellos sino de la cultura que les estamos heredando.

Hoy, percibo con pena y preocupación que los jóvenes sacan, con mucha facilidad, a Dios de sus vidas.  Algunos llaman a este fenómeno el proceso de descristianización

Y esto no es moda, sino que obedece a cuatro consecuencias que se desprenden de la no centralidad de la persona humana en la sociedad.

Cuando una sociedad de consumo gira en torno al tener y al placer, ocurren cuatro consecuencias que las vemos en la conducta juvenil:

Materialización de las necesidades humanas: que no es otra cosa que la  suplantación del ser por el tener. En la sociedad actual, los jóvenes están más preocupados por los problemas del consumismo que por las ambiciones más profundas del ser humano como es la verdadera felicidad y el sentido de realización humana. Creen, en cambio, que las soluciones a los problemas están  en el dinero, en el placer y en el poder.

Otra consecuencia son los derechos anti vida. La vida humana, cuando no es el centro de la existencia,  pierde sentido y así se explica  el problema del aborto y la eutanasia. Se devalúa la maternidad y la paternidad.

La tercera consecuencia de la falta de centralidad de la persona humana es la Relativización de la familia. Se desnaturaliza el matrimonio como fundamento de la familia. Se desvirtúa el concepto del amor. Y como consecuencia, los hijos crecen desprovistos de afecto familiar.

La cuarta consecuencia es la  Desesperanza del ser humano. Hoy a los jóvenes ya no se les puede hablar de la  esperanza cristiana fundamentada en el amor cristiano porque provienen de una  cultura que niega la trascendencia.

Lo peor que podemos hacer los padres de familia y los maestros es mantenernos indiferentes a la tragedia juvenil que supone enfrentarse a la vida faltos de esperanza y faltos de amor.

¿Qué actitud percibo en los alumnos cuando se le habla de “Dios – de fe, de religión”?

Si me piden una respuesta sincera, diría:

  • La creciente desconfianza en la Iglesia,
  • El deseo de liberarse de una tutela que se percibe como limitadora de la propia libertad,
  • La necesidad de rebelarse contra normas y marcos de convivencia que se presentan como opresivos.

Debiéramos entonces preguntarnos: ¿Qué podemos hacer desde la escuela y desde la familia tanto los profesores como los padres de familia?

Lo primero que debemos hacer es: Situarnos en el aquí y en el ahora, es decir, entender lo que está pasando para enfrentar esta realidad con claridad y certeza. Esto implica por ejemplo, Caer en la cuenta de que se está produciendo un cambio muy importante en la sociedad occidental que quiere reconstruir sus orígenes al margen de sus raíces cristianas.

Darnos cuenta que vivimos en una sociedad que, de hecho, es ya en muchos aspectos, una sociedad post-cristiana y tenemos que aprender a situarnos en ella de forma más testimonial y menos patrimonial. No se le puede imponer a los hijos la creencia en Dios, pero en cambio se requiere un mensaje cargado de caridad y con una llamada a no perder la esperanza.

No Podemos sentirnos, los educadores católicos y los padres de familia creyentes libres de culpa frente a:

         La indiferencia religiosa

         La confusión respecto a los principios morales

         La ausencia de Dios en la vida  y en la cultura

         El relativismo de los principios morales

Es importante que nos demos cuenta de las carencias importantes en la formación cristiana de nuestros alumnos y de nuestros hijos. Estas carencias nos invitan positivamente a informarnos y a formarnos mejor, a conocer más a fondo nuestras propias convicciones. También revelan la necesidad de seguir estudiando a fondo y críticamente el cristianismo.

¿Qué podemos hacer desde nuestro rol de Profesores  y de padres creyentes?

Más que polemizar, nuestro mejor argumento es mostrar con testimonios y ejemplos que el Cristianismo, a pesar de sus muchas carencias y contradicciones, ha contribuido y sigue contribuyendo de muchas formas a hacer más justa, más solidaria y mejor esta sociedad que quiere prescindir de él.

Pero sobre todo demostrar la consistencia de nuestra fe a través de nuestro testimonio de vida. Esto nos obliga a que revisemos nuestras convicciones

  • ¿Somos personas de fe?
  • ¿Cómo influye nuestra fe en nuestra vida?

El testimonio fluye natural cuando expresa nuestras convicciones.

Si alguien me preguntara ¿Qué ventajas tiene educar en la fe?

Respondería convencido que educar en la fe brinda consistencia a nuestro proyecto de vida, porque nos pone en la perspectiva de la trascendencia. Y ésa es la razón de nuestra esperanza.

Nos brinda coherencia. Sabiendo que nuestras acciones tienen un soporte que son los valores cristianos.

Da sentido al AMOR, a la plenitud del amor verdadero que es entrega generosa. El amor egoísta es una deformación del verdadero amor que es el ‘don gozoso de sí mismo al servicio de los demás’.

Agregaría además, que por la fe sabemos que hay un Dios que nos quiere, que nos acompaña y nos fortalece; y, entonces, las vicisitudes de la vida se hacen más llevaderas.

Por eso en esta fiesta de la juventud, que es la primavera de la vida, el regalo más grande que podemos brindar a nuestros hijos y alumnos es formarlos en la fe. Que descubran la existencia de un Dios que es generoso, no solo con la naturaleza que es exultante de vida en esta época de primavera, sino que es capaz de dar VIDA ABUNDANTE EN ESTA ETAPA DE JUVENTUD.

Ésa es la verdadera felicidad que ojalá podamos disfrutarla en esta fecha primaveral.

Hasta la próxima semana si Dios quiere