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El Monasterio de Santa Catalina y el arte de la luz en la arquitectura

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Imagen: Internet.

Marisol Arquitectura 2Por: Marisol Velazco Gutiérrez, arquitecta con especialidad en Arte, docente de la Escuela de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Católica San Pablo.

El color es un elemento importante, pero poco examinado en la arquitectura virreinal arequipeña. Sin embargo, llamo la atención a cronistas y viajeros de la época que narran como el color acompaño esta singular arquitectura, actualmente está desapareciendo sistemáticamente por el raspado manual o mecánico de las piezas de los muros para mostrar el color natural del sillar a pesar de no ser un tratamiento adecuado para su conservación.

El color utilizado en la arquitectura del Monasterio de Santa Catalina, fundado en 1879 con área de 20 426 m2, no es el color natural del material, sino el color en base a pigmentos que tiene la propiedad de cambiar su apariencia, denominado pintura mural. Según su uso puede ser clasificada como pintura mural plana y pintura mural decorativa. En el Monasterio de Santa Catalina conviven ambas al interior y al exterior de los espacios, que la configuran como conjunto urbano entre ellos seis calles, tres claustros, una plaza, la iglesia, los jardines las celdas entre otros.

El color de la pintura mural plana y la pintura mural decorativa del Monasterio de Santa Catalina es una expresión artística que está supeditada a la arquitectura que lo contiene y tiene la cualidad de caracterizar el espacio, conformando ambos un solo elemento. Los colores utilizados en sus claustros y calles son los colores encontrados en sus muros de sillar, luego de hacer las prospecciones estratigráficas o calas de exploración durante el tratamiento de conservación y restauración para su apertura al público en 1970.

Los colores predominantes encontrados son los que se utilizaron para el plan de color del Monasterio. Es así que el color azul añil esta predominando en el claustro de los Naranjos, el color ocre rojo para la mayoría de las calles, el color blanco para el claustro del noviciado y el interior de las celdas, el color ocre naranja para el ingreso y para el claustro mayor, entre otros. Seguro que esta imagen no siempre fue la misma que tenía el monasterio a lo largo del tiempo, debido a que la cualidad del color permite cambiar el aspecto de la arquitectura según las modas, remodelaciones, ampliaciones, mantenimiento y también por motivos sanitarios entre otros, como se evidencia en las policromías ocultas en los muros.

El color existe gracias a la luz y en el Monasterio de Santa Catalina tiene un papel muy importante, sobre todo en el claro oscuro de sus grandes formas geométricas, donde juega con nuestra imaginación. Las sombras reflejan el color de sus colores complementarios es así que los grandes volúmenes rojos dan la sensación de tener tonos verdosos y los azules ultramar tonos naranjas o dorados, que hacen oscurecer el color, negando las sombras negras. Estos colores son de percepción cambiante según la hora del día y los grados de humedad del ambiente. En épocas de lluvia la percepción es completamente diferente, finalmente la luz de Arequipa es tan fuerte que por el día parece que sobre los colores se aplicara una veladura que los armoniza y por las tardes convierte los blancos en dorados.

Monasterio de Santa Catalina
Proceso de liberación de pintura mural coro bajo del Monasterio de Santa Catalina. Foto: Isabel Olivares.

La pintura mural decorativa del monasterio con motivos religiosos o florales en su mayoría tienen peculiares características, fueron hechas en técnica del temple al seco, es decir no son frescos como la mayoría cree o describe y son al igual que la pintura mural plana el resultado de hechos técnicos, sociales, históricos y medioambientales.

Lo expuesto muestra, entre otros motivos, por qué el Monasterio de Santa Catalina es el principal monumento  de la arquitectura arequipeña, es el mejor ejemplo de nuestra evolución arquitectónica, donde está plasmada nuestra historia y cultura, calificado como único e irrepetible y declarado patrimonio cultural de la humanidad en el año 2000

Estos  valores  y sensibilidad que reconoce el mundo en  nuestra arquitectura  deben ser, conocidos, estudiados y  respetados por los futuros profesionales de la arquitectura. Ello es parte de  lo que se va a inculcar a los jóvenes que, desde este año, estudiarán la carrera de Arquitectura y Urbanismo en la Universidad Católica San Pablo. Nuestra propuesta es dar una perspectiva integradora de la arquitectura mediante una visión holística de tan bella profesión que une arte y técnica en su ejercicio.