El trabajo desde una aproximación antropológica cristiana

El trabajo desde una aproximación antropológica cristiana

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german-chavezPor: Dr. Germán Chávez Contreras. rector de la Universidad Católica San Pabloeconomista y doctor en Ciencias Sociales.

Al recordar el Día del Trabajo, quiero referirme al mismo desde una aproximación antropológica, esto es, tomando como centro a la persona que realiza una actividad productiva y que no necesariamente genera una compensación económica. Por lo general el trabajo tiende a ser despersonalizado y se piensa que no es más que un factor de producción remunerado, como ocurre con el capital y los recursos naturales. El trabajo es más que eso.

Entendamos que el trabajo es aquella actividad que solo puede ser realizada por el hombre (persona humana) y como lo plantea la doctrina social de la Iglesia en la carta encíclica “Laborem Excercens”, es el acto que realiza la persona y que la pone en la capacidad de transformar la naturaleza, colaborando de esta manera con la obra del Creador, a la vez que se pone al servicio de los demás. El trabajo así entendido, es dignificante y se convierte en un espacio de realización humana.

Desde la antropológica cristiana podemos referirnos al “trabajo objetivo” y al “trabajo subjetivo”. Por el primero, la persona realiza una función determinada, propia de un cargo específico. En esta función la persona podría ser reemplazada y probablemente no se note la diferencia pues la función como tal, lleva por lo general al mismo resultado, esto es, al producto final que tiende a ser siempre homogéneo.

Por su lado, la aproximación subjetiva del trabajo se refiere al sujeto que trabaja, sujeto con la capacidad de obrar racionalmente, capaz de tomar decisiones por sí mismo. En este sentido, la persona, a la par que cumple con las funciones del cargo, se despliega, se proyecta al trabajar, generando relaciones humanas muy particulares, en el entendido de que la persona es un ser único e irrepetible. En este sentido, si bien dos personas pueden cumplir de la misma manera una determinada función, las relaciones humanas que generan serán necesariamente diferentes. No mejores, no peores, simplemente diferentes.

Decimos pues que el trabajo desde su aproximación subjetiva evidencia que las “relaciones laborales” son en realidad relaciones humanas. Así, el trabajo se torna en actividad plenificante, que eleva a la persona en su dignidad. Recordemos que Cristo dedicó al trabajo manual la mayor parte de su vida.

Justamente la empresa, por ser generadora de trabajo, adquiere un valor excepcional. Por el trabajo que crea, toda organización se convierte en un espacio de crecimiento y realización humana. Por este motivo, los empresarios, atendiendo al destino universal de los bienes, otro principio de la doctrina social de la Iglesia, deben esforzarse por mantener viva la empresa, por hacerla crecer, y por generar una cultura organizacional que aporte al fortalecimiento de las buenas relaciones humanas que en ellas se den.