Una democracia en agonía: Las elecciones en Venezuela analizadas desde el Derecho...

Una democracia en agonía: Las elecciones en Venezuela analizadas desde el Derecho Internacional Público

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Foto: Newsweek en español (AFP PHOTO / Juan BARRETO)

Foto M. MaldonadoPor: Dra. María Alejandra Maldonado Adrián, directora de Relaciones Internacionales y Cooperación de la Universidad Católica San Pablo, docente de Derecho Internacional Público de la Facultad de Derecho de la UCSP, Juris Doctor y magister en Derecho por la Universidad de Illinois, Estados Unidos.

“A ponerse las alpargatas, que lo que viene es joropo”. Ese es un refrán popular que se usa en Venezuela cuando se espera que las cosas se compliquen más. Lamentablemente, todo indica que así será, pues la situación económico-social, el respeto al Estado de Derecho y la democracia venezolana en su conjunto, están agonizando. El clima político internacional referido al caso Venezuela también se deteriora a diario.

Estos días, el Derecho Internacional Público (DIP) que enseño en las aulas de la Universidad Católica San Pablo está cada vez más vivo y palpable, específicamente lo referido a “reconocimiento de gobierno”. Cuando planteamos este tema, le pido a mis alumnos estar atentos al anuncio de los resultados de los comicios electorales presidenciales, y a los “saludos o felicitaciones” que anuncia haber recibido el candidato ganador. Ese acto unilateral y soberano de los Estados de felicitar al ganador de una contienda electoral es una forma de “reconocimiento de gobierno” y constituye un indicativo de cómo serán las relaciones entre esos Estados durante el mandato de ese gobierno.

Ahora bien, igualmente soberana es la decisión de “no reconocimiento” que hemos visto ser manifestado de manera explícita por miembros de la comunidad internacional a raíz de las “elecciones” presidenciales en Venezuela del pasado 20 de mayo. Elecciones que están entre comillas por ser cuestionadas en su legalidad – por haber sido convocadas por la Asamblea Nacional Constituyente fuera del procedimiento constitucional establecido – y en su legitimidad – por el bajo índice de participación de los electores, pues según fuentes oficiales, Nicolas Maduro ganó las elecciones con el 32,4 % del padrón electoral.

Ante situaciones como las plateadas, el DIP ha desarrollado doctrinas de legitimidad democrática, siendo dos las más conocidas: por un lado, la enunciada por el canciller del Ecuador, Carlos Tobar (1907), según la cual no debería reconocerse a los Gobiernos surgidos de un acto de fuerza, hasta tanto se haya restituido el hilo constitucional. Por la otra, la doctrina propuesta por el mexicano Genero Estrada (1930) que considera el reconocimiento como una práctica de intervención en asuntos internos y, por tanto, inaceptable.

Ciertamente, estas doctrinas han sido aplicadas en distintas épocas algunas veces de manera rigurosa y otras de manera muy laxa según los intereses de los Estados.

Principio de autodeterminación de los pueblos Vs. no intervención.

Existe un principio en el DIP de “no intervención” en los asuntos internos previsto en la Carta de las Naciones Unidas. ¿Quiere decir, entonces que un dictador puede hacer lo que quiera dentro de sus fronteras? Evidentemente, no. Por tanto, estos principios clásicos del DIP ameritan constante reflexión y actualización, como indicó hace más de 60 años don Rómulo Betancourt, padre de la democracia venezolana.

Siendo así, el “no reconocimiento” se convierte en un mecanismo lento pero efectivo para promover la cultura democrática en los países del continente. Este es el espíritu de la Carta Democrática, aprobada en Lima el 11 de setiembre del 2001, en el marco del Sistema Interamericano.

¿Cuál ha sido la reacción de la comunidad internacional frente a los resultados electorales del 20 de mayo en Venezuela?

El efecto dominó de “no reconocimiento” se inició incluso antes del 20 de mayo. Los gobiernos de los 14 Estados que conforman el Grupo de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía) en Declaración conjunta desconocieron la legitimidad de esas elecciones” por no cumplir con los estándares internacionales de un proceso democrático, libre, justo y transparente”.

En virtud de lo anterior, Perú a través de su Ministro de Relaciones Exteriores, convocó al Encargado de Negocios de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela, para transmitirle el no reconocimiento a las elecciones realizadas en ese país. Esto en DIP se conoce como protesta.

Los líderes del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido) se sumaron al rechazo también expresado por la Unión Europea al resultado electoral en Venezuela y denunciaron su desarrollo por “no cumplir los estándares internacionales” ni asegurar “garantías básicas”.

Estados Unidos, de manera unilateral, anunció nuevas sanciones de impacto económico en contra del gobierno madurista y sus funcionarios más cercanos. Lo propio ha hecho recientemente el gobierno de Canadá, que anunció sanciones económicas contra Maduro y sus allegados. Además, calificó de “ilegítimas y antidemocráticas” las elecciones en el país llanero.

A nivel de la OEA, los tiempos corren un poco más lento, pero no cabe duda que existe un esfuerzo diplomático para lograr que se active la Carta Democrática Interamericana y, finalmente, se apruebe la exclusión de Venezuela de la OEA por incumplir uno de los propósitos de este organismo:  promover la democracia y el respeto al Estado de Derecho entre sus Estados miembros.

Ahora bien, como es usual en DIP, es probable que la población no perciba las consecuencias a este “no reconocimiento” de manera inmediata. Efectivamente, esto toma tiempo.

Según fuentes oficialistas, lo que en realidad le importa a Maduro es el “reconocimiento de sus compatriotas”. Al menos, eso dicen. La verdad es que estas medidas de presión si afectan y lo saben, así es que Sr Maduro, recomiendo comenzar a desempolvar las alpargatas. Ya sabe lo que está por venir.