Fútbol, lealtad y vida

Fútbol, lealtad y vida

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Foto: Publimetro

Jose Manuel RodriguezPor: José Manuel Rodríguez Canales – Doctor en Ciencias Sociales y profesor principal de la Universidad Católica San Pablo

El proceso de eliminatorias que comienza el 8 de octubre del 2015 y termina el 15 de noviembre del 2017 junto con las dos copas América del 2015 y el 2016, con muy buenos resultados en ambos casos, y que futbolísticamente se prolonga hasta el partido con Escocia del 29 de mayo del 2018 y continuará en el mundial de Rusia, deja un aprendizaje fundamental que, según este humilde aficionado, se puede sintetizar, en una palabra: lealtad. Un aprendizaje que es el resultado más importante de todos.

La lealtad no es complicidad en el mal, no calla ante los errores, los denuncia y ayuda a mejorar. La omertá, ese silencio cobarde que el mafioso exige con amenazas o cobros de algún favor, no tiene nada que ver con la lealtad.

La lealtad rechaza el perverso principio de la complicidad: para los amigos todo, para los enemigos la ley. Todo lo contrario, la lealtad cumple la ley, la asimila como un compromiso insoslayable, la respeta con transparencia, la sigue con firmeza, aunque eso traiga como resultado enemistarse con amigos que no son tales. Los verdaderos amigos jamás nos piden mentir o hacer el mal.

La lealtad es una forma sublime de respeto a la verdad que recoge al que cae, pero jamás justifica la caída; ayuda al débil sin aceptar la debilidad; pide ayuda sinceramente pero jamás carga en las espaldas del otro lo que es responsabilidad propia; no exige más que el bien de todos; busca lo mejor, lo más alto, lo más perfecto sin amilanarse ante los fracasos.

Leal fue Gareca desde el inicio. Leal fue la Federación con él. Leal Oblitas con todos sus compromisos. Y esta virtud ha sido la savia que alimentó a todos los jugadores que han participado desde el principio, independientemente de los resultados que, como todos sabemos, no dependen absolutamente del esfuerzo, pero jamás se alcanzan sin él.

Uno por uno, todos, y creo que digo bien, todos los partidos de Perú, en estos dos años y pico, muestran un sólido compromiso, un hábito de dar lo mejor en cada juego que evidencia un trabajo serio y sereno fuera de la cancha. No hay magia, no hay trucos ni tips, no hay secretos del éxito en todo esto. Se puede jugar bien o mal, pero nunca sin compromiso.

Hay lealtad, es decir, fidelidad a los compromisos asumidos en el proceso y con las personas que lo llevan a cabo. De allí viene el orden, la constancia, la lucidez para proponer los cambios, la escucha constante a cada jugador, al hincha, al periodismo, el trabajo planificado y nunca abandonado a pesar de lo riesgoso de cada decisión (pienso por ejemplo en la decisión de poner a Cáceda contra Ecuador después de su grave error en el partido con Bolivia).

La lealtad no se improvisa, se atesora, se cultiva antes que nada en el interior del propio corazón. La lealtad comienza con la mirada al bien común como asentimiento a la verdad, antes que nada, sobre uno mismo. Es una clave de lectura de este proceso futbolero y de la vida misma. Eso nos viene dejando la Selección peruana, y creo que por eso nos resulta tan querida.

Artículo originalmente publicado en: www.roncuaz.blogspot.com

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Artículo anterior del autor: Vencimos el miedo