La cena navideña inolvidable*

La cena navideña inolvidable*

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Imagen: Mujer Pandora

Mg. Jorge Pacheco TejadaPor: Dr: Jorge Pacheco Tejada, director del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo.

La sociedad de consumo ha tergiversado el sentido que tiene la hermosa fiesta de Navidad. ¿Qué sentido tiene la cena navideña? No se trata de una deliciosa comida, solamente, sino de poner de relieve el don de la comunicación familiar.

Lo importante es que nuestros hijos sepan que nos estamos comprometiendo con ellos respecto a algo que nos hace falta y que queremos regalarles de verdad: la capacidad comunicativa familiar. Por ser algo tan significativo, no puede improvisarse, dejemos a nuestra imaginación y pongámosle corazón para que esta cena sea inolvidable por los vínculos que genere en la familia.

Este regalo navideño hará entender que la comunicación familiar tiene que mejorar, crecer en el tiempo y en el espacio y no quedarse sólo en la Nochebuena.

Reflexionemos un poco sobre el sentido social de la alimentación humana. Todos necesitamos alimentarnos, pero sólo el ser humano hace de esta actividad, el espacio de socialización por excelencia. Lastimosamente, este espacio se está perdiendo, y lo que es peor, casi ni nos preocupa.

El no compartir la mesa ha ido socavando la relación padres e hijos. Ésta es una preocupación constante del Papa Francisco quien ha advertido el riesgo que implica la falta de comunicación, pues poco a poco nos convertimos en desconocidos en nuestra propia familia. El Papa habló de la “tacañería moderna”, es decir el no querer “gastar” tiempo para hablar, reflexionar, orientar. Así se cae en un “dialoguismo” superficial que no conduce a un verdadero encuentro de la mente y el corazón.

Debemos restituir a la cena el valor que tiene como espacio para dialogar, para acercarnos, compartir y conocernos. No dejemos que la modernidad del ambiente laboral nos quite el tiempo que necesariamente debemos dedicar a los hijos. Tengamos muy en cuenta que cenar regularmente con nuestros hijos los protege y los potencia. Debemos sacar el máximo beneficio de este espacio privilegiado.

No olvidemos que la característica esencial de la familia, por su natural vocación, es educar a los hijos. Y en esta responsabilidad no desperdiciemos cuanta oportunidad esté a nuestro alcance.

La vida humana no puede ser producto de un laboratorio, sino que se desenvuelve en la normalidad de la vida familiar. Jesús mismo pasó por esta experiencia. Él se formó en la dinámica de la vida de familia. Tenemos el   ejemplo de los padres de Jesús que siendo sencillos y humildes supieron inculcar en su hijo la fe, la libertad y la valentía necesarias para crecer y madurar. Me imagino la riqueza de esos diálogos alrededor de la mesa.

Que esta celebración navideña sirva, en algunos casos para recuperar el protagonismo de padres educadores con amor, ternura y paciencia; y en otros, para mantener y profundizar esa relación armoniosa con nuestros hijos, condición básica para educarlos como hombres y mujeres de bien.

No permitamos que la sociedad de consumo desvirtúe el sentido de la Navidad en nuestra familia. Hagamos que nuestras costumbres y tradiciones mantengan la profundidad de esta fiesta religiosa.

Que en nuestra cena navideña podamos conversar en torno a la esperanza, la gratitud y los sueños, o sobre el perdón, el amor y la responsabilidad. Contémosles a nuestros hijos nuestra historia personal y familiar en torno a éstos u otros valores.

Acostumbremos y motivemos a nuestros hijos a que compartan con nosotros, en familia, sus sueños, sus proyectos, sus metas; así como sus dificultades o preocupaciones en los diversos ámbitos de su vida. Así podrán convencerse de que los papás estamos para apoyarlos porque nuestro mayor gozo es que cada día sea un paso por el camino correcto hacia sus grandes metas.

Hagamos que esta Navidad sea una celebración inolvidable y que marque el nuevo rumbo de nuestra historia familiar. Que a partir de esta cena navideña nos comprometamos a cenar regularmente con nuestros hijos para promover y crecer en comunicación familiar que es la clave para poder conocernos, atender mejor su desarrollo

Feliz Navidad a todos.

*Artículo difundido por Radio San Martín, el 19 de diciembre de 2018, en la columna “Educar sin perder el rumbo”.