La corrupción y sus efectos*

La corrupción y sus efectos*

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Foto: Peru21

german-chavezPor: Dr. Germán Chávez Contreras. rector de la Universidad Católica San Pabloeconomista y doctor en Ciencias Sociales.

Sin duda estamos atravesando uno de los momentos más complejos de la historia política del país. La corrupción –que no es un problema reciente– ha  llegado a niveles que afectan no solo a los que se involucran en estos actos. La corrupción se ha introducido en el “día a día” de todos los peruanos y está impactando negativamente no solo en las personas e instituciones, sino en las relaciones que se dan  entre ellas, es decir, afectando a la cultura misma, entendida como el conjunto de relaciones humanas y sociales.

La corrupción nos pone ante una crisis de confianza. De acuerdo al ranking del Foro Económico Mundial, el Perú el año 2010 ocupaba el lugar 120 entre 139 países en el índice de confianza. Este índice para el año 2016 mejora ligeramente y nos ubica en el lugar 104 entre 138 países, pero seguimos rezagados en un índice que por su carácter internacional, es utilizado por la empresa privada para decidir si invierten o no en el Perú.

Justamente, un primer efecto negativo de la corrupción se da a nivel de la inversión privada que tiene como fundamento la confianza, valor central en las relaciones humanas y sociales. El país que se expone a actividades corruptas, es menos confiable y menos competitivo en el contexto internacional.

Otro efecto negativo es la informalidad. La corrupción y la informalidad, en mucho van de la mano, pues ambas promueven las economías sumergidas, la coima, el robo y la estafa; por mencionar solo algunos aspectos.

La lucha contra la corrupción le cuesta al país. Justamente, dentro de las medidas recientes del ejecutivo, está triplicar el presupuesto de la fiscalía. Este mayor gasto en fiscalización, significa seguramente un menor gasto en políticas sociales, tan necesarias para mucha gente que requiere del apoyo concreto del Estado.

Por último tenemos que la corrupción reduce las capacidades del país para invertir en programas relacionados con la salud, educación y nutrición en las comunidades más pobres del país. La corrupción promueve una economía perversa que favorece a unos cuantos corruptos y descuida a las poblaciones mas necesitadas.

Lava Jato es un caso de corrupción muy grave que se ha proyectado hasta lo más profundo del tejido social de nuestro país, poniendo en duda la transparencia y eficacia del sistema de justicia y en riesgo la capacidad misma de gobierno en el Perú.

Cada vez se cree menos en las promesas de los políticos. Parece que cada vez es mas difícil salir de este dinamismo pernicioso de corrupción y violencia ciudadana. Concluyo señalando que para recuperar la confianza, hace falta más que un discurso del Presidente. Hace falta el compromiso de todos por forjar una sociedad mejor.

*Artículo publicado en el diario Sin Fronteras el 17 de febrero de 2017