La Familia: cambios, perspectivas y su invalorable importancia

La Familia: cambios, perspectivas y su invalorable importancia

405
Compartir

Mag. Rodolfo J. Castro Salinas  - Director del Instituto para el Matrimonio y la Familia (IMF)Por: Magtr. Rodolfo Castro Salinas – Director del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la UCSP

En 1948 la Organización de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y en su artículo 16, inciso 3 se afirma: «La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado»[1]. Llama la atención que únicamente la institución familiar sea referida como objeto de protección de derecho[2], entonces ¿Cuál es la importancia de la familia y en qué radica su carácter insustituible? ¿Qué la hace tan necesaria que pese al cambio de época sigue siendo una institución indispensable? Según la Encuesta Mundial de Valores 2008[3], —la de mayor reconocimiento académico— concluye que la familia es el referente de valor más apreciado y significativo para los ciudadanos, el 89.7% de los 56 países estudiados considera a la familia como el tema más importante de sus vidas.

Actualmente nos encontramos con sociedades marcadas por una creciente pluralidad y complejidad en estructuras familiares. Algunos autores a inicios del siglo XX han propuesto la pérdida de la importancia de la familia y amparándose en premisas evolucionistas la han calificado como institución del pasado, pues para que el proceso de modernización se afirme la familia necesita ser reducida y estar limitada a la esfera privada siendo la Ley de la contracción de Durkheim un reflejo de esta perspectiva.[4]

En esta misma línea el profesor Donati, durante su intervención en el VII Encuentro Mundial de las Familias, se preguntaba si la familia es todavía un recurso para la persona y la sociedad[5] o si se trata más bien de una institución que fue muy importante en el pasado pero que se ha convertido incluso en un obstáculo porque impide la emancipación de los individuos en el advenimiento de una sociedad cada vez más libre, inclusiva, igualitaria y democrática. Existen otros representantes más radicales, como Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, quienes se oponen frontalmente a la institución familiar y hablan de la “necesaria” desestabilidad familiar porque así los niños estarán “preparados” para enfrentar las dificultades de una sociedad moderna y cada vez más compleja.[6]

Se puede apreciar cómo en las sociedades del siglo XXI se vienen incrementado arreglos sociales cada vez más comunes, con mayor aceptación y con un fuerte impacto —por cierto nada positivo— para la vida de las personas y el bienestar de las sociedades; estamos hablando, por ejemplo, de parejas que cohabitan sin ningún tipo de compromiso y de modo privado sin reconocimiento jurídico, familias desintegradas por el divorcio donde la propia separación genera distancia y el progresivo abandono de la responsabilidad paterna (situación que se agrava con las nuevas nupcias de los padres), nuevas uniones donde uno o ambos miembros ya vienen con hijos de matrimonios o uniones previos, familias con un solo padre biológico o matrimonios que desde sus inicios se han negado a toda posibilidad procreadora, entre otras situaciones que forman parte del variado menú social que nos muestra la sociedad del III Milenio.

El panorama descrito, ha convertido a la institución familiar en un objeto muy interesante de estudio pues no pocos nos hemos preguntado si la familia es realmente tan importante como parece. Ya son numerosas las investigaciones académicas[7] que vienen demostrando los efectos de esta nueva ola de tendencias socio-demográficas que ha generado estilos de vida y patrones de comportamiento con un enorme impacto cultural, lo cierto es que la desestructuración de la familia no ha mejorado para nada las condiciones y bienestar de la persona humana sino, todo lo contrario, las han empeorado significativamente y las repercusiones en los diversos ámbitos de la sociedad son, hoy en día, parte de una compleja realidad.

Las ciencias sociales han aportado innumerables estudios al respecto, hay una fuerte evidencia científica, resultado de serias investigaciones, que demuestran que los niños tienen más posibilidades de desarrollarse cuando son educados por ambos padres biológicos y son capaces de mantener un compromiso estable en el tiempo. Uno de los estudios publicado por The Child Trends concluyó: «las investigaciones demuestran claramente que los niños dan importancia a la estructura familiar, y la estructura familiar que más ayuda a los niños es una familia encabezada por ambos padres biológicos.»[8] Los hijos necesitan una estructura estable, se sabe, por ejemplo, que su rendimiento académico está muy correlacionado con la estructura familiar y esto es fundamental para el desarrollo del niño y la adquisición del capital humano del cual se beneficia toda la sociedad.

Años atrás, la familia era una institución consolidada, estadísticamente fuerte, económicamente importante y socialmente relevante para las naciones; las funciones de la llamada célula fundamental de la sociedad eran vitales para la sobrevivencia de la estructura social. Hoy los conceptos de matrimonio y familia han sido desvalorados y tergiversados por gran parte de la sociedad, los matrimonios ya no son para siempre, son quebrantables, los hijos pasaron de ser frutos del amor a solamente una opción por conveniencia, las parejas prefieren uniones libres sin compromiso y, como consecuencia directa, los niños crecen cada vez más en hogares monoparentales o desintegrados.

La evidencia empírica es contundente, los efectos de estas tendencias socio demográficas son lamentables para la persona, el matrimonio, la familia y la sociedad. Muchos estudios demuestran contundentemente que familia ha sido, es y seguirá siendo el corazón de la cultura y la única posibilidad de lograr una verdadera civilización del amor, cuando el corazón está enfermo el cuerpo en su totalidad se resiente, cae y enferma inevitablemente. La importancia de la familia no radica en su utilidad porque sus miembros no son objetos sino personas, la familia es por tanto un bien en sí misma y sólo cuando sea comprendida, valorada y atendida por lo que es, cosecharemos los buenos y abundantes frutos que todos esperamos.

[1] Naciones Unidas, “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, consultado en Diciembre 5, 2013, http://www.un.org/es/documents/udhr/.

[2] Fernando Pliego, Familias y bienestar en sociedades democráticas: El debate cultural del siglo XXI (México: Miguel Angel Porrúa, 2012), 25.

[3] The World Values Survey, “Encuesta Mundial de Valores”, consultado en Diciembre 5, 2013,

http://www.worldvaluessurvey.org/.

[4] Juan Manuel Burgos, Diagnóstico sobre la Familia (Madrid: Palabra, 2004), 50-62.

[5] Pierpaolo Donati, “La famiglia risorsa della societa”, Familia et Vita, Nro 2-3 (2012): 35.

[6] Bradford Wilcox, El matrimonio importa: veintiséis conclusiones de las ciencias sociales (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2006), 5.

[7] Ver por ejemplo: Fernando Pliego, Familias y bienestar en sociedades democráticas: El debate cultural del siglo XXI (México: Miguel Angel Porrúa, 2012), 25. Bradford Wilcox, El matrimonio importa: veintiséis conclusiones de las ciencias sociales (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2006). Bradford Wilcow y Carlos Cavallé, El Dividendo Demográfico Sostenible ¿Qué tiene que ver el matrimonio y la fecundidad con la Economía? (Estados Unidos: Social Trends Institute, 2011).

[8] Kristin Anderson, Susan Jekielek y Carol Emig,”Marriage from a Child’s Perspective”, Research Brief, June (2002):6.