La música como instrumento de análisis histórico

La música como instrumento de análisis histórico

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Augusto veraDr. Augusto Vera Béjar – Director Titular de la Orquesta Filarmónica Juvenil de la UCSP

No son pocos los músicos que aparte de practicar su arte favorito desean ingresar en el campo de la investigación. Muy pronto se dan cuenta de que investigar los hechos musicales ha presentado, desde siempre, dificultades insalvables que no son comunes a los otros campos humanos de creación artística. En efecto, artes como la pintura, escultura o arquitectura pueden ser estudiadas y analizadas con facilidad debido a que sus creaciones están presentes para que las podamos ver, tocar y analizar. Estas formas de hacer arte se desarrollan en el espacio y siempre dejan vestigios de sus características. En cambio, la música se desarrolla en el tiempo y una vez creada o ejecutada desaparece para siempre, muchas veces sin dejar rastro de su existencia.

Esas realidades me permitieron darle una palmadita cariñosa a la Venus de Milo en mi visita al museo del Louvre y emocionarme al conocer una vivienda romana perfectamente conservada en un museo alemán. De esa manera pude saber cómo era la escultura en la antigua Grecia y la arquitectura en el antiguo imperio romano.

Con la música es distinto. Sabemos que en el antiguo Egipto la música se desarrollaba en la corte del faraón y que era tarea exclusiva de la clase sacerdotal que guardaba celosamente los secretos musicales. Sabemos, observando las pinturas funerarias, que tenían instrumentos de cuerda, de viento y de percusión (cordófonos, aerófonos, membranófonos e idiófonos) y sabemos, por informes posteriores de los griegos, algo de la cantidad de sonidos que poseían. Sin embargo, todo ello no nos lleva al conocimiento más importante: saber cómo sonaba la música egipcia.

Los griegos eran maestros del arte musical. Escribieron tratados sobre musicología y relataron la forma en que se hacía la música. Tenían teatros, presentaban tragedias musicales con orquestas y coros, cuyos textos existen. Utilizaban diversos y completos instrumentos musicales, pero con ellos y sus orquestas moría la música una vez que era interpretada. Pese a la existencia de esos instrumentos y textos no se puede estudiar su música pues nunca se sabrá como sonaba.

Un hito importante para el conocimiento de la música y su estudio se dio alrededor del año 1000 de nuestra era cuando el monje italiano Guido D’Arezzo perfeccionó el incipiente código musical, creó el pentagrama y dio nombre a las siete notas musicales conocidas tomando como base las primeras sílabas de los versos de un himno en latín dedicado a San Juan:

Ut queant laxis/ Resonare fibris/ Mifa gestorum/ Famuli tuorum/ Solve poluti/ Labi reatum/ Sancte Iohannes´

Desde entonces la música se escribe y las partituras son valiosos documentos para conocerla e investigarla, aunque pasarán todavía muchos años para que el sonido se pueda “capturar” y conservar para lograr la exactitud de su estudio.

Otros visionarios pensaron en el futuro y dejaron testimonio completo de la música de su tiempo. Eso hizo Michael Praetorius en la Alemania del siglo XVI, quien en su monumental obra Syntagma Musicum, dejó constancia de la música de la época renacentista, de la forma en que se ejecutaba y de los instrumentos que se usaban de los cuales dejó testimonio mediante dibujos y medidas exactas. Como si fuera poco, dejó en su libro valiosas partituras e indicaciones de cómo se alternaban en su ejecución las diversas familias de instrumentos de su época.

La música del barroco y de la época clásica son, prácticamente, historia reciente. La invención del fonógrafo, ocurrida alrededor de 1870 permitió entonces, y en los años siguientes, “capturar” el sonido de tal manera que siempre se sabrá como sonaba la música en el momento en ser capturada. Paralelamente, el código musical ha seguido perfeccionándose de tal manera que también resulta una gran herramienta para la investigación.

Pero hoy los problemas son de otro tipo. Quienes promueven y facilitan la investigación en el mundo tienen fijada su atención generalmente en el campo de las llamadas ciencias duras. Difícilmente se encuentra hoy en día un “call for papers” que se dirija al campo musical. Los organismos peruanos de promoción siguen el mismo camino y aunque el campo de las humanidades no deja de estar presente, la música no tiene, en la práctica, ningún lugar.

Por todas estas razones los músicos prefieren investigar por su cuenta y publicar sus resultados no siempre en revistas indexadas, donde la selección y la lista de espera puede hacer simplemente inútil el esfuerzo, sino en verdaderos libros para lo cual deben conseguir instituciones interesadas en la cultura que los publiquen. Esas instituciones existen aunque no son muchas. La Universidad Católica San Pablo ( UCSP ) las encabeza. En los últimos años ha publicado hasta dos obras de investigadores arequipeños dedicados a la música. Es una gran forma de superar la orfandad que padece la investigación musical.