Los nuevos retos para las mamás

Los nuevos retos para las mamás

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Mg. Jorge Pacheco TejadaPor: Mgtr. Jorge Pacheco Tejada, director de la Escuela Profesional de Educación de la Universidad Católica San Pablo

 Más allá del despliegue publicitario por el día de la madre, propio de una sociedad de consumo, debemos reflexionar sobre lo que significa ser mamá en los tiempos modernos. Para esta reflexión quiero servirme de un artículo escrito por Griselda Cardoso y publicado por Margarita Barrón en su libro “Inequidad socio-cultural. Riesgo y Resiliencia”.

Griselda Cardoso parte del concepto de que “la familia ha sido considerada desde siempre la célula básica de la sociedad y el elemento fundamental en el desarrollo de la personalidad y en el proceso de socialización de los hijos. Esto significa que una de las funciones primordiales de la familia ha sido la de ser un elemento esencial en la transmisión de la cultura al aportar a sus descendientes aquellos valores que la cultura propone en cada época y lugar. De esta manera la familia asegura el sentido de pertenencia e identidad a los hijos”.

Hoy, la primera constatación que debemos hacer, al hablar de familia, es que el término familia, antes aludía a una estructura estable, claramente reconocible, suficientemente inmutable, con roles fijos e indiscutibles.

Actualmente podemos decir que no existe un solo “modelo” de familia y que, como toda institución universal, posee estructuras, funciones y normas muy distintas en cada cultura y en cada momento. Es por esa razón que la niñez y la adolescencia atraviesan una serie de transformaciones que implican profundos cambios, producto de las transformaciones en la familia. Los padres se ven involucrados en este proceso de cambios que conduce a sus hijos adolescentes a un replanteo de su propia vida.

Se visualiza pues, una doble crisis: la de los hijos y la de los padres. Esta doble crisis plantea un cambio en la estructura familiar, surgen nuevas identidades, se crean nuevas necesidades, se requiere normas distintas para el adecuado funcionamiento de la familia moderna.

Por ello nos daremos cuenta que en los últimos años, las transformaciones ocurridas en las distintas dimensiones de la trama sociocultural nos permiten asistir a lo que semeja un quiebre del modelo familiar, hasta hace unos años reconocido, como aquel sostenedor de la moral que se caracterizaba esencialmente por ser una organización nuclear formada en base a modelos patriarcales, en donde el padre conservaba el poder racional y económico y la madre el poder de los afectos, en donde ambos se instituían como los principales hacedores de los modelos identificatorios de los hijos.

Actualmente se rompe con la imagen de familia nuclear dando lugar a una nueva conformación que se verá reflejada en las siguientes características:

  • Cierto debilitamiento del lazo familiar. Los padres pierden su rol de educadores, y de figuras de identificación únicas para sus hijos, pasando esta tarea a ser parte de otras instituciones (escuela-club, etc.). Con esta trasferencia de funciones, el sentimiento de familia como institución que permanece a lo largo del tiempo, se desvanece.
  • Se exacerba el individualismo y el hedonismo, puesto de manifiesto en la posibilidad de tenerlo todo en cuanto a lo material, lo que conduce a una saturación del deseo y una sensación de vacío en los jóvenes. Se observa que las nuevas tecnologías representan formas de influencia de enorme potencial, capaces de irrumpir en la vida personal de modo furtivo, modificando las posiciones y valores propios.
  • La familia progresivamente va teniendo menos tiempo para la educación de los hijos: La salida de la mujer del hogar, las tensiones de la vida moderna, los desplazamientos al lugar del trabajo, la incompatibilidad de horarios de los padres entre sí y de éstos con los hijos… suponen problemas añadidos. Difícilmente puede pedírsele a los padres una total responsabilidad educativa durante el periodo de formación.
  • Inestabilidad del vínculo conyugal, dando lugar a un alto índice de divorcios produciendo nuevos tipos de familias uniparentales (conformadas por uno de los padres y sus hijos, generalmente la madre) y ensambladas (nuevos matrimonios que integran los hijos de anteriores matrimonios y los hijos en común).
  • Entra en crisis el “amor maternal”. Lo que lleva a los hijos a expresar un desinterés masivo por los valores de los padres y de sí mismos como continuadores del linaje familiar. Se pierde el interés por el matrimonio y la familia.

Ante esta realidad el interrogante que surge es ¿cuáles son los nuevos retos para la mamá en el mundo de hoy? Las mamás, hoy, si quieren de verdad educar a sus hijos no pueden descuidar los espacios de reflexión acerca de la función de la familia en este devenir. Tienen que incrementar los factores de protección y brindar mejores oportunidades que reduzcan los factores de riesgo a los que están ahora más expuestos sus hijos.

Deben estar atentas para ayudar a descubrir, en este momento evolutivo de sus hijos, los riesgos, tanto físicos como emocionales, implicados en conductas referidas a: sexualidad, adicciones, alimentación, violencia entre otras.

Ayudarles a descubrir la importancia de la familia como un espacio invalorable de promoción de conductas saludables a partir de la transmisión de valores, creencias y actitudes como factores de protección.

La tarea sigue siendo, como siempre, muy grande. El rol de la madre siempre ha sido y será fundamental en la formación de los hijos.

Creemos que a partir del análisis de esta realidad conseguiremos llegar a valorar cada vez más su rol irreemplazable en el proceso de transmisión de la vida y el proceso de maduración de la personalidad de los hijos. Por ello nuestro homenaje a las madres por esta función social insustituible. Que Dios las bendiga y les dé el coraje de asumir, con renovado amor, su tarea educadora.