Necesitamos la presencia del papá en la familia

Necesitamos la presencia del papá en la familia

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Mg. Jorge Pacheco Tejada

Por: Jorge Pacheco Tejada – Director de la Escuela Profesional de Educación de la Universidad Católica San Pablo

La ocasión de celebrar en el Perú, este domingo, el Día del Padre, me permite reflexionar con ustedes la figura del padre en la familia. Lo haré inspirándome en algunos discursos y homilías del papa Francisco que recogen Paula Depalma y Herminio Otero en su libro “Queridas Familias”.

PADRE es una palabra conocida por todos, una palabra universal que indica una relación fundamental entre el progenitor y su prole, por lo tanto esta relación es tan antigua como la historia del ser humano.

Hoy sin embargo se ha llegado a afirmar que nuestra sociedad es una “sociedad sin padres”. Especialmente en la cultura occidental, la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida. El problema de nuestros días no parece ser ya tanto la presencia entrometida de los padres, sino más bien la AUSENCIA, el hecho de no estar presentes.

La orfandad de muchos hijos tiene varios matices:

Huérfanos que conviven con sus papás, pero cuyos padres están algunas veces tan concentrados en sí mismos, en sus trabajos y a veces en sus propias realizaciones individuales, que olvidan a la familia. Y dejan solos a los pequeños y a los jóvenes, quienes se sienten realmente huérfanos de padre. Si preguntáramos a este tipo de papás: ¿Juegas con tus hijos? … seguramente nos dirían: “Es que no puedo, tengo mucho trabajo”. Es pues el  padre que no tiene tiempo, no puede perder el tiempo con sus hijos… está ausente para ese hijo que crece en soledad, en orfandad, sobre todo porque, cuando están, no se comportan como padres, no dialogan con sus hijos, no cumplen con su tarea educativa, no dan a los hijos, con su ejemplo acompañado de las palabras, los principios, los valores, las reglas de vida que necesitan tanto como el pan. La calidad educativa de la presencia paterna es mucho más necesaria cuando el papá se ve obligado por el trabajo a estar lejos de casa.

Huérfanos con padres vivos, pero que no actúan como padres: A veces parece que los padres no saben muy bien cuál es el sitio que ocupan en la familia y ya no están dispuestos a educar a sus hijos, y entonces se retiran, se distancian, se abstienen y descuidan sus responsabilidades, tal vez refugiándose en una cierta relación “de igual a igual” con sus hijos. Es verdad que debe ser compañero de su hijo, pero sin olvidar su rol de padre, si se comporta sólo como un compañero de su hijo, esa relación no le hará bien a él. La responsabilidad paternal no podemos descuidarla ni ejercerla mal.  Si perdemos el ejercicio de la paternidad, los hijos se quedan huérfanos no sólo del padre sino huérfanos de caminos seguros que recorrer, huérfanos de ideales, huérfanos de valores y de esperanzas que los sostengan cada día.

Huérfanos con padres vivos, pero que no viven con ellos, Debemos estar muy  atentos a esta realidad. La ausencia de la figura paterna en la vida de los pequeños y de los jóvenes produce algunas heridas que pueden ser incluso muy graves. Y, el efecto, las desviaciones de los niños y adolescentes, pueden darse, en buena parte, por esta ausencia, por la carencia de ejemplos y de guías autorizados en su vida de todos los días, por la carencia de cercanía, la carencia de amor por parte de los padres. El sentimiento de orfandad que viven hoy muchos jóvenes es más profundo de lo  que pensamos.

Es en esta perspectiva que, en fechas como éstas en que recordamos la figura paterna, tiene un sentido muy claro esa frase del evangelio de  san Juan “No os dejaré huérfanos”. Un padre presente, es al igual que el Padre Dios, CAMINO que recorrer. MAESTRO que escuchar.

Es bueno fijarnos en el peligro del padre ausente, porque nos permite  reconocer la importancia de la figura paterna. ¡Cada familia necesita del padre¡ Pero esta no es la mirada total de la realidad. Felizmente podemos hablar no sólo del padre ausente, sino de la PRESENCIA del padre, que pone de relieve la belleza de la paternidad.

No hay sentimiento más bello que el orgullo y la emoción de un padre que reconoce  haber transmitido al hijo lo que importa de verdad en la vida, o sea, un corazón sabio. En una oportunidad escribió el Papa Francisco que un padre sabio, un padre maduro, un padre que sabe estar presente podrá decir:

         “Seré feliz cada vez que te vea actuar con sabiduría, y me emocionaré cada vez que te escuche hablar con rectitud. Esto es lo que quise dejarte, para que se convirtiera en algo tuyo: el hábito de sentir y obrar, hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que pudieras ser así, te enseñé lo que no sabías, corregí errores que no veías. Te hice sentir un afecto profundo y al mismo tiempo discreto, que tal vez no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te di un testimonio de rigor y firmeza que tal vez no comprendías, cuando hubieses querido sólo complicidad y protección. Yo mismo, en primer lugar, tuve que ponerme a prueba de la sabiduría del corazón, y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para cargar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora, cuando veo que tú tratas de ser así con tus hijos, y con todos, me emociono. Soy feliz de ser tu padre”.

Realmente estas palabras son hermosas, por su profundidad y contenido. Un padre sabe bien lo que cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. Pero cuánto consuelo y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honor a esta herencia. Pero, para que un padre de familia pueda dejar esta herencia a sus hijos necesita cumplir cuatro tareas:

La primera tarea es que el padre esté presente en la familia. Que sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas, para que juntos puedan educar a los hijos.

La segunda tarea es que  sea cercano a los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando están felices y cuando están angustiados, cuando están habladores, comunicativos y cuando están cabizbajos y meditabundos, cuando se arriesgan y cuando tienen miedo, cuando se equivocan y cuando se enmiendan, cuando se desvían y cuando retoman el camino; padre presente siempre. Decir presente no es lo mismo que decir controlador. Los padres controladores anulan a sus hijos, no los dejan crecer.

La tercera tarea es que sea paciente frente al hijo descarriado: Todos conocemos la extraordinaria parábola del hijo pródigo, que muestra al padre misericordioso que espera contra toda esperanza. Debemos ser pacientes. Muchas veces no hay otra cosa que hacer sino esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad y misericordia. No hay espacio para el rencor, la ira, ni el rechazo. Un buen padre sabe esperar y  perdonar desde el fondo del corazón, siempre.

La cuarta tarea es que sea firme en la corrección: Corregir con firmeza, significa que no es un padre débil, complaciente, sentimental. Sabe corregir sin humillar.

Los maestros, desde la escuela estamos comprometidos en apoyar y orientar la presencia buena y generosa de los padres de familia porque poco haremos en nuestra labor educadora si no contamos con la acción educativa de la familia. La familia es insustituible en la formación de la fe, de la bondad y de la justicia.

La palabra PADRE, más que ninguna otra palabra debe tener un significado especial para los cristianos, porque es el nombre con el cual Jesús nos enseñó a llamar a Dios. Desde ese momento esa palabra cobra un significado muy especial. Ojalá nunca falte en las familias la presencia de un buen padre, que sea el verdadero reflejo del Padre Dios.