¿Se debe alentar la competitividad?

¿Se debe alentar la competitividad?

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Imagen: dehijosypadres.com.

Mg. Jorge Pacheco TejadaPor: Dr. Jorge Pacheco Tejada, director del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo

Muchos piensan que el término competitividad es propio del mundo empresarial y que no corresponde aplicar este concepto al mundo escolar. Y que en vez de incentivar la competitividad debemos incentivar la colaboración.

La competencia está de moda en el mundo laboral. Ser competente, es ser capaz de realizar ciertas tareas con calidad y eficiencia, demostrando habilidad. Esta acepción también se aplica al mundo escolar. Los maestros motivamos a los alumnos a que logren determinadas competencias y que lo hagan demostrando rapidez, perfección en las tareas escolares.

La segunda acepción hace referencia a competir, es decir, a compararse en los resultados disputar, rivalizar, luchar. En términos generales el ser humano por naturaleza tiende a compararse. El que esté bien o mal esta actitud depende del qué, del cómo, del con quién.

Todos, de una manera u otra, aceptamos como positivo el tener un espíritu de superación personal. Lo cual implica hacer las cosas cada vez mejor. Esto implica compararse con uno mismo, lo cual es una fuente de estímulo para el progreso personal, sin esta inquietud de mejora, no se motiva el progreso y se propiciaría el estancamiento o el retroceso.

Jaume Sarramona i López, en su libro “la educación en la familia y la escuela” dice: “La educación ha de fomentar, sin ningún tipo de reparos, la superación constante de las propias limitaciones, porque el que no avanza, retrocede…”. En alguna escuela esta perspectiva se olvida, en aras de no provocar una excesiva presión sobre los niños que les fuera perjudicial. Las consecuencias son el predominio de la mediocridad generalizada, bajo la justificación de que los niños ‘ya no dan más de sí’. Deberíamos revisar estas ideas”.

Toda exageración es mala. No se debe llevar al extremo la competición con uno mismo, al punto de ser fuente excesiva de insatisfacción que lleve a la angustia, a la obsesión por el perfeccionamiento, a la neurosis, eso es causa de infelicidad personal. Educar a los hijos adecuadamente es hacer que perciban que la vida es siempre una sana tensión en búsqueda de equilibrios. Ni un extremo ni otro.

La acepción de compararse se torna aún más polémica cuando se refiere a la comparación con los demás. Sería muy fácil decir que esta dimensión no es compatible con los fines de la educación actual que centra su atención en el trabajo colaborativo, la ayuda mutua, el trabajo en equipo; pero lo cierto es que nadie podrá negar que la competición con los demás es consustancial con la naturaleza humana. Saber ganar y saber perder, es también formativo, porque en la dinámica de la vida unas veces ganamos y otras perdemos.

El futuro de nuestros hijos depende, en gran medida de que sean capaces de lograr las cosas bien hechas, con innovación y afán de progreso. Esto debe fomentar el valor de la colaboración, del trabajo en equipo, de la ayuda mutua. Lo que sí se excluye como objetivo educativo es competir por competir, el buscar vencer al otro como sea.