Educar en el trabajo dignifica a la persona

Educar en el trabajo dignifica a la persona

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Foto: Exabeta

Mg. Jorge Pacheco Tejada

Por: Mg. Jorge Pacheco Tejada – Director de la Escuela Profesional de Educación de la Universidad Católica San Pablo 

Dos son las finalidades de la educación: Perfeccionar al hombre para que tenga una vida digna y prepararlo para que sirva a su pueblo. Esta doble dimensionalidad de la educación puede decirse de muchas maneras, pero, en el fondo, es lo que todos los pueblos a lo largo de todos los tiempos buscan con la educación.

Es también el anhelo de todo padre de familia: lograr que sus hijos se realicen y lleguen a ser personas de bien. En el fondo, si queremos prepararlos para que sirvan a su pueblo, para que lleguen a ser personas de bien, hay que enseñarles a trabajar. Hay que prepararlos para el mundo del trabajo. Esta es una tarea que no puede descuidar la formación formal que se da en la escuela, ni tampoco la educación que se da en la familia.

En un mensaje difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, que el Papa Francisco envía a los participantes en la 48ª Semana Social de los Católicos Italianos (Cagliari, 26-29 octubre de 2017), el Papa dice: “Quiero desearles que sean una “levadura para la sociedad”. Para ser levadura, es decir, para influir de manera positiva en la sociedad cuentan dos cosas: lo que logremos ser como personas y lo que seamos capaces de hacer en favor de los demás.

Toda persona al nacer recibe talentos. Estos talentos tienen que ir desarrollándolos a lo largo de su vida, sobretodo en la etapa formativa. Ese es el rol de la educación. Los talentos recibidos podemos leerlos como dones y habilidades para dedicarlos al mundo laboral a fin de construir comunidades, comunidades solidarias y para ayudar a quien atraviesa por dificultades.

Lo primero que debe aprender un alumno es que sin trabajo no hay dignidad.  A este respecto dice el Papa Francisco: “No todos los trabajos son trabajos dignos. Hay trabajos que humillan la dignidad de las personas, los que alimentan las guerras con la construcción de armas, los que rebajan el valor del cuerpo con el tráfico sexual y la explotación de los niños. También ofenden la dignidad del trabajador, el trabajo gestionado por la contratación ilegal, los trabajos que discriminan a las mujeres y no incluyen a aquellos que tienen una discapacidad.Desde esta perspectiva, el trabajo precario es una herida abierta para muchos trabajadores, que viven con el temor de perder sus trabajos”.

Por lo tanto, es necesario defender y promover el trabajo digno. Con la encíclica Rerum Novarum (1891) del Papa León XIII, nacía la Doctrina Social de la Iglesia para defender a los trabajadores de la explotación, para combatir el trabajo infantil, las jornadas de trabajo de 12 horas, las condiciones higiénicas insuficientes de las fábricas.

En este sentido, educar para el trabajo es inculcar a los alumnos, desde pequeños, que “El trabajo que queremos debe ser libre, creativo, participativo, solidario y sobre todo digno”. Educar para el trabajo implica enseñar dos cosas: servir a las personas que lo necesitan y formar comunidades donde la comunión prevalezca sobre la competición.

Servimos a las personas cuando llegamos a ser “levadura” para la sociedad. Cuando buscamos el bien común, el cuidado de la casa común, a menudo desfigurada por un modelo de desarrollo que ha producido una deuda ecológica grave. Cuando enseñamos a nuestros alumnos que la innovación tecnológica debe estar guiada por la conciencia y los principios de subsidiariedad y solidaridad. Cuando inculcamos en nuestros alumnos la actitud de estar al servicio de la persona y de sus necesidades humanas.