¡SOMOS LIBRES! Tarea pendiente para la educación peruana

¡SOMOS LIBRES! Tarea pendiente para la educación peruana

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Mg. Jorge Pacheco TejadaPor: Jorge Pacheco Tejada – Director de la Escuela Profesional de Educación de la Universidad Católica San Pablo 

En vísperas de celebrar nuestro aniversario patrio y a solo 4 años del bicentenario de la Independencia Nacional, vivimos circunstancias dolorosas por las crecientes fracturas sociales, que, teniendo su origen en nuestra propia historia nacional, generan una seria desorientación y mal ejemplo para nuestros jóvenes.

Las noticias que llenan el espacio informativo dan cuenta de las constantes acusaciones de corrupción de nuestros dirigentes. Personas que buscando sus beneficios personales perjudican la sociedad y amenazan la confianza de nuestro pueblo frente a la política y a las iniciativas de carácter social.

Nuestros alumnos, a veces sin entender del todo la situación, empiezan a ser testigos de cómo el entorno social ataca sistemáticamente la dignidad humana. El Papa Juan Pablo II dijo que dichos males no tienen un origen abstracto en “la sociedad”, sino por el contrario, tienen un punto concreto de partida: el interior roto de la persona humana, su actuar y sus decisiones en concreto.

Esta realidad dolorosa que experimentan nuestros hijos tenemos que orientarla y explicarla para que la entiendan y la transformen. Lo primero que deben entender es que el origen de todos los males está en el hombre mismo, en su corazón, en su conciencia.

Deben aprender, desde temprana edad, a establecer y distinguir los límites entre el bien y el mal para sí mismos. No debemos permitir que la falta de conciencia ética sea  su fuente inspiradora y modelo de vida[1], porque los alejan cada vez más de lo auténticamente humano.

Desde la escuela también estamos llamados los maestros a valorar estas tres palabras: Tierra Techo y Trabajo’ para una vida digna.  Efectivamente la dignidad de la persona está muy unida a estas tres realidades que expresan esta experiencia fundamental para el ser humano que es la de sentirse arraigado en el mundo, en una familia, en la sociedad.

Debemos ser conscientes que esta realidad que vive el Perú a cuatro años del bicentenario de la proclamación de la Independencia Nacional, afecta la vida misma de los jóvenes. Afecta su personalidad, su modo de ver el mundo, el modo como se aproximan a su familia, a la autoridad, a la sociedad y a su misma realización personal.

Se han perdido parámetros y límites, el concepto de libertad se ha distorsionado, y encontramos jóvenes con personalidades temerosas y egoístas, con intereses centrados sobretodo en el placer y con poca capacidad de ser perseverantes en sus propósitos. Para nuestros jóvenes es cada vez más difícil determinar los valores que los orienten hacia dónde dirigir sus esfuerzos y sacrificios de cada día.

La falta de modelos de vida y de pensamiento exige a las familias y a la sociedad testimonios de vida integral. Se necesita profundizar en los principios que animen la propia vida.  El hombre moderno no quiere maestros que le den información, quiere personas involucradas con la realidad, capaces de mostrar con su ciencia y con su vida la verdad a la que sirven.

Esa es nuestra tarea desde la educación en estas circunstancias concretas de celebración nacional. Tenemos la obligación moral de enseñar los valores de libertad y de bien; de compromiso con la causa justa que Dios defiende.

Vivamos de cara a la realidad, pero mostrando el camino a recorrer para hacer de nuestro Perú un Perú libre e independiente.

[1] Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, Roma 1975, #19.