Suba del Impuesto Selectivo al Consumo: La mirada teórica*

Suba del Impuesto Selectivo al Consumo: La mirada teórica*

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Foto: El Comercio.

german-chavezPor: Dr. Germán Chávez Contreras, rector de la Universidad Católica San Pabloeconomista y doctor en Ciencias Sociales.

Ya conocemos del ajuste al alza de diversos impuestos, en este caso, el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC). Para iniciar el análisis, es preciso entender qué son impuestos. Los impuestos son tributos que se pagan al Estado con la finalidad de que este pueda cubrir sus gastos corrientes y no corrientes (gastos públicos). El pago del impuesto es obligatorio y son sujeto de los mismos, tanto las personas naturales como las personas jurídicas (empresas, organizaciones, instituciones, etc.).

Los impuestos pueden ser directos o indirectos, en función del tipo de riqueza o actividad económica que se grave. Será directo si grava la riqueza de las personas naturales o jurídicas, e indirecto si lo que grava es más bien la actividad económica, en nuestro caso el consumo.

Por otro lado, todos los impuestos son recesivos, pues los directos, al gravar la riqueza de la persona (natural-jurídica), reduce el ingreso disponible que será destinado al consumo (fundamentalmente) y al ahorro. Al reducir el consumo, se contrae la demanda agregada y genera posteriormente una reducción en la producción. En el caso del impuesto indirecto, al incrementar el precio final de los bienes en el mercado, contrae la demanda y la producción, con el mismo efecto recesivo.

Otra consideración teórica de los impuestos es que pueden ser redistributivos (directos), pues reducen la brecha entre los que más tienen y los que menos tienen; mientras que por su lado, los impuestos indirectos son regresivos, pues gravan al contribuyente por igual, independientemente de su riqueza o carencias, exacerbando la diferencia entre los más ricos y los más pobres.

Al ser el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) un impuesto indirecto, este, además de ser recesivo es regresivo, por lo que no tendría un efecto redistributivo. Sin embargo, al estarse gravando productos, cuyo consumo puede considerarse suntuario o innecesario (caso de vehículos nuevos, gaseosas, licores, cigarros, etc.), el impacto regresivo sería mínimo. Esto no ocurriría con el impuesto a la gasolina y diesel, que sí podría tener un impacto al alza en los precios, perjudicando a los más pobres.

Por otro lado, al ser productos no básicos en la canasta del consumidor (salvo los combustibles), el impacto en el incremento de los precios sería mínimo, y la inflación se mantendría dentro del rango meta (1.0% y 3.0%) promedio anual.

Debe entenderse también que en un ajuste de precios, por fundamentos teóricos de la microeconomía, un porcentaje del ajuste lo absorbe el productor o vendedor y no necesariamente se traslada todo el impuesto a precio. Esto ocurriría más en los vehículos nuevos, gaseosas, licores y cigarros, mas no en combustibles, pues al no tener sustitutos, el precio lo asumiría el consumidor casi en su totalidad.

*Artículo publicado en el diario Sin Fronteras, el 18 de mayo de 2018.