Un cántico de júbilo para celebrar la Navidad

Un cántico de júbilo para celebrar la Navidad

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Foto: Campaña navideña "Cajas del Amor", realizada en Ayaviri. Se entregó regalos y víveres a pobladores de escasos recursos económicos.

Padre Gianfranco

 

Por: Padre Gianfranco Castellanos Melzi – Capellán de la Universidad Católica San Pablo

“La pena que la tierra soportaba a causa del pecado, se ha trocado en canto que brota jubiloso, en labios de María pronunciado”. (Himno de adviento, Liturgia de la horas).

“La Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros”. Este es el misterio que celebramos en la Navidad. En Belén, esta Palabra se hace visible a nuestros ojos, mostrado por su madre María, en quien se ha encarnado. Si la Palabra se hace visible, también se hace audible y por lo tanto se hace repetible, como un canto que brota jubiloso. La repiten los seres angélicos proclamando a los humildes pastores de Belén, que escuchando al coro celestial, corren presurosos hacia la cueva, refugio de animales, en la pequeña y pobre aldea de Judá.

Estos pastores, son los primeros en escuchar el eco de la Palabra hecho música que empieza a inundar la tierra con sus notas alegres y llenas de esperanza, pues es la Buena Nueva (Evangelio) para toda la humanidad: “No temáis, – dice el mensajero del cielo – pues les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 10-12). Por lo tanto es un canto de júbilo, de gozo, de victoria, de alegría. Y como no podría ser de otro modo, este canto se hace repetible, compartible, se vuelve viral, diríamos hoy, porque la alegría por sí misma es difusiva. Y tan difusiva que alcanzó al orbe entero. 2017 años después seguimos entonando cantos exultantes de alegría, seguimos compartiendo el don de la Palabra de Dios hecho hombre, del “Dios-con-nosotros”, del Emmanuel.

Esta semana he tenido la experiencia de compartir con los pobres pastores de nuestro pueblo, que a semejanza de los de Belén, cuidan, durmiendo al raso y vigilando por turnos su rebaño de alpacas, en las alturas de la provincia de Melgar, en el departamento de Puno. En el caserío de Sunimarca, estos pastores también han cantado la alegría de la llegada del Salvador. Pintando sus nacimientos de papel, cantando villancicos, compartiendo un poco de panetón. También con sus familias los de Santa Cruz en Ayaviri, los de Tinajani, Quesca, Rosaspata, San Luis y otros pueblos a donde llegamos algunos alumnos, profesores y administrativos de la Universidad Católica San Pablo, no sólo para llevarles regalos, sino para celebrar con ellos el gran canto jubiloso, pronunciado por boca de María hace poco más de XX siglos y que hoy jalona la esperanza de que nuestro mundo puede y va a mejorar, pues Dios no se ha olvidado de nadie. Jesús nace para todos, y para todos es su mensaje de Salvación. ¡Alégrate tú también, canta de júbilo esta noche santa, porque tu Salvador, Cristo el Señor, ha venido a visitarte a ti, se ha hecho hombre por ti!

“El que reza nunca está solo”, nos recordaba el Papa Emérito Benedicto XVI, y menos aún, si esta oración se hace canto. Cantemos juntos villancicos que nos recuerden la alegría de la Navidad. Hagámoslo junto con los más pobres, con nuestros hermanos que esta Noche Buena estarán solos, acordémonos de la familia de Nazaret. Hemos tenido ocasión de hacerlo hace unos días con nuestros hermanos de la calle y también con familias venezolanas que han tenido que salir de su patria y se encuentran alejados de sus seres queridos (también comimos hallacas y pan de jamón, platos típicos navideños en Venezuela), y que ha sido, para todos los que estuvimos, una experiencia muy enriquecedora. Los invito a tener la experiencia de acercarse a los pobres y sencillos, pues Dios quiso identificarse con ellos. Sólo así tocaremos y cantaremos mejor los villancicos. ¡Así tendrá mejor sabor el pavo (y las hallacas también)!

No permitamos que el ruido del mundo acalle el canto de alegría, es más, cantémosle con más fuerza a través de la caridad, la preocupación por el que sufre, del perdón al que nos ha ofendido, de la solidaridad con los más necesitados (y que muchas veces, incluso, están a nuestro lado), como lo hizo el Niño Jesús, que se despojó de su riqueza para enriquecernos con su pobreza, para cambiar la pena que la tierra soportaba en canto jubiloso ¡Feliz Navidad para ti y toda tu familia!

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