Enseñar para trascender, la anónima herencia social de los educadores

Enseñar para trascender, la anónima herencia social de los educadores

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Daniela Galdos Rodríguez, egresada de la Escuela Profesional de Educación de la UCSP, habla sobre su pasión por la enseñanza, su papel como maestra y terapista de lenguaje en la sociedad y el verdadero objetivo de la educación de calidad.

Cuando pensamos en nuestro profesor o profesora favorita recordamos la forma en la que conectó con nuestras mentes y de cómo, de cierta forma, influyó en el tipo de persona que ahora somos. Para Daniela Galdos Rodríguez, esa es la verdadera definición de “educación de calidad”, aquella en la que el docente logra convertirse en un maestro que inspira la mente y el desarrollo de sus alumnos. 

La vocación por enseñar de Daniela despertó con su labor como catequista de primera comunión. Cuenta que esta primera experiencia marcó su visión de la educación con un enfoque altruista y que definió su pasión por calar en la formación de un ser humano que será parte de la sociedad. 

“Para mí, enseñar es trascender. Tal vez no de manera visible, como está de moda ahora, sino como parte de la educación de una persona. Ser docente no solo significa enseñar, sino involucrarse en la vida del estudiante, es la capacidad de generar un vínculo cercano, ser alguien que entiende y que empatiza”, explica. 

EDUCARSE PARA EDUCAR

Egresada del colegio La Salle, Daniela no dudó en postular a la Escuela Profesional de Educación en la Universidad Católica San Pablo (UCSP). “La trayectoria y línea de pensamiento de la universidad hicieron que elija estudiar en la UCSP, ya que era compatible con mi educación familiar, basada en valores, y con mi enfoque humano de la docencia”, comenta. 

“Si bien la universidad me dio muchas herramientas para ser una buena docente, lo más importante fue la influencia de su formación humanística, la cual me brindó la capacidad de generar un pensamiento crítico, discernir, saber qué información tomar en cuenta en un mundo lleno de datos. Los cursos de humanidades ayudan a afianzar las propias ideas y ser capaz de debatirlas. Son herramientas que me han ayudado para desenvolverme cuando comencé a trabajar en Lima, donde saber interactuar con las personas y negociar ideas es clave”. 

Después de culminar su carrera, inicia su trabajo como docente hasta llegar al Nido La Casa Amarilla, experiencia que marcó su forma de trabajar. “En La Casa Amarilla dejé de ser docente y me convertí en maestra. Aprendí a ser la guía que ayuda a despertar y a desarrollar todas las potencialidades que el niño o niña tienen; también, entendí que educar es involucrarse con el entorno cercano del alumno y que trabajar con los padres es clave para lograr buenos resultados”, cuenta. 

Daniela complementó su experiencia con una maestría con especialidad en trastornos del lenguaje y la comunicación en niños y adolescentes en el Centro Peruano de Audición, Lenguaje y Aprendizaje (CPAL), lo que le dio el título de especialista en el área de lenguaje y la oportunidad de emprender con la enseñanza personalizada. 

“El camino de la enseñanza está lleno de aprendizaje. Un profesional que ejerce la docencia debe educarse constantemente y estar al tanto de la innovación que se está generando en el campo de la educación”, recomienda Daniela. 

LA ESENCIA DE LA DOCENCIA

Como en todos los campos profesionales, la educación no está exenta de la influencia de la globalización en las nuevas generaciones. Daniela está consciente de esto y tiene en cuenta los pros y contras de la tecnología en la educación:

“El modelo de enseñanza vertical, en la que el objetivo era solo impartir conocimientos, está desapareciendo. Los avances tecnológicos son beneficiosos para ampliar la investigación en la enseñanza, explorar el campo del neuroanálisis, la psicología y crear nuevos espacios de educación alternativa. Las opciones son amplias, un docente puede desempeñarse en muchos lugares más que en las aulas, como suele pensarse”.

“No podemos negar el impacto de los avances tecnológicos en nuestras vidas, pero tampoco debemos verlos como la cima del saber. La formación de un ser humano depende de muchos más factores y es necesario, hoy más que nunca, recordar la esencia de la docencia. Por más tecnología que desarrollemos, siempre va a ser necesario tener un maestro o maestra en el aula, nada reemplazará la conexión humana de un buen profesor con sus estudiantes y la influencia de nuestro legado educativo en el desarrollo de la sociedad”, culmina.