Ser adolescente en tiempo de pandemia. Riesgos en torno a la salud mental

Ser adolescente en tiempo de pandemia. Riesgos en torno a la salud mental

Ser adolescente en tiempo de pandemia

En marzo del presente año, la OMS declaró públicamente el estado de pandemia por COVID-19, meses después de la aparición de un brote infeccioso viral (SARS-Cov-2) en la ciudad de Wuhan, China. Desde entonces, la mayoría de países ha experimentado el inesperado suceso de miles de muertes por esta causa, que en su conjunto superan el millón a nivel mundial en la actualidad.  Ante ello, se han dispuesto varias estrategias como el distanciamiento social, el uso de mascarillas, el lavado exhaustivo de manos y muchas otras para detener su avance, pero con limitado éxito. Simultáneamente, algunos países líderes en investigación agotan esfuerzos en el diseño de una vacuna que prevenga la infección, sin obtener resultados concretos aún. (1)

 

La situación anteriormente descrita, acarreó un grave impacto laboral, económico y sanitario. Muchos países asistieron al colapso de sus sistemas de salud, especialmente aquellos de medianos y bajos ingresos. Los estragos en el plano de la salud mental tampoco se hicieron esperar, evidenciándose la aparición de alteraciones, que en algunos casos se tornaron permanentes. J. Huarcaya señala que durante la pandemia aparecieron principalmente: reacciones al estrés, depresión y ansiedad por la salud en la población en general (2).

Sin embargo, en este último aspecto, no todos han sufrido el alcance del daño de la misma manera. Se han podido registrar algunos grupos con mayor vulnerabilidad, dentro de los cuales el personal sanitario que afronta el manejo de pacientes COVID- 19 en la llamada primera línea es el que más ha aquejado la presencia de trastornos mentales. Ansiedad, depresión, estrés agudo y postraumático, así como diversidad de malestares emocionales como frustración, negación, insomnio, sentimientos de culpa, son comunes. Los primeros estudios al respecto fueron realizados en China donde emergió el problema, los cuales reportan ansiedad en cifras mayores al 30% a mediados del mes de abril. (3) Una situación semejante ha sido la vivida por las personas con antecedentes psiquiátricos, en quienes el estrés, el estigma y la privación al acceso a atención médica ha repercutido en la continuidad de su tratamiento y bienestar.

 

En relación a los grupos etarios afectados, los extremos de la vida resultan muy perjudicados. Los adultos mayores han tenido que aceptar el mayor riesgo a contagiarse y desarrollar formas severas por COVID-19, situación ampliamente difundida por los medios de comunicación con la consecuente precipitación de cuadros de ansiedad. Aunado a ello, resaltan: la disminución en su capacidad de adaptación ante situaciones tan demandantes y sin precedentes como la vivida, la brecha tecnológica que los ha mantenido incomunicados en algunos casos, pero sobretodo, la situación de soledad e interrupción de sus vínculos afectivos producto del confinamiento.

De forma similar, los niños tuvieron situaciones duras con las que lidiar, especialmente en el ámbito educativo, dado que la integridad de la actividad académica se trasladó a la vía virtual y con ello el cese de espacios de intercambio personal, social y lúdico. El aumento de horas de convivencia familiar, en algunos casos aumentó tristemente el maltrato e incluso abuso infantil. (4)

 

Un estudio realizado en Europa, registró la información de casi 1200 padres españoles e italianos acerca de sus hijos entre 3 a 18 años, encontrando en orden decreciente los siguientes cambios conductuales y emocionales: falta de concentración, aburrimiento, irritabilidad, ansiedad, soledad, preocupaciones, beligerancia, tristeza, miedo a contraer COVID-19 y desórdenes alimenticios y del sueño. Estos síntomas se encontraron en rangos del 20 al 70%.(5)

 

Sin embargo, hay un grupo de personas en quienes los efectos de la pandemia serán contundentes, deletéreos y probablemente perecederos, dadas las características evolutivas intrínsecas: Los adolescentes. Sin duda para ellos, el impacto de la pandemia será un sello definitivo. No sólo les ha arrebatado graduaciones, excursiones, fiestas, enamoramientos, torneos deportivos, presentaciones artísticas, sino que también invadirá aspectos relevantes del desarrollo, con énfasis en la construcción de su personalidad y posiblemente los exponga a riesgos que no estamos calculando apropiadamente.

 

Para comprender lo mencionado, es pertinente recordar que la adolescencia es un momento único en la vida, por su intenso desarrollo biológico, psíquico y social. Básicamente, puede entenderse como la etapa de transición de la infancia al inicio de la vida adulta. En ella deben alcanzarse muchos hitos, como el logro de una identidad propia, un armonioso desarrollo afectivo – psicosexual y una adecuada integración al entorno social. Además, este es un momento decisivo para el descubrimiento de la vocación y proyecto de vida personal. (6)

En el plano cognitivo, la aparición del pensamiento lógico-formal, hará que las nuevas vivencias sobre sí mismo, su corporalidad, la emergente pulsión sexual y visión del mundo, sean procesadas de manera crítica. La propia maduración del pensamiento permite la reflexión y auto monitorización de la conducta, la contrastación con sus pares y la demanda de aceptación de los mismos. Ello de manera natural y necesaria, conduce a la reformulación de valores y confrontación de todo lo vivido y aprendido hasta el momento. Es muy frecuente por eso, apreciar actitudes desafiantes hacia los padres y otras figuras de autoridad como expresión de la necesidad de autoafirmación. (7)

Todos estos aspectos son trascendentales y determinantes. Si bien son puestos en marcha por pautas neurobiológicas y endocrinas, son gravemente influidos por factores ambientales a los que el adolescente es muy sensible. Esto hace imposible entender el desarrollo y configuración de la adolescencia fuera del contexto social.

 

En ese sentido, la “nueva realidad” contraída con la pandemia, vivida de manera globalizada ha brindado un escenario particular para el despliegue juvenil. Son muchos los cambios experimentados en la forma y estilo de vida que han debido ser asumidos por todos, pero de cara a la adolescencia hay tres que deberían ser considerados cruciales en el desarrollo y además potenciales generadores de psicopatología y desestabilización de su salud mental:

  • El confinamiento y con él, la pérdida de espacio de intercambio personal que asegure su validación, entrenamiento de habilidades sociales y la oportunidad de intimidad con otros que le permitirían el conocimiento propio. Si bien la tecnología ha suplido el terreno de lo presencial y personal, no lo hace a cabalidad y además expone por su parte a peligros concretos de no contar con adecuado acompañamiento y supervisión.
  • El estrés derivado de diversas circunstancias propias e indirectas a la pandemia como son: amenazas a la salud, la economía, la independencia, libertad y bienestar. No se puede desestimar el efecto biográfico de la experiencia de la enfermedad y la muerte como acontecimiento adverso y hasta traumático. A nivel neurobiológico, el rol del estrés en la causalidad de psicopatología ha sido ampliamente demostrado en muchas investigaciones, de manera especial si se da en etapas tempranas y de forma continua.
  • No menos importantes son: El cambio de rutinas y hábitos saludables que estructuraban su vida, desplazados por la instauración de otros que comprometen la salud al propiciar el sedentarismo, desorden alimentario, trasgresiones en horarios de sueño, abuso de pantallas e hiperconsumo de redes sociales. Han decrecido la práctica de deportes en equipo, las actividades extracurriculares artísticas y culturales, que de alguna forma eran parte importante las actividades de algunos adolescentes.

 

Estas circunstancias son propicias para el desencadenamiento de trastornos mentales en personas vulnerables desde el punto de vista genético, psíquico y familiar. No olvidemos que hay muchas enfermedades que irrumpen, precisamente en esta etapa de la vida como la esquizofrenia, los trastornos alimentarios (anorexia –  bulimia), trastornos de conducta, el inicio de comportamiento adictivo y sin duda los ya conocidos episodios afectivos (depresión – manía) y de ansiedad; sin dejar de mencionar a los trastornos por déficit atencional, del espectro autista y de discapacidad intelectual que empezaron en la infancia y permanecen en la adolescencia. (5)  Todos ellos requieren en su etiopatogenia la suma de factores de riesgo y sin duda, la pandemia se comporta como un verdadero elemento de adversidad psicosocial, tal como lo mencionara Rutter, décadas atrás, al definir los efectos a largo plazo de estresores tempranos. (8)

 

Existe mucha investigación en curso para determinar específicamente qué aspectos de la pandemia repercuten en la salud mental de los adolescentes. Dentro de las ya publicadas, un estudio en China reveló que los adolescentes destacaron como principales causas del malestar psicológico: la cuarentena prolongada, miedo a contraer la infección, la separación de amigos y maestros de la escuela, la falta de espacio en casa, el aburrimiento, la falta de actividad física y el duelo. (9)

 

Palacio Ortiz J. en un artículo de revisión publicó que la presencia de trastornos mentales en adolescentes ocurría principalmente en aquellos que ya los padecían con anterioridad a la pandemia. Destaca que la mayor repercusión se daba en el espectro autista, básicamente por la interrupción de rutinas y baja capacidad de adaptación. Así mismo, se veían afectados los pacientes portadores de déficit atencional e hiperactividad por la falta de espacios y diversidad de actividades para lidiar con sus síntomas. Los jóvenes con trastornos de conducta desafiante-oposicional o antisociales comprometían seriamente el cumplimiento de las medidas de cuarentena obligatoria, debido a su desobediencia y desprecio por las normas sociales, exponiéndose a riesgo de contagio.  Los pacientes con antecedentes depresivos habían evidenciado mayor tasa de recaída sobre todo ante la presencia de pérdidas familiares ocasionadas por el COVID-19 y otras situaciones de duelo. También se describen otros trastornos como ansiedad de separación y una exacerbación de los síntomas obsesivos compulsivos, especialmente relacionados con contaminación y limpieza. Menciona como factores de protección, el transcurrir la pandemia junto a un adulto estable emocionalmente y como factores de riesgo diversas situaciones producto de la estrecha y continua convivencia familiar, en especial si esta es disfuncional. (10)

 

En vista de la vulnerabilidad de los niños y adolescentes, en nuestro país, el MINSA desde la dirección de Salud Mental elaboró el documento denominado “Guía técnica para el cuidado de la salud mental de la población afectada, familias y comunidad, en el contexto del covid-19”, según Resolución Ministerial N° 186-2020-MINSA. En ella se proponen lineamientos para la atención de adolescentes que padezcan la infección, algún miembro de la familia o que soliciten atención por la aparición de síntomas psicológicos relacionados con la pandemia. Dentro de las recomendaciones está el trato empático, la escucha activa, indicaciones de mantener rutinas y hábitos saludables. (11)

 

La familia juega un rol fundamental en el acompañamiento, trazado de límites, incorporación de valores, fomento de vínculos afectivos sanos y nutritivos. En general, la creación de las condiciones necesarias para que los adolescentes desplieguen con equilibrio todo su potencial, en circunstancias normales, pero especialmente, en las más complejas. El informe de Salud Mental en la Infancia y la Adolescencia en la era del COVID-19: Evidencias y Recomendaciones de las Asociaciones Profesionales de Psiquiatría y Psicología Clínica de España, relata el hallazgo de flexibilidad y resiliencia en las familias encuestadas, señalando que, a pesar de las dificultades, la cuarentena ha significado una oportunidad para mejorar los lazos de proximidad entre sus miembros. (5)

 

El proyecto “Ser Adolescente en el Perú”, iniciativa conjunta de la UNICEF y la PUCP, revela que lo más preocupante para los adolescentes peruanos es no poder concretar un proyecto de ocupación futura. Situación que a la luz de las características de esta pandemia se hace mucho más incierta hoy. Pease y otros investigadores, miembros de esta organización, reflexionan sobre el significado de crecer en contextos de incertidumbre. Precisamente, la generación que fue adolescente durante las décadas 80 y 90, marcadas por el terrorismo y conflicto armado es la que está encargada de educar a los jóvenes hoy, a quienes poco transmite la experiencia de sobreponerse y labrarse un futuro aun en circunstancias extremas. (12)

La situación actual ha visibilizado muchas falencias sociales, con hincapié en el campo de la salud. La nueva realidad ha devastado económicamente a muchas familias, ha enlutado a tantas otras y ha terminado por exponer la precariedad de muchos aspectos humanos. Sin embargo, también ha sido ocasión de cercanía, de manifestaciones de solidaridad, de trabajo arduo y abnegado. Ha sido, sobretodo, ocasión de valoración de la vida. Ayudar a los adolescentes a disponer de modelos eficaces que acrecienten su resiliencia y creatividad para lidiar con la adversidad puede ser también la gran oportunidad que nos ofrece el contexto de la pandemia COVID-19. Definitivamente, una generación que transitará a la vida adulta en un contexto complejo que requiere de una mirada más empática, sensible y constructiva.

 

Referencias

 

(1) World Health Organization. Coronavirus disease (COVID-19) pandemic. Geneva. WHO.2020. https://www.who.int/emergencies/diseases/novel coronavirus-2019.

(2) Huarcaya-Victoria J. Consideraciones sobre la salud mental en la pandemia de COVID-19. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(2):327-34. doi: https://doi. org/10.17843/rpmesp.2020.372.5419 http://dx.doi.org/10.17843/rpmesp.2020.372.5419

(3) Lozano-Vargas A. Impacto de la epidemia del Coronavirus (COVID-19) en la salud mental del personal de salud y población general de China. Rev Perú Neuropsiquiatría. 2020; 83(1):51-56. doi: http://org/10.20453/rnp.v83il.3687.

(4) Organización Panamericana de la Salud. OPS. Protección de la salud mental en situaciones de epidemias.https://www.paho.org/hq/dmdocuments/2009/Pandemia%20de%20influenza%20y%20Salud%20mental%20Esp.pdf

(5) Salud mental en la infancia y la adolescencia en la era del COVID-19: Evidencias y Recomendaciones de las Asociaciones Profesionales de Psiquiatría y Psicología Clínica. https://www.sepypna.com/documentos/2020_InformeCOVID_final.pdf

(6) Almonte C. Montt M.E. Psicopatología Infantil y de la adolescencia. Segunda Edición. Mediterráneo. Santiago.2012.

(7) Kaplan & Sadock. Sinopsis de Psiquiatría. Ciencias del comportamiento/Psiquiatría Clínica. Décimo primera edición. Barcelona. 2015.

(8) Rutter M. La deprivación materna. Ediciones Morata. Madrid. Reedición 1990.

(9) Wang G. Zhang Y. Zhao J. Jiang F. Mitigate the effects of home confinement on children during the COVID-19 outbreak. Lancet 395 pp 945-948. 2020.  http://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30547-X | Medline

(10) Palacio-Ortiz J.D., et al. Trastornos psiquiátricos en los niños y adolescentes en tiempo de la pandemia por COVID-19. Rev Colomb Psiquiat. 2020. https://doi.org/10.1016/j.rcp.2020.05.006.

(11) Guía técnica para el cuidado de la salud mental de la población afectada, familias y comunidad, en el contexto del COVID-19 (R.M. N° 186-2020-MINSA) / Ministerio de Salud. Dirección General de Intervenciones Estratégicas en Salud Pública. Dirección de Salud Mental – Lima 2020.

(12) Pease M., De La Torre-Bueno S., Guillén H., Urbano E., Aranibar C., Rengifo F. Acompañar adolescentes en medio de una pandemia. Visibilizando los retos y necesidades de las y los adolescentes en el contexto COVID-19 en el Perú. Proyecto “Ser adolescente en el Perú” (UNICEF –PUCP).
https://www.unicef.org/peru/media/7901/file/Acompa%C3%B1ar%20adolescentes%20en%20medio%20de%20una%20pandemia.pdf

 

Jéssica Lewis Paredes

Médico Psiquiatra (CMP 36105 – RNE 19255)

Docente de la Escuela de Psicología de la UCSP

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