En esta época tan sumida en la irracionalidad y en la que lo único real es lo que dicta nuestro maravilloso mundo interior, se ha hecho frecuente tildar de fascista a todo lo que tenga unos mínimos visos de orden o reivindique una identidad estable o vaya en contra de la sacratísima voluntad del sujeto; por eso cabe preguntarse ¿Qué