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20 años formando líderes integrales en la región sur del Perú

Foto: Centro de Liderazgo para el Desarrollo UCSP.

 

Por: Mtr. Juan Alonso Sardá Candia

Jefe del Centro de Liderazgo para el Desarrollo de la Universidad Católica San Pablo.

Al cumplirse veinte años del Centro de Liderazgo para el Desarrollo (CLD), la Universidad Católica San Pablo se encuentra ante una evidencia silenciosa pero decisiva: algunas de sus iniciativas no solo complementan la formación académica, sino que custodian el núcleo más alto de su misión universitaria. El CLD pertenece a esta categoría; no por lo que enseña, sino por el tipo de persona que contribuye a formar.

Desde su origen, el CLD ha trabajado allí donde ninguna técnica, sistema o avance tecnológico puede operar de manera sustitutiva: en la configuración interior del sujeto, en el crecimiento de su libertad y en la adquisición de virtudes que perfeccionan a la razón y a la voluntad. En ese sentido, su propuesta no responde a una lógica instrumental, sino a una comprensión profundamente antropológica del liderazgo: liderar no es ejercer influencia, sino desplegar al hombre en orden al bien de otros.

La formación en virtudes (fortaleza, justicia, templanza y, de modo eminente, prudencia) ha sido el eje articulador de esta pedagogía. No como un catálogo moral, sino como un proceso real de crecimiento humano.

La prudencia, entendida como la capacidad de acierto en la acción concreta, ocupa aquí un lugar rector: es la virtud que integra inteligencia, experiencia y libertad, y que permite gobernar sin reducir la realidad a esquemas, datos o procedimientos. A la prudencia la eleva, de modo natural, la humildad (que abre la inteligencia a la verdad y al aprendizaje) y la magnanimidad que orienta la acción hacia fines altos, no meramente funcionales o utilitarios.

El impacto de esta formación se verifica en la vida de los egresados. El verdadero fruto del CLD se hace patente en la vida de sus antiguos alumnos a lo largo del tiempo por el talante moral y la visión que reflejan en los distintos planos de su vida. Hombres y mujeres con sabiduría práctica, con sentido del bien, capaces de sostener decisiones justas incluso cuando estas no son las más fáciles ni las más rentables. Este tipo de liderazgo no se impone; se reconoce.

Entonces, el liderazgo promovido en la San Pablo no se aprende como un contenido ni se adquiere como una competencia transferible, sino que se forja mediante experiencias que comprometen a la persona entera. Esta afirmación remite a una convicción pedagógica central: las virtudes no se programan, se cultivan; no se simulan, se encarnan. Por ello, la metodología vivencial del CLD no es un recurso didáctico entre otros, sino la única vía coherente para una formación que aspire a ser verdaderamente transformadora.

La colaboración con instituciones como la Fuerza Aérea, el Ejército y la Marina de Guerra del Perú, así como el Cuerpo General de Bomberos ha reforzado esta comprensión del liderazgo como ejercicio real del carácter, incorporando exigencia, disciplina y experiencia al límite, elementos que revelan a la persona ante sí misma y la sitúan frente a responsabilidades no delegables.

 

Mtr. Juan Alonso Sardá Candia, jefe del Centro de Liderazgo para el Desarrollo de la Universidad Católica San Pablo. Foto: Centro de Liderazgo para el Desarrollo UCSP.

 

El CLD ante las pretensiones poderosas de la inteligencia artificial

La irrupción de la inteligencia artificial obliga a la universidad a una clarificación radical: distinguir entre lo que pertenece al orden de la información y lo que corresponde al ámbito de la persona. La IA puede procesar datos, identificar patrones y sugerir cursos de acción; pero no puede ejercer prudencia, no puede asumir responsabilidad moral ni puede crecer en virtud.

En este escenario, el Centro de Liderazgo para el Desarrollo aparece no como un área complementaria, sino como un espacio estratégicamente insustituible. Su objeto de formación (el hombre en cuanto libre, perfectible y llamado a crecer irrestrictamente) es precisamente aquello que ninguna tecnología puede replicar ni acelerar. Mientras los sistemas se perfeccionan, el carácter debe formarse; mientras los algoritmos optimizan, la libertad debe educarse.

A veinte años de su creación, este centro no solo celebra una trayectoria consolidada, sino que revela con mayor claridad su vocación: custodiar y promover aquello que hace verdaderamente universitaria a la universidad.

En una época en la que casi todo puede ser automatizado, el CLD recuerda (sin estridencias, pero con profundidad) que el futuro no dependerá solo de inteligencias cada vez más potentes, sino de personas capaces de gobernar su libertad, orientar su acción hacia bienes altos y crecer sin medida en servicio a los demás.

El valor más profundo del CLD no se mide en resultados inmediatos ni en indicadores cuantificables, sino en la calidad humana de quienes egresan y en la fecundidad silenciosa de su acción en los distintos ámbitos de la vida social, profesional y cívica.

Allí donde la técnica alcanza su máximo desarrollo, comienza la misión insustituible del CLD: formar hombres y mujeres capaces de gobernarse a sí mismos y de orientar el desarrollo humano hacia el bien común. En ese umbral decisivo, el Centro de Liderazgo para el Desarrollo se revela como uno de los espacios más estratégicos de la Universidad Católica San Pablo y como una de sus contribuciones más altas y duraderas al futuro.

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